POLICIALES

Fue a un cumpleaños de 15 y en plena fiesta lo mató un balazo en la cabeza

Bruno Carrel tenía 18 años e iba a cursar 4º año de la secundaria. Dos pibes echados del festejo atacaron a tiros al local y a la gente. Mataron a un inocente

Domingo 21 de Marzo de 2021

Los disparos hicieron estallar los vidrios de un club del barrio Las Delicias donde se festejaba un cumpleaños de 15. Fueron al menos cinco tiros disparados por dos jóvenes que habían sido echados del salón tras una pelea y volvieron armados en una moto. Uno de los tiros hizo alcanzó a Bruno Maximiliano Carrel, un joven de 18 años que iba a empezar su cuarto año en una secundaria de Villa Gobernador Gálvez. Todo indica que el ataque no estaba dirigido a él. Pero recibió un balazo en la cabeza que le provocó la muerte en el momento, en un angosto pasillo que queda en línea recta con el portón de entrada. Una chica de la misma edad fue herida en una pierna.

El crimen dejó al descubierto el opaco destino de lo que fuera el Club Italo Argentino, ubicado en Padre Giaccone 2141 a la vuelta del Casino City Center. En voz bien baja y casi en clave, los vecinos contaron que las instalaciones fueron tomadas hace unos tres años por personas ligadas a la banda de Los Monos. “Era un club. Ahora ya no. Usted me entiende”, musitó un hombre de la cuadra detrás de la puerta entornada de su casa. “Es un club pero ya no tiene el mismo uso de antes. Fue tomado. Pero la gente no se quiere involucrar”, acotó una mujer que horas, antes de la tragedia, presenció la llegada de la quinceañera en un auto coronado por un gran moño.

De acuerdo con el parte policial, en un momento del festejo hubo un incidente y dos de los asistentes fueron echados del local. Alrededor de las 3 de la madrugada regresaron en una moto y realizaron al menos cinco disparos. Bruno Carrel fue alcanzado por un disparo en el cráneo, al parecer por la espalda. Cuando llegó la ambulancia del Sies al lugar ya había fallecido y fue trasladado al Instituto Médico Legal para la realización de la autopsia. Una chica identificada como Samira Ailen S., también de 18 años, fue herida en un muslo y derivada al Hospital Roque Sáenz Peña fuera de peligro.

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Los vecinos escucharon la secuencia de tiros, los gritos de desesperación, la llegada de la policía y las corridas de algunos asistentes a la fiesta que escapaban por los techos del fondo del club. En el lugar se secuestraron tres vainas servidas calibre .380 y un trozo de plomo encamisado, además del celular de la víctima. El local está ubicado a media cuadra del playón del hipermercado Libertad sobre bulevar Oroño pero no se encontraron cámaras de vigilancia que captaran el momento del ataque. En medio de un hermetismo dispuesto hasta dar con los dos sospechosos, la fiscal Gisela Paolicelli ordenó a los investigadores policiales develar el misterio sobre quiénes gerencian el local donde ocurrió el crimen y ubicar a los organizadores de la fiesta.

De club a salón tomado

Años atrás, el nombre del club se leía en redondeadas letras rojas pintadas en el alero y el escudo de la institución se destacaba en el frente de lo que, ahora, es sólo una construcción pintada de blanco. Al mediodía de ayer el local permanecía vallado con una cinta que formaba una especie de triángulo entre la puerta, un árbol de la vereda y la reja de una ventana. Por dentro de la cinta perimetral el piso estaba cubierto de vidrios que estallaron con los disparos y que, pasado el mediodía, seguían cayendo. Un empleado policial quedó asignado como custodio, a la espera de que se presentara algún responsable.

“La gente que tomó el club no es bienvenida en el barrio”, apuntó una vecina que a la madrugada escuchó una secuencia de cinco tiros. “Era una sociedad de vecinos. Pero el lugar fue tomado. Ahora de vez en cuando hacen una fiesta”, apuntaron en el barrio, y contaron que una abogada denunció la toma pero recibió “amenazas”. En su página de Facebook el club figura como “gimnasio y centro de fitness” con apenas algunas fotos de fiestas.

Adentro, el nombre del club apenas puede adivinarse en un pequeño escudo con las iniciales C.A.I.A. que quedó pintado en un mostrador. Debajo, se lee la inscripción “fundado en 1948”. Como un campo de batalla, el salón quedó cubierto de botellas, latas y vidrios bajo los racimos de globos azules que aún pendían del techo. Un orificio de bala quedó en el ventanal del frente. Otro impacto se detectó en una pared interna, cerca del bufet. Lo que sería el rebote de una bala se registró frente a los baños.

