Policiales

Las entraderas bajaron un 70 por ciento en un año en Rosario

En 2016 hubo 300 casos en Rosario y el año pasado cerró con 91. La Fiscalía atribuye la merma a la desarticulación de gavillas con sus jefes hoy detenidos

Lunes 26 de Marzo de 2018

Una familia entera decide esfumarse del barrio donde vivió durante años en las afueras de Rosario tras sufrir una violenta entradera, a pesar de que la persona que los mantuvo cautivos bajo amenazas de muerte fue detenida, condenada, ofreció disculpas y hasta una reparación económica.

Ese giro abrupto en la vida las personas, que evidentemente buscan alejarse del peligro, demuestra las secuelas que deja un robo de esas características. En 2016 se registró un pico preocupante con más de 300 entraderas en distintos barrios pero a la fecha esa cifra muestra una marcada curva descendente, ya que el 2017 cerró con 91 hechos, un 72 por ciento menos.

La merma se atribuye a investigaciones de la Unidad de Investigación y Juicio II de la Fiscalía Regional Rosario, que logró desbaratar a peligrosas bandas que operaban en la ciudad, poner en prisión a sus integrantes y llevarlos a juicios, en los que algunos ya fueron condenados.

Los grupos delictivos que operaron entre 2014 y 2017 en Rosario actuaron sin contemplación. Fueron cruentos con familias enteras, niños, ancianos o mujeres solas. Tenían logística y recursos para moverse e irrumpir con armas de fuego en grupos de cinco, seis miembros. Maniataban y maltrataban a las víctimas al punto de la tortura. Todo con tal de obtener un botín que siempre estaba conformado por dinero y joyas.

Según registros de la Unidad de Investigación y Juicio II, el pico de entraderas denunciadas llegó a 327 hechos en 2016. Frente a ese panorama, además de los reclamos por seguridad en medio de los homicidios la ciudadanía también exigía respuestas por los atracos. "Uno o cien casos, para nosotros siempre significó una preocupación, porque detrás de cada hecho hay gente que la pasa muy mal", contextualizó el fiscal Nicolás Foppiani, a cargo de la unidad que aglutina esa investigaciones.

La problemática sembró preocupación en la población y en las autoridades. Por eso la Unidad de Investigación y Juicio se concentró en realizar un seguimiento meticuloso y paciente de los grupos delictivos, que incluyó tareas de inteligencia, desgrabación de miles de horas de escuchas (otras se realizaron en vivo) y entrecruzamiento de datos. Eso permitió determinar cómo operaban, patrones, nexos entre sus integrantes y características personales.

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Patrones de conducta

Alguno de los robos fueron concretados en días consecutivos, dos o tres, y luego se observaba una pausa de un mes. Después se repetía la secuencia, y así alternadamente. Los fiscales bucearon en esa conducta y advirtieron que los hampones necesitaban tiempo para organizarse. Allí encontraron un dato clave: que además de la pata local, algunos miembros podrían ser foráneos.

En el caso de Los Cerrajeros, que pesquisó la fiscal Viviana O'Connell, ese paso previo le permitió avanzar sobre análisis de comunicaciones, registros y tareas de inteligencia en la calle. En julio de 2016 el entrecruzamiento de la información desembocó en allanamientos en Rosario, La Matanza, Capital Federal y Lomas de Zamora donde fueron detenidos los principales integrantes del grupo.

Lo mismo ocurrió en octubre de 2016 con la banda de Los Palieres, que se pudo desarticular después de un año de investigación. La gavilla concretó unos 30 robos en departamentos del microcentro entre 2015 y 2016. El blanco eran personas solas y mujeres jubiladas. Se intervinieron 11 líneas telefónicas y se el grupo se desmembró luego de 11 allanamientos en Rosario y Mar del Plata.

La bandas de Los Alambres y del Country también corrieron la misma suerte. La primera fue clasificada como temeraria y violentísima y se ganó el nombre porque en vez de precintos o sogas utilizaban alambres para maniatar a las víctimas. Operaban en zona norte. Entre noviembre de 2014 y agosto de 2016 robaron 25 casas.

