Guillermo Joel Rubio había presenciado un crimen. Habían baleado su casa, había recibido custodia policial y estaba enfrentado a un grupo de narcomenudeo de la villa que se erige sobre calle Flammarión, en la zona sur de la ciudad. Con ese peso sobre su espalda, el viernes 18 de octubre fue asesinado cuando salía en moto de comprar una batería para celular junto con su esposa y su pequeña hija en el barrio Tío Rolo. El ataque fue cometido con crueldad por una pareja que iba en bicicleta. Primero arrojaron a la mujer y a la beba de la moto, luego le dispararon a Rubio un tiro que le atravesó el pecho de costado y por último apuñalaron a su compañera, que sobrevivió a los puntazos tras ser trasladada a un hospital junto con la nena llena de raspones.
El trasfondo y la mecánica de esa emboscada fueron expuestos en la audiencia imputativa que la fiscal de Homicidios Georgina Pairola, en reemplazo de su par Marisol Fabbro, le formuló a Carlos Gustavo R., de 37 años, y a su pareja Daniela Paola F., de 28. Los dos fueron identificados por la mujer sobreviviente en fotos de Facebook y luego reconocidos por ella y un testigo del ataque en ruedas de personas. Los detuvieron el martes en su casa, cercana al lugar del crimen, en un extremo del mapa rosarino en la zona sudoeste.
Quedaron imputados como coautores de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego, un homicidio en grado de tentativa y la portación ilegal de un arma de fuego. El juez Nicolás Vico Gimena les dictó la prisión preventiva por el plazo legal de dos años y rechazó un pedido de prisión domiciliaria con tobillera electrónica que formuló la defensora María Eugenia Carbone, basado en que los acusados son padres de dos niñas pequeñas.
El crimen de Rubio, de 29 años, fue un viernes alrededor de las 18.15. Ese día él y su esposa María Belén G., de 25 años, fueron a comprar una batería para celular a un negocio de 5 de Agosto y Calle 2144, al sur de la avenida Circunvalación y donde la avenida Ovidio Lagos se convierte en la ruta 18. Estaban charlando con el comerciante en la puerta cuando se acercó un joven al que la pareja conocía como “Cali”. Rubio, quien tenía antecedentes penales y había cumplido una condena, había estado detenido con él.
El muchacho iba en una bicicleta blanca nueva y ofreció venderla, pero le contestaron que no estaban interesados. “Está todo mal con ése”, le comentó Rubio al comerciante cuando el hombre de la bici se retiró. Fue todo lo que dijo antes de subir a su moto Suzuki 125 bordó tipo scooter junto con su pareja y la beba de ambos. Avanzaron unos metros y cuando María Belén miró hacia atrás vio que avanzaba hacia ellos una mujer con una cuchilla de carnicero en la mano. Detrás de ella se acercaba “Cali Calasa” en la bicicleta. “Dale”, alcanzó a advertirle a su marido, pero en el momento en que aceleraba la moto los alcanzaron.
La mujer empujó del rodado a María Belén, que cayó al piso con su beba en brazos. Ella se golpeó el brazo izquierdo y la nena rodó por el pavimento. En ese momento advirtió que “Cali” le apuntaba a Rubio, aún sobre la moto. Sonó un primer disparo que no alcanzó al motociclista y luego un segundo tiro que le ingresó bajo la axila derecha y salió por el costado izquierdo del pecho. El muchacho, vestido con una camiseta de Newell’s, avanzó unos metros más hasta que los vecinos lo vieron caer desplomado, quejarse de dolor y morir allí mismo, cerca del camping de los Judiciales.
El ataque no terminó ahí. Los agresores volvieron corriendo hacia donde María Belén intentaba reincorporarse. La mujer la sujetó de atrás. “Quedate quieta”, le dijo, y la atacó varias veces con la cuchilla en la panza. La mujer y la beba debieron ser trasladadas al Hospital Provincial. “En ese momento no sabía con qué me estaba golpeando. Lo único que hice fue quedarme quieta”, contó la joven, que conocía a “Cali” desde hacía varios años porque había estado preso con su marido en 2015.
Narcomenudeo
Conocía su apellido, pero no su nombre. Sabía que vivía en la zona de Margis y Lamadrid y que estaba vinculado con “Rulo” S., sindicado en la causa como un referente del narcomenudeo en la villa de Flammarión y quien estaba enfrentado con Rubio. Logró identificar al acusado a través de perfiles y fotos de Facebook. Con fotos aportadas por ella, la División Homicidios apresó el martes a la pareja acusada en su casa de Vicente Medina y Camino Nuevo a Soldini. Los dos fueron reconocidos tanto por la sobreviviente como por un testigo del ataque.
El móvil
El trasfondo de la emboscada fue revelado por un informe de la Dirección de Inteligencia Criminal Estratégica. Allí se detalla que un día antes del crimen fue detenido Francisco José “Rulo” S. tras un allanamiento en una casa de Margis al 5000. Entonces un vecino que se acercó a los policías les contó que desde hacía un tiempo el barrio era “un caos debido a los enfrentamientos entre bandas por ganar territorios” para la venta de drogas.
Este informante reveló que Rubio había sido testigo del crimen de Mauro Pereyra. Un joven de 27 años acribillado desde un auto en abril pasado, cuando charlaba con dos amigos que fueron heridos frente a una casa de Margis 5056 B. El muchacho fallecido y otra de las víctimas debían declarar al día siguiente como testigos de una balacera previa. Por ese crimen que investiga el fiscal Adrián Spelta hay tres acusados presos.
De acuerdo con la pesquisa, Rubio había declarado como testigo en esa causa y como su integridad corría peligro se dispuso una custodia policial en su casa. Eso “generó enojo y una discusión con «Rulo» S., ya que la presencia del móvil entorpecía el comercio de drogas”.
Fue así como comenzaron los enfrentamientos que ya habían dejado un rastro de plomo el 26 de agosto pasado, cuando a Rubio le dispararon frente a su casa y él resultó herido en un brazo. El hombre asesinado dos meses más tarde presentó entonces una denuncia por abuso de armas y lesiones que investiga la fiscal Valeria Haurigot, quien libró un pedido de captura contra un hombre que estaría ligado a la banda de “Rulo” S.