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Se evaluaba si pudo ser esa la bala impactó en Bruno, quien murió en ese pasillo que da paso al patio, bordeado por un tinglado y una especie de cantina. Un investigador apuntó que el atacante comenzó a tirar en la puerta y siguió haciéndolo dentro del local, pero sin focalizar en alguna personas. “Eso hubiera sido una masacre”, observó. En línea con esa mecánica, los pesquisas creen que Carrel habría sido herido mortalmente por azar.

Futuro truncado

El joven iba a comenzar cuarto año en la escuela Perito Moreno Nº 488 de Villa Gobernador Gálvez. Los docentes lamentaron en las redes sociales la pérdida de uno de sus alumnos que sólo “intentaba pasarla bien junto a sus amigues en una fiesta” y reflejaron el dolor de sus padres, que están “destrozados y ni siquiera tienen recursos para enterrar a su hijo”. Una de las fotos que había subido Bruno a su de Facebook lo muestra, justamente, sentado sobre un pupitre de la escuela. A la que él mismo pidió ingresar tras cursar en una secundaria técnica de Rosario.

“A todos los amigos de Bruno les quería avisar que él falleció y lo vamos a velar en la (sala velatoria) Santa María”, posteó en Facebook uno de sus dos hermanos. El joven vivía con sus padres cerca del frigorífico Paladini, a metros del río y frente a un descampado. Su familia estaba reunida en la puerta ayer a la tarde. En silencio y con gestos de dolor, declinaron de manera cortés pero cortante hablar con este diario. “No sabemos nada, él fue solo a ese lugar”, indicaron.

Los padres del muchacho están desocupados y lanzaron una colecta solidaria para poder costear el velatorio, del que participó la escuela. “Le tocó a Brunito, pero podría haber sido cualquiera. El no había participado de esa discusión”, contó Patricia, personal de la escuela, vecina y madre de un amigo del chico fallecido. A las 3.30 de la madrugada despertó con los mensajes de unas amigas de Bruno que estaban en la fiesta para anoticiarla de lo sucedido.

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“Bruno era un pibe alegre, divertido. Con sus amigos subían videos graciosos a las redes. Amaba las motos. Hacía tanto ruido con el caño de escape libre de su moto que pasaba por el frente de casa y sabíamos que era él. Vamos a extrañar ese ruido. Esas balas lamentablemente no tienen un nombre. Fue Bruno, pero pudo haber sido cualquiera”, expresó, y contó que el chico iba a empezar cuarto año en el turno tarde, con orientación en humanidades.

El año pasado los docentes repartieron bolsones en un barrio con los bolsillos golpeado por la pandemia y además recorrieron los domicilios de los estudiantes, sobre todo para sostener el vínculo con chicos que se atrasaban en la entrega de trabajos. A Patricia le tocó la casa de Bruno. Así, charlando con la madre, supo que el chico había conseguido un trabajo para colaborar con la economía familiar. “Cada profe tiene una anécdota de Bruno para contar”, dijo mientras se encaminaba al velatorio, que comenzó por la tarde con gran presencia alumnos y docentes de la comunidad educativa.

Triste despertar

“Asesinaron a Bruno, ¿hasta cuándo vamos a seguir enterrando a nuestros alumnos?”. El posteo fue subido a sus redes sociales por Franco Casasola, docente de la escuela donde Bruno Maximiliano Carrel iba a cursar cuarto año del secundario: “Este sábado los profes y la comunidad de la Escuela Perito Moreno Nº 488 de Villa Gobernador Gálvez nos despertamos con la horrible noticia de que uno de nuestros alumnos había sido asesinado. Fue en una balacera en una fiesta en barrio La Granada. Bruno tenía 18 años y como tantos otros intentaba pasarla bien junto a sus amigues en una fiesta. Por estos días tenía que comenzar el cuarto año, pero ya no va a transitar por la escuela. Hoy lo lloramos”.

“Estamos hartos de enterrar a nuestros alumnos”, dijo el docente, y apuntó que los padres de Bruno “están destrozados. Ni siquiera tienen los recursos para enterrar a su hijo. No tienen trabajo, una realidad que golpea a muchas familias trabajadoras y que se agudizó desde que comenzó la pandemia. En la escuela lo sabemos bien. Cuando hace un año empezaba la cuarentena tuvimos que armar bolsones para las familias porque la desocupación se disparó por las nubes”.

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