"A mi hijo lo fusilaron. Uno le sujetó los brazos desde atrás y el otro le
disparó". Quebrado, pero con frialdad, Alejandro Kellis resumió así la secuencia final del
asesinato de su hijo Juan Pablo, de 30 años. El crimen ocurrió pasada la medianoche del jueves en
el barrio Martín Fierro de Granadero Baigorria. En un lugar que todos conocen como El Arco.
"Escuchamos una explosión muy fuerte y cuando salimos vimos al muchacho tirado en el piso
agonizando", explicó una vecina que vive a metros del lugar del crimen. Juan Pablo no tenía
antecedentes prontuariales. En su cuerpo, dijeron los forenses, podían verse las marcas de una
golpiza y una herida del tamaño de un puño en el costado izquierdo del abdomen.
En la escena del crimen, lo que fuera el viejo arco de entrada a una bodega, en
el cruce de las calles Eva Perón y José Hernández, un grupo de vecinos dijo tener miedo. Pero no
sólo por la inseguridad y el crimen. "Lo que vivimos fue una locura. Nosotros entendemos al padre
del muchacho, que era un pibe excelente. Pero cuando llegó y vio al muchacho muerto, sacó una
pistola y nos amenazó a todos", gritó una de las mujeres de la cuadra acusando a Alejandro Kellis.
"Eso fue adelante de toda la policía que estaba en el lugar y nadie le dijo nada ni le quitó la
pistola. El (por el padre de la víctima) nos acusa de que vimos quien mató a su hijo y la verdad es
que nadie vio nada", replicó otra mujer, llorando por la angustia.
Un mensaje. Alejandro Kellis es un ex policía de la santafesina que tiene 52
años y vive a unas ocho cuadras del lugar donde cayó muerto Juan Pablo. "Mi hijo iba en bicicleta y
andaba, como siempre, con una camiseta de Rosario Central. No la original, sino la alternativa
color blanca. El recibió un mensaje de texto para que fuera hacia un lugar y fue ahí que lo
mataron", relató el hombre, padre de otros diez hijos.
"Este es el segundo hijo que se me muere", explicó con los ojos enrojecidos
antes de recordar que en 2001 otro falleció ahogado. Mientras esperaba ayer al mediodía que le
entregaran el cuerpo de Juan Pablo, Kellis contó que el muchacho "era más bueno que Lassie" (por la
perra de la vieja serie televisiva) y recordó que "hace dos meses que se había separado, trabajaba
haciendo changas y tiene un hijo de 13 años que juega al fútbol en Rosario Central".
La del jueves fue una noche de perros para los vecinos del barrio Martín Fierro.
Cuentan que a las 19.45 se cortó la luz y el servicio no regresó hasta las 23.30. Eso, según
relataron los vecinos, alteró el ritmo de la zona y de los negocios. Tanto es así que el
minimercado que está en José Hernández, a metros de El Arco, cerró poco antes de las 23, según
coincidieron varias vecinas.
Una explosión.Aproximadamente a la 0.45 del viernes, Juan Pablo iba en su
bicicleta y pasó por debajo de El Arco para tomar por calle José Hernández. Estaba a unos escasos
50 metros de su casa cuando lo sorprendió la muerte. "Hacía una hora que había vuelto la luz.
Estábamos acostados y escuchamos una explosión. Como si estallara un petardo. Entonces nos asomamos
y vimos a Pablo tirado en la calle", indicó una vecina.
"A mi hijo lo estaban esperando", relató Alejandro Kellis tratando de ser
medido, aunque la bronca se le reflejaba en la mirada. "Tenía muchos golpes en el cuerpo. Fue como
que lo verduguearon. Después de pegarle, uno lo agarró desde atrás y el otro gatilló", contó.
Kellis dijo que su hijo tenía una herida en la parte intercostal izquierda similar al puño de una
mano. Murió sobre la calle de tierra, a la altura del número 1512 de José Hernández, frente a un
mercadito. Fuentes allegadas a la causa indicaron que al muchacho no le faltaba ninguna
pertenencia. "Le dejaron puesta unas zapatillas Nike", indicó un vocero. Sin embargo el padre de la
víctima indicó que a su hijo le faltaba dinero y un cortaplumas del tipo Victorinox.
Los voceros consultados explicaron que el disparo fue a corta distancia y que la
munición utilizada fueron perdigones de calibre chico. Al respecto, los pesquisas no descartan que
se haya utilizado una escopeta de fabricación casera. "El disparo fue desde tan cerca que el taco
de plástico del cartucho le quedó incrustado en la herida", explicó el vocero. Los familiares del
muchacho aseguran que Juan Pablo reconoció a quines lo atacaron y llegó a decir quienes eran.
"Llamamos a la ambulancia que demoró bastante. Y ellos llamaron a la policía. El
cuerpo del muchacho quedó tirado como hasta las 3.30 de la madrugada", explicó una de las vecinas
ante de relatar el ataque de furia que tuvo Alejandro Kellis y de como exhibió una pistola. "Vamos
a ir a hacer la denuncia", dijo a los gritos.
Momento antes de que Juan Pablo Kellis fuera asesinado, una casa de las
inmediaciones de Suipacha y Namuncurá, a unas ocho cuadras del lugar del crimen, resultó con su
frente baleado con arma de puño. Los vecinos aseguran haber visto a dos hombres en una moto. La
propietaria de esa finca solicitó ayer protección policial, aunque se desconoce si los dos
incidentes están relacionados.
Juan Pablo Kellis tenía 30 años, hace poco se había separado y era padre de un chico
de 13 años.