El ensamble de datos, entrecruzamiento y análisis criminológico también permitió esclarecer otra clase de delitos, como el copamiento a la subcomisaría 13ª de General Lagos y posterior robo a la sucursal del banco Credicoop de esa localidad en mayo de 2015. Por ese caso hay nueve personas a la espera de un juicio y ya se resolvió una condena en juicio abreviado.

Los fiscales parecen haber encontrado en algunos casos la punta de un ovillo que fueron tirando de a poco y con cuidado para no enredarlo. Así, también pudieron identificar a la banda de Los Taxis, que cometía entraderas utilizando como pantalla el servicio público para obtener datos sin despertar sospechas y mantenerse impunes.

Otra gavilla no tan sofisticada conocida como del Correo Argentino también fue desarticulada. Los ladrones se vestían de carteros con uniformes con logos de la empresa, se ganaban la confianza del vecino con la excusa de entregar o retirar una encomienda y luego ingresaban a las viviendas con armas de fuego para robar dinero y objetos de valor.

Un elemento que siempre está presente a la hora de analizar a estos grupos es la supuesta intervención de mano de obra policial —desocupada o activa— que puede actuar como apoyo en las sombras. Pero al menos en estas causas eso quedó descartado. "No encontramos policías involucrados. Queda demostrado porque las bandas se manejaban con handys con frecuencia policial para estar alertas de los patrullajes, lo cual indica que más bien monitoreaban cualquier intervención policial que frustrara los atracos".

El trabajo coordinado con personal de distintas áreas de seguridad (dirección de Análisis Criminal de la Policía de Investigaciones de Santa Fe, Gendarmería Nacional, Policía Metropolitana y Cuerpo de Investigaciones Judiciales del Ministerio Público Fiscal de la ciudad de Buenos Aires) permitió concretar detenciones y secuestrar objetos robados que se utilizaron como pruebas en la audiencias imputativas.

En una análisis de la situación actual, los fiscales Foppiani y O'Connell atribuyeron la reducción de las entraderas a que se logró identificar, detener y llevar a proceso a cabecillas e integrantes de estas asociaciones delictivas que operaban en Rosario.

Las secuelas del miedo

"Son hechos muy violentos que abren todo un abanico de posibilidades respecto a cómo lo asimilan las víctimas. En muchos casos hay niños de por medio, ancianos o familias enteras amenazadas de muerte, maniatadas, que atraviesan situaciones muy angustiantes", describió Foppiani, fiscal a cargo de Investigación y Juicio II y coordinador de las pesquisas.

Para el funcionario, la ostensible baja en las entraderas debe interpretarse en su justa medida. "Sea un hecho o cien, detrás de cada uno hay víctimas con un sufrimiento extremo difícil de superar. Por eso nosotros le damos la misma importancia a los 18 casos registrados este año que a los anteriores", remarcó.

Como ejemplo del desajuste emocional que puede causar en un familia un robo, recordó un caso. "En uno de los primeros hechos que investigamos en 2014 pudimos identificar, detener, juzgar y condenar a uno de los integrantes de la banda que robó una vivienda en las afueras de Rosario. Esa persona, un viejo delincuente, pidió disculpas a las víctimas y hasta ofreció una reparación económica. Pero a pesar de haber notificado a la familia no la pudimos ubicar, se esfumaron. Eso demuestra el miedo y las graves secuelas que deja, sobre todo cuando hay niños o mujeres de por medio".

Aunque en los casos mencionados se llegó a buen puerto con las investigaciones, para Foppiani se podrían obtener mejores resultados si se fortalecen estrategias comunes de trabajo y se asignan recurso de calidad. "No se puede investigar este tipo de robos de modo aislado, fragmentado. Hay que hilvanar los hechos para encontrar el hilo conductor", recalcó Foppiani.


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