Policiales

"Fui yo, pero de la parte del asesinato no me acuerdo, fue borrada de mi cabeza"

Lo sostuvo ayer Sergio Marina, de 56 años, a quien le dieron dos años de prisión condicional por matar a Facundo Arriola en 2017.

Miércoles 27 de Febrero de 2019

"Fui yo, pero de la parte del asesinato no me acuerdo. Esa parte fue borrada de mi cabeza". Con esas palabras, Sergio Eduardo Marina aceptó ayer una condena a 2 años prisión condicional por haber matado de una puñalada a Facundo Sebastián Arriola, un joven de 20 años al que cuidaba desde los 15 y que vivía con él en una casa de barrio Tiro Suizo. El crimen ocurrió una noche de febrero de 2017 cuando el joven llegó exaltado tras consumir cocaína y comenzó a romper cosas. El acusado no pudo contenerlo y en un forcejeo lo hirió con un cuchillo.

Marina tiene 56 años y el pelo blanco enrulado. Es padre de dos hijos de los que estaba distanciado y que se las rebusca de lo que puede, como le dijo a la jueza María Isabel Más Varela en la audiencia de ayer. Está en libertad y vive en la misma casa de Olegario Víctor Andrade al 700 donde ocurrió el crimen.

A partir de ahora deberá respetar algunas reglas de conducta, someterse a una institución de control de la pena y no acercarse a 500 metros del domicilio del padre de la víctima, en Roldán. En el acuerdo que cerraron la fiscal Georgina Pairola y la defensora pública Nora Gaspire fue declarado autor de un homicidio simple con exceso en la legítima defensa. Esto quiere decir que intentó defenderse de un ataque pero lo hizo de manera desproporcionada.

Desamparados

"Tengo dos hijos que no veo y este chico vino a llenar una especie de vacío. Él tenía toda la vida por delante. ¿Por qué no me morí yo?", dijo Marina, llorando y con un temblor en las manos, durante la primera audiencia por el caso. Entonces él mismo contó que había conocido al chico cuando tenía 15 años y abrían puertas de taxis en el Distrito Sur. "Era un chiquito que dormía donde lo agarraba la noche", dijo.

Según relató, Arriola era de Las Flores pero había tenido algunos conflictos en el barrio y no quería volver. Él lo tomó a su cuidado, lo anotó en la escuela y lo acompañó a cursar el secundario. Los dos subsistieron con trabajos de jardinería y albañilería hasta que unos años antes del trágico desenlace se fueron a vivir a la casa donde les dio asilo el dueño, "Tony", un jubilado discapacitado de 70 años. El hombre padecía una enfermedad respiratoria por la que usaba una mochila de oxígeno y tenía un problema en la vista. Marina se ocupaba de cocinarle, bañarlo y llevarlo al médico.

Para los vecinos, Sergio era una especie de padre para Facundo. Juntos hacían changas y habían instalado un lavadero de autos en el patio. Por eso quedaron desconcertados la noche del 18 de febrero de 2017 cuando Marina salió desesperado a la calle a pedirles que llamen a la policía. Les dijo que Facundo estaba "reloco" y no lo podía contener.

"Facundo ese día entró mal. Entró a destrozar todo, completamente agresivo. Rompió el teléfono y no lo podía contener", declaró Marina. Dos vecinos comprobaron que el muchacho estaba agresivo, lo "empujaba" y le recriminaba que hubiera llamado a la policía. En un momento en que los dos quedaron solos en la casa, el joven le pegó a Marina una trompada y comenzaron a forcejear.

"El golpe me dejó medio estúpido. No sé de dónde salió esa maldita cuchilla", admitió el acusado sobre el arma homicida. "Me golpeaste fuerte", dijo el muchacho antes de morir. La autopsia detectó que su cuerpo tenía rastros de cocaína.

El testigo más cercano fue "Tony". "Facundo vino violento. Sergio se defendió porque estaba rompiendo toda la casa", contó el hombre aunque no presenció la pelea. La defensora de Marina planteó desde el primer momento que se trataba de un caso de legítima defensa.

Acusaciones disímiles

Marina primero fue acusado como autor de un homicidio simple y le otorgaron prisión domiciliaria porque era la única persona que se ocupaba de "Tony", quien falleció tiempo después. Cuando declararon los familiares de Facundo dijeron que el acusado "no era el padrastro" del chico como se creía sino que en realidad "mantenían una relación de pareja". Por eso en noviembre de ese año el entonces fiscal Rafael Coria pidió agravar la imputación a homicidio calificado por el vínculo.

Pero la fiscal explicó que esa manifestación no pudo demostrarse con otras evidencias. Y cuando Pairola presentó su acusación previa al juicio, el juez Juan Andrés Donnola cambió la calificación a homicidio con exceso en la legítima defensa.

Para la fiscal, ese es el encuadre "por el beneficio de la duda". Se tuvo en cuenta que el propio imputado llamó a la policía, que sus vecinos vieron el incidente previo, que estaba golpeado, que entregó el cuchillo y admitió el hecho. La fiscal explicó además que el acuerdo fue notificado a los familiares de la víctima, quienes "no están de acuerdo porque entienden que la pena es muy baja".

"Fui yo. Pero de la parte del asesinato no me acuerdo", dijo Marina ayer. Y se fue de la sala caminando solo mientras revisaba un acta de la audiencia que cerró el caso.

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