Al cuerpo de Gustavo el Bebe Moreira lo encontró ayer al mediodía un ciruja que
recorría el basural que se extiende por Joaquín Suárez, en el sector del Bosque de los
Constituyentes donde se levanta el barrio Nuevo Alberdi Este. El Bebe tenía puesto el buzo de
Newell’s con el que lo vieron la última vez el viernes por la noche. Tenía una campera y la
capucha le cubría la cabeza, que estaba bañada por su sangre.
"Le dieron con una maza", aventuró uno entre el centenar de vecinos que llegaron
para ver quién era el muerto. "La víctima tiene un importante golpe en la cabeza con un objeto
contundente y habrá que aguardar la autopsia para establecer si hay otro tipo de heridas", indicó
una fuente policial.
El Bebe Moreira era un muchacho de 27 años con antecedentes penales, según
indicó la policía. Su cuerpo llevaba al menos doce horas sin vida cuando lo halló el ciruja. Estaba
en posición fetal, ubicado a dos metros de los restos de un perro. Tenía la cabeza ensangrentada y
los puños bien apretados, como quien procuró defenderse y no pudo. O quizás los cerró por el
dolor.
Presunción de venganza. A simple vista no le faltaban pertenencias. Estaba
vestido y tenía sus zapatillas. Poco minutos después de las 12, la hora del hallazgo, el terreno
arbolado de eucaliptos se pobló de un centenar de vecinos que querían saber quién era el
muerto.
Y así, respetando el cerco policial, se quedaron en el lugar ubicado donde nace
el Bosque de los Constituyentes, a unos 100 metros del puente de la Circunvalación y a unos 200
metros al sur de avenida Granel, la arteria por la que se ingresa al barrio.
"Me lo mataron". Cuando María Esther, la madre del muchacho, llegó a ese lugar
se topó con el cuerpo desnudo del Bebe, decorado con tatuajes, custodiado por cuatro policías.
Quebrantada, la mujer se arrodilló y tras maldecir a los cuatro vientos, imploró justicia. "Me lo
mataron. Me lo mataron. Fue uno con el que se peleó el domingo a la tarde", vociferó la mujer de 50
años.
Entre sollozos, María Esther les dio a los investigadores nombres de al menos de
dos personas que son sus vecinos y que el fin de semana habrían mantenido un altercado con el joven
fallecido.
"Si los tengo que ir a buscar casa por casa voy a ir yo. Quieron que los
encierren antes de que se me escapen", exclamaba. "Hace cuatro meses que se me fue mi otro hijo",
murmuró antes de caer sobre la tierra polvorienta de la calle, presa de una crisis nerviosa (ver
aparte). Una vez que la mujer identificó a su hijo muerto, un 70 por ciento de los vecinos que
rodeaban la escena se retiró del lugar.
María Esther y su familia viven en Caracas y Somoza, a unas ocho cuadras del
basural donde fue hallado el cadáver. Según lo que se contaban los vecinos, el Bebe salió de su
casa el viernes a la noche. Compartió unas cervezas con unos conocidos de su cuadra hasta por lo
menos las 22.
Los médicos policiales que examinaron el cuerpo indicaron que, al momento de ser
hallado, Moreira llevaba entre 10 y 12 horas de fallecido. Tenía un destacado golpe en la cabeza
que podía observarse a simple vista.
Una de las incógnitas planteads es si al Bebe lo mataron en el lugar, una zona
descampada, o en otro sitio y lo desplazaron hasta allí. "Yo lo conocía y los nombres que gritó la
mamá eran de pibes que se juntaban con él", comentó un chico. Qué usaron para pegarle en la cabeza
era otra pregunta que quedó oficialmente respondida bajo la poco específica designación de "objeto
contundente".
Ese elemento, que según los investigadores fue secuestrado del lugar, pudo ser
una maza, un fierro o un trozo de cemento. "En las próximas horas habrá novedades", indicó un
experimentado pesquisa que se acercó al lugar.
Tres meses, dos hijos. El sábado 1º de marzo último, Ramón, un muchacho de 29
años, perdió la vida tras recibir una descarga eléctrica mientras manipulaba cables de alta tensión
en una casa de Caracas y Somoza, la vivienda de la familia Moreira. Ramón es hijo de María Esther y
hermano del Bebe. "Primero se me murió el Cuchi y ahora me lo mataron al Bebe", sollozaba la madre
de los muchachos.
La trágica secuencia en el bosque
Los vecinos no se cansaban ayer de recordar la cronología trágica que tiene el
Bosque de los Constituyentes en el último año.
El martes 2 de octubre del año pasado hubo estremecimiento al ser localizado en
una tosquera el cuerpo de Camila, una nena de 10 años que había sido llevada de la casa de su mamá
por su padre, Diego Martín Lagarto Blanco. La nena presentaba signos de abuso sexual y su padre
tras ser detenido se suicidó al día siguiente en un calabozo de la alcaidía de Jefatura.
El pasado 25 de junio último, William Hurt, un adolescente de 13 años, apareció
estrangulado con una sábana.