Policiales

Fueron a buscar al autor de un homicidio y se les escapó tras un forcejeo

El sospechoso de haber asesinado a Nadia Arrieta, la mujer de 31 años degollada en su negocio bonaerense el pasado jueves, escapó ayer de la policía tras un operativo realizado en la peluquería en la que trabajaba en la localidad de Banfield, donde hallaron la presunta arma homicida y las llaves de la víctima. Se trata de Néstor Maximiliano Montiel, quien huyó tras forcejear con los agentes que llegaron a detenerlo.

Lunes 05 de Marzo de 2018

El sospechoso de haber asesinado a Nadia Arrieta, la mujer de 31 años degollada en su negocio bonaerense el pasado jueves, escapó ayer de la policía tras un operativo realizado en la peluquería en la que trabajaba en la localidad de Banfield, donde hallaron la presunta arma homicida y las llaves de la víctima. Se trata de Néstor Maximiliano Montiel, quien huyó tras forcejear con los agentes que llegaron a detenerlo.

Fuentes policiales informaron que a partir de la pesquisa supieron que el sospechoso vive en Banfield, y trabaja en una peluquería. Entonces se dirigieron al comercio pero Montiel escapó luego de un forcejeo. En la peluquería encontraron una mochila del hombre y en su interior se encontraron llaves de la víctima y un cuchillo que podría ser el arma homicida.

Montiel quedó implicado en el crimen luego que la Policía Científica encontró sus huellas en la cerámica de una pared del local de la víctima que fueron cotejadas con un banco de datos. De allí surgió que el sospechoso había sido condenado a 18 años de cárcel por el Tribunal Oral en lo Criminal 2 de Morón por tentativa de homicidio calificado por abuso sexual y privación de la libertad agravada cometida el 5 de octubre de 2001. Sin embargo, el hombre, que estaba cumpliendo la pena en la cárcel de Magdalena, fue beneficiado el 17 de octubre de 2012 con salidas transitorias.

Arrieta tenía 31 años y fue encontrada pasado el mediodía del jueves asesinada dentro del negocio de venta de regalos que tenía junto a su madre en Villa Tesei, partido de Hurlingham, en el oeste del conurbano. El cadáver fue descubierto por un chapista que trabaja en un taller que linda con el fondo de la regalería y, según contó a los investigadores, escuchó gritos que provenían de ese lugar, tras lo cual dio la vuelta y entró al ver que la puerta estaba abierta. La mujer estaba amordazada y atada por detrás de la espalda con una cinta adhesiva de color gris, vestía una remera y tenía ropa interior de la cintura hacia abajo, ya que su pantalón apareció ensangrentado y tirado cerca del cuerpo.

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