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"La metra la llevás en un bolsito, se la pasás a la piba y ella se va caminando"

Esa fue la orden de Brandon Bay a uno de los sicarios que mataron a Brian Sánchez el 28 de mayo en San Lorenzo y que comprometieron a la imputada Yasmín E.

Jueves 25 de Junio de 2020

Brian Sánchez tenía 16 años y pedía monedas en la zona norte de San Lorenzo cuando quedó expuesto a un ataque narco y lo acribillaron desde una moto. El barrio se levantó para expresar su bronca y denunciar el arreglo de policías con vendedores de drogas. Diez días después cayó una banda criminal cuyo líder está preso en Coronda y dos de sus integrantes fueron acusados como los homicidas. A ellos se sumó ahora una chica de 19 años imputada como partícipe. Las escuchas revelaron que ocultó a los sicarios y guardó la ametralladora usada en el atentado.

Yasmín Abilen E. está acusada de integrar la banda de Los Gorditos, una organización que desde la villa Flammarión del sur de Rosario extendió sus alcances al Cordón Industrial, quizás bajo el paraguas de alguna banda narcocriminal más poderosa. La disputa del grupo por el control del narcomenudeo llegó hasta el barrio Norte de San Lorenzo, en el límite con Puerto San Martín. Allí, en la esquina de Mitre y Perú, los ocupantes de una Yamaha YBR azul dispararon 23 tiros de ametralladora a las 17.52 del 28 de mayo.

Tres de esos disparos mataron a Brian Ezequiel "Runi" Sánchez, un chico de 16 años que pedía monedas por bulevar Mitre al 900. Carlos S., de 24 años, quedó malherido y con una fractura en la pierna derecha. Tras ello los atacantes balearon una casa de Díaz Vélez 4152 con 21 disparos al frente. "Nos están matando a los pibitos del barrio. Basta de transeros. Basta de arreglo con la cana", salieron a gritar los vecinos, que se alzaron para pedir justicia, montaron siete cortes de calles y derrumbaron un quiosco de drogas donde tres días antes asesinaron a otro hombre.

La caída

A los diez días fueron detenidos dos policías y diez civiles por integrar una banda criminal. Al jefe de la comisaría 7ª de San Lorenzo y a un sumariante les hallaron cinco armas de fuego cuya posesión no pudieron justificar y los acusaron de brindar pistas falsas a los fiscales para proteger al grupo delictivo. Brandon Bay, de 25 años y preso en Coronda desde 2015, fue imputado como el jefe del grupo en base a escuchas y señalado como el ideólogo de homicidios, robos de vehículos, amenazas, balaceras y venta de drogas.

En el celular que usaba Bay en la cárcel se lo escuchó planear una "revolución" del miedo en el barrio Norte para excluir a bandas antagónicas. El ataque en el que murió "Runi" Sánchez tenía ese propósito. En conversaciones del día previo se registró la febril búsqueda de tiradores, el diseño de los movimientos que debían hacer los atacantes para eludir a las fuerzas de seguridad y la orden directa de tirar sin miramientos: "Con la tarta (por la ametralladora). Prrrrrr en la jeta, en la jeta, en la jeta. Sí, de ahí arriba, sin bajarse", le dice Bay a Claudio "Primo" R., acusado de ser el sicario que un día después ejecutó esa orden con Agustín S. conduciendo la moto.

Una vendedora

En las escuchas quedó plasmado además el rol que el líder le adjudicó a Yasmín. El lunes esa chica fue acusada en los Tribunales de San Lorenzo por ocultar a los dos sicarios el día previo en su casa de la calle Costanera de esa ciudad. Y de recibir luego, para esconderla, la ametralladora que usaron en los ataques. Por eso el fiscal Matías Edery le imputó ser partícipe primaria de un homicidio agravado por el uso de arma y calificado por el concurso premeditado de dos o más personas, tentativa de homicidio agravado, amenazas calificadas y portación de arma de guerra. El juez Juan José Tutau le dictó la prisión preventiva por el plazo legal de dos años.

El organigrama de la banda que presentó el fiscal en la audiencia ubica a Yasmín como una "vendedora en barrio San Sebastián" de San Lorenzo que "recibe órdenes a través de su pareja", Federico "Polaco" Igarabide, integrante de Los Gorditos, acusado de ser la mano derecha de Bay y detenido con él en el pabellón 4 de Coronda: el lugar desde el que se organizó el atentado.

"La onda es salir directo para Rosario. Porque si volvemos nos chocamos con Gendarmería o con el Comando", le propuso uno de los tiradores el día previo a Bay. "¿Se van con los fierros?", preguntó éste. Y propuso hablar con Yasmín para que recibiera el arma: "Escuchá lo que te voy a decir. Desde mi punto de vista, dejá a la piba ésta para que te espere ahí. Vos llevá un bolsito. La metra va en un bolsito. Después se la pasás a la piba. Y se va caminando ella, en moto no", ordenó.

La cuestión del arma reaparece en una charla posterior cuando el tirador le indicó a su jefe que disponía de dos armas pero llevaría una sola: "la larga". "Dale con esa, esa no falla", aprueba Bay.

Más tarde Bay habla con Yasmín para indicarle que "rescate el fierro": "Fijate si podés segundear a los pibes. Tenés que agarrar y tenés que volver, Yasmín. Que estamos dando vueltas desde las 11 de la mañana. ¿Me podés hacer el favor? Yo te hice el favor para que hables con tu bichito, ahora haceme el favor vos a mi", dice el sindicado jefe, situándose como el nexo en la relación de la chica con Igarabide.

Las conversaciones se suceden incluso en el momento del hecho. Un audio citado por el fiscal es una conversación de Yasmín con su novio que permitió fijar la hora exacta del ataque. "¿Listo?", pregunta el preso cuando ella le cuenta que los tiradores ya habían salido de su casa. "No, todavía no se escuchó nada. Son una verga estos pibes. No se escuchó nada todavía y era acá nomás", responde ella cerca de la escena. De repente resuena una ráfaga de disparos que quedó grabada en la escucha. "¿No escucharon? Tuc, tuc, tuc. Un par largo tiró", dice la chica.

Más tarde Yasmín le informa a su pareja: "Avisale al gordo que le dieron a uno, está toda la gorra". Y el mismo día lo vuelve a llamar para comunicarle que habían matado a un chico ajeno a la disputa narco: "Dicen que al pibito que le pegaron no tenía nada que ver. Se bajó de un camión que le dieron cien pesos, estaba re feliz". Desde Coronda, con una breve respuesta, su novio minimiza el "error" que costó la vida del adolescente y encendió la bronca del barrio: "Y bueno amor, mala suerte".

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