Policiales

Ira vecinal en La Tablada por el caso de un nene baleado en la calle

Tiene 12 años. Unas 300 personas reaccionaron contra el vecino al que atribuyeron el disparo. Entraron en su casa pero la policía lo resguardó y lo detuvo. Reiteran el hartazgo por los tiroteos diarios.

Sábado 29 de Octubre de 2011

Comenzar una crónica sobre una balacera en barrio La Tablada sin caer en conceptos reiterados es complejo. El jueves a las 20 horas, un pibe de 12 años que estaba en la vereda visitando a su abuela en Grandoli al 3600 recibió un balazo de calibre 40. El plomo le perforó la masa muscular y por milímetros no afectó partes óseas. El incidente enardeció a los residentes y generó un efecto bumeran hacia el vecino apuntado de ser quien disparó: un hombre de 39 años conocido como Chanchi o Pelado, que vive a cinco casas de distancia.

Mientras Alicia, la abuela del nene, se llevaba al pibe en un auto hacia el hospital Víctor J. Vilela, Grandoli al 3600 se transformó en un polvorín. Familiares y vecinos del pequeño caminaron los 40 metros que separan la casa de unos y otros y arremetieron contra la puerta. En eso estaban cuando pasó un móvil del Comando Radioeléctrico e intervino. Pero no alcanzó. Algunos vecinos alcanzaron a golpear al vecino antes de que se lo llevaran detenido. Lo acusan de "trancero", como llaman a los vendedores de drogas, y le rompieron su auto, un Alfa Romeo blanco.

El implicado se llama Sergio Vicente V. y tiene 39 años. Tiene un sólo antecedente policial, por daños y lesiones, del año 2009. Pero los vecinos relataron que hace dos semanas, en inmediaciones de Cepeda al 3600 el Pelado hirió de dos balazos calibre 11.25 a un muchacho del barrio apodado Bicho, aún internado en el hospital Provincial.

En el acta preventiva policial no figura arma ni vainas secuestradas. Pero sí consta que cuando la policía se alejó del lugar vecinos ingresaron a la casa del detenido y robaron. Por ese episodio dos menores, los hermanos Leandro Ezequiel y Marina Alejandra V., de 15 y 17 años, quedaron detenidos. El señalamiento del robo fue desmentido por los vecinos. "Entramos en la casa porque le queríamos pegar. Pero nadie robó nada. Los que pudimos le pegamos. Pero no le robamos nada. Además, la policía lo cuidó y cuando se puso fea la cosa empezaron a los itakazos con balas de goma", explicó un vecino anónimo, mientras una pequeña mostraba un perdigón de goma. La causa quedó en el juzgado Correccional a cargo de Marisol Usandizaga, pero por la gravedad de las lesiones de la víctima el expediente pasó a la jueza de Instrucción Nº 5 María Luisa Pérez Vara. Sergio Vicente V. sigue detenido en la comisaría 16ª.

Balas y heridas. En los cien metros de Grandoli al 3600 hay un supermercado, una verdulería, una farmacia, una carnicería y una agencia de loterías. Dicen los vecinos que los tiroteos obligan a ir al súper a cierta hora y que deben cuidarse más de las balas que de cruzar la calle. Nadie disimula su hartazgo y señalan agobio por "las complicidades de la policía con los delincuentes". En la página 2 de la edición de ayer una fotografía tomada a dos cuadras de allí condensaba las sensaciones del barrio con una estrofa de "La marcha de la bronca" de Pedro y Pablo. "Bronca porque matan sin descaro/ pero nunca nada queda claro".

Sobre la vereda impar, en Grandoli al 3600 vive Alicia, vecina que es prima de Gustavo Benavente, el muchacho de 34 años asesinado a balazos el 26 de septiembre al 3900 de la avenida. Benavente es uno de los 15 muertos en homicidios que acumula en el año la comisaría 16ª que controla el barrio. A casa de Alicia llegó el jueves Agustín, su nieto de 12 años, con Patricia, su mamá, de 32 años. A las 20.15, buena parte de la familia estaba en la vereda con vecinos. Eran cinco o seis niños. "Escuchamos un montón de tiros. Me metí en la casa de mi abuela y ahí me di cuenta de que me habían herido", dijo ayer Agustín, sostenido en sus muletas. "Los disparos venían de donde vienen siempre. De 24 de Septiembre para Seguí. Hace tres meses que esto es diario", relató Patricia, la mamá del nene herido.

Las miradas se posaron en una casa de dos plantas, de ladrillos sin revocar, ubicada al 3673. Ahí vive Sergio Vicente V., también conocido como Chanchi o Pelado. "El loco estaba perseguido y suele andar a los tiros. Se ve que se comió que le iban a disparar y empezó él. Esta vez no hubo tiroteo", explicó uno de los vecinos a LaCapital frente a la casa de Alicia. "En este barrio les importa un huevo qué pasa hasta que les toca. Los vecinos nos tenemos que juntar y decir basta. Las compras se hacen a la mañana porque a la tarde se pueden cagar a tiros. ¿Nadie entiende que no se puede más?", dijo indignada una referente barrial.

 

300 vecinos. Mientras a Agustín lo asistían, los vecinos fueron a buscar al Pelado. Pero llegó la policía a resguardar al hombre que el barrio acusaba como el tirador. La puerta de chapón verde y los vidrios de la planta alta tenían impactos de bala. Los vecinos aseguraban que no eran de ese día. En la cuadra contaron que se juntaron unos 300 vecinos que desafiaron a los policías. Que hubo disparos de posta de goma desde la fuerza de seguridad y que los detenidos por los robos, que aseguran no se produjeron, son perejiles. "El loco este es un transero. Si todo es como dice la policía que cuenten qué se llevaron cuando la novia volvió con otro hombre a las 3 de la mañana, que sacaron varios bultos", contó un muchacho de la cuadra.

Otro de los bienes del Pelado tocado por la ira popular fue un Alfa Romeo blanco estacionado frente a la vivienda. "Se lo rompimos todo porque no queremos que esté más en el barrio", explicó otra mujer. Posteriormente otro vecino contó que el Pelado tiene una disputa abierta con "los pibes del puente".

"Acá no tenemos protección"

“Con Joel (Alcaraz) estas cosas no pasaban. No era un santo, pero esto no pasaba”. Una referente del barrio tiró la frase en la conversación y no pasó inadvertida. Joel no fue un político ni un jefe policial. Pero para algunos vecinos su figura era un “espanta transas”. Joel era un muchacho que a los 19 años ostentaba un sólido legajo delictivo y que fue asesinado en medio de una tempestad de balazos en noviembre de 2009. Sin embargo la nómina de homicidios juveniles en la zona se acentuó antes de 2009.

“Los vecinos nos vamos a tener que juntar porque nadie nos lleva el apunte. Por lo pronto cuando este hombre que detuvieron vuelva vamos a hacer una marcha para que se vaya. Pedimos a los medios que cada vez que haya un baleado vengan y nos escuchen porque no tenemos protección. Sabemos que «el que mal anda, mal acaba», pero los vecinos no tenemos nada que ver”, explicó la referente del barrio.

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