Facundo Coscia y su familia sufrieron el pasado fin de semana un certero golpe al corazón de su
negocio de recolección de miel, situado en el kilómetro 100 de la ruta nacional 34, en jurisdicción
de Centeno y a idéntica distancia de Rosario. Un grupo de delincuentes ingresó a la sala de
extracción del dulce producto y robó más de 12 mil kilos de miel pura lista para exportar valuados
en unos 120 mil pesos. “Sabían muy bien lo que venían a robar. Se llevaron los 38 tambores
con la miel y dejaron otros 6 que tenían un alimento para abejas que es similar a la miel pero que
no tiene el mismo valor”, explicó el dueño del emprendimiento.
Para Coscia, de 23 años y parte de la segunda generación de una familia de apicultores
instalados en Centeno, no hay dudas de que “hubo un datero, la cuestión es saber quién
fue”. Hace tres años el muchacho instaló una sala de extracción de miel bajo un tinglado de 6
por 10 metros a la vera de la ruta 34, al sur del casco urbano del pueblo que cuenta con 3.500
habitantes. Allí llega la producción de una decena de emprendimientos de la zona y se mecanizó lo
que hasta no hace mucho era un trabajo manual.
Acerca del botín, Coscia dijo que de los 38 tambores robados, sólo 7 eran de su propia
producción y el resto son de apicultores de la zona a los que su familia le vende el servicio de
extracción de miel.
Alarma a medias. El viernes pasado, Facundo y su familia dieron un paso que creyeron importante
para bajar el margen de inseguridad. Hicieron colocar en la sala de extracción una alarma con
sensores de movimiento y monitoreo. “Estuvimos trabajando con la gente de la alarma todo el
día. Quedó instalada, funcionando, pero sin monitoreo porque faltaban algunos trámites. De hecho,
cuando los ladrones rompieron la ventana por la que ingresaron, la alarma sonó. Pero la arrancaron
y trabajaron tranquilos”, relató Coscia.
Ese mismo viernes, a las 18.30, Facundo terminó su jornada laboral, cerró el lugar, conectó la
alarma para probarla y tras cerrar el portón se fue a su casa en el pueblo.
“El sábado tuve algunos inconvenientes y no pude ir a la sala. Pasé el domingo a las 11 y
me topé con este desastre”, rememoró. “La ventana estaba destruida, cortaron la luz y
trabajaron a oscuras. Sabían bien que buscaban. Se llevaron los 38 tambores con la miel
cristalizada y dejaron otros 6 que contenían Levudex”, un alimento para abejas a base de
jarabe de maíz de alta fructosa —similar a la miel—, indicó.
Facundo explicó que este no fue un buen año para la apicultura y que la miel fue un bien escaso,
por eso los productores están a la espera de un buen precio para vender. “El kilo de esa miel
a granel está en 8,10 pesos más IVA. Es un producto listo para exportar”, indicó.
Pero 38 tambores con más de 300 kilos cada uno no es algo que se pueda llevar en cualquier
vehículo. “Para hacer esto tuvieron que usar un camión con semirremolque. No pudieron con
otra cosa”, contó Coscia. Además de la mercancía, los ladrones se llevaron una bomba de agua
a la que le arrancaron los caños, 120 metros de cable subterráneo de una instalación eléctrica, una
carretilla y un malacate. Por la mecánica relatada, el golpe fue similar a una serie de robos que
sucedieron en las localidades entrerrianas de Gobernador Mansilla, Vialé y Nogoyá, a mediados de
junio pasado.
Bajo control
La sala de extracción es el lugar físico donde se extrae la miel, se
la procesa y se la almacena en tambores. Son construidas bajo normas del Servicio Nacional de
Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). En virtud de los costos, los apicultores se agrupan en
cooperativas o, como los Coscia, venden el servicio a los productores.