Policiales

El último golpe de un delincuente que purgó condena por un crimen

Walter Darío Ríos, el asaltante de 42 años que murió tras enfrentarse a tiros con el custodio de un portavalores al que le robaron frente a un banco de la zona sur, había purgado una condena en...

Viernes 21 de Junio de 2013

Walter Darío Ríos, el asaltante de 42 años que murió tras enfrentarse a tiros con el custodio de un portavalores al que le robaron frente a un banco de la zona sur, había purgado una condena en la cárcel de Coronda por el crimen de un empresario metalúrgico al que mató en abril de 2001 en el epílogo de un asalto. Así lo confirmaron ayer fuentes de la investigación del atraco a los empleados de Prosegur a quienes el miércoles a la tarde les sacaron dos sacas con unos 600 mil pesos en efectivo. En tanto, la policía realizaba anoche varios allanamientos en distintos barrios para dar con los dos cómplices del ladrón muerto.

"No fue fácil apresar aquella vez a Ríos. Después de ese trágico asalto el tipo se refugió en la casa de un familiar en Buenos Aires y lo fuimos a buscar. Pero no lo encontramos. Después terminó cayendo en una casilla de barrio Ludueña que habíamos allanado sin éxito al otro día del hecho", recordó un pesquisa ya retirado que estuvo al frente de la investigación del hecho que llevó al maleante tras las rejas.

El crimen. Todo ocurrió la tarde del 6 de abril de 2001 en el taller metalúrgico GH, en Rueda 6049. Eran las 15.15 cuando dos delincuentes llegaron a la firma propiedad de Ricardo González y Raúl Hisi. A esa hora el primero de los empresarios llegaba en un Fiat Uno blanco desde un banco céntrico. Había retirado el dinero para pagar los sueldos del personal, que lo esperaba en la puerta del galpón tras finalizar la jornada laboral.

Cuando González descendió del vehículo aparecieron dos hombres armados. "Uno de los delincuentes tenía una pistola y una granada. Enseguida encañonó a los empleados y los obligó a ingresar al taller bajo amaenazas. El otro sólo tenía una pistola y redujo al empresario, lo empujó al interior del local y lo llevó hasta la planta alta. Allí obligó a dos empleadas a tirarse al piso y se encerró en un privado con González", dijo aquel día una fuente.

Pasaron pocos segundos hasta que dos estampidos alteraron la situación que se vivía en la metalúrgica. "El empresario le dió todo el dinero que tenía pero el asaltante insistió con pedirle más. González no reaccionó pero recibió un balazo que le perforó el cráneo y lo mató en el acto. El otro disparo no lo alcanzó a tocar", agregaron los voceros policiales.

Tras ello el ladrón bajó a la carrera, le dio aviso a su cómplice y con un obrero como escudo salieron a la carrera. A unos 30 metros de allí liberaron al rehén y escaparon por calle Garzón hacia el norte llevándose 2.400 pesos-dólares. Cuando los primeros agentes arribaron al lugar, González yacía muerto sobre el piso de su oficina.

Para los investigadores, quien efectuó el disparo que terminó con la vida de González no fue otro que Walter Darío Ríos, el hombre que la tarde del miércoles murió de la misma forma en que vivió: a los tiros.

"A los pocos días del hecho nosotros apresamos en la zona de Vélez Sarsfield al 6000 a Raul Ruíz, un hombre que tenía unos 30 años y que primero dio otra identidad", recordó ayer el comisario retirado José Luis Juárez, quien comandaba por entonces la Brigada de Homicidios de la policía rosarina. La crónica de La Capital sobre ese allanamiento decía que el apresado, al verse rodeado por la policía, tiró una frase casi a modo de confesión: "Loco, pegame un tiro porque estoy perdido. Con esto me quedo sin familia y voy a hacer lo imposible para pirarme".

Acerca del cómplice de Ruiz, la policía dijo haberlo identificado rápidamente. Juárez sostuvo aquel día que "a partir del aporte que hicieron los empleados de la metalúrgica y los vecinos que vieron huir a los delincuentes, se pudo determinar el patrón físico del autor material del homicidio y posteriormente establecer su identidad, la que fue corroborada más tarde mediante un reconocimiento fotográfico de los propios testigos". Era Walter Darío Ríos y vivía en esa zona, en Vélez Sarsfield al 5800, el mismo lugar donde ayer a la mañana su familia le dio el último adiós. "A ese tipo lo fuimos a buscar a Rafael Castillo, en el Gran Buenos Aires, donde vivía su abuela", recordó el comisario Juárez. Pero los pesquisas no tuvieron éxito y volvieron con las manos vacías.

En la villa. Tras ello, "información de calle" les permitió saber a los investigadores que el hombre se aguantaba en una casilla de lo más profundo y humilde del barrio Ludueña. "Nos llegó el dato de que todas las mañanas, una chica jovencita le llevaba una vianda que su madre le preparaba para que coma, pero que el tipo ni se asomaba a la calle", contó Juárez. Y entonces los policías montaron una guardia sobre la casa familiar y siguieron a esa chica. Así apresaron a Ríos y lo llevaron ante la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas.

En 2005 se confirmó la sentencia que mandó tras las rejas a Ríos tras ser hallado culpable de robo calificado en concurso ideal con homicidio. Nadie supo informar cuándo regresó el hombre a las calles, pero sí está claro que su nombre volvió a las crónicas policiales en las ediciones de ayer y fue por su último golpe.

Mucha plata. El final de la carrera delictiva de Ríos llegó antes de las 3 de la tarde del miércoles. Entonces, junto a dos cómplices que anoche permanecían prófugos, perpetraron un golpe de película que él no pudo concluir. Vestidos con ropas de obreros, usando cascos de albañiles y llevando mochilas con herramientas, se pararon en la garita de avenida San Martín y Mister Ross simulando esperar un colectivo.

Habían pasado pocos minutos de las 14.30 y en vez de un colectivo llegó al lugar un camión de caudales de la firma Prosegur que iba a abastecer de dinero a la sucursal del Nuevo Banco de Entre Ríos de avenida San Martín 4415. Entonces, del camión bajó un custodio fuertemente armado y un portavalores llevando dos sacas con unos 300 mil pesos cada una.

No alcanzaron a entrar al banco cuando los falsos obreros que esperaban el colectivo se les fueron encima. Uno de ellos agarró las sacas con la plata, y los otros dos empezaron a cruzar tiros con el custodio alterando la vida de una cuadra comercial en la cual la gente tuvo que tirarse al piso y esconderse en los pocos negocios abiertos a esa hora para cubrirse de las balas.

Autos robados. Dos de los asaltantes, con las sacas en sus manos, huyeron a la carrera por calle Mister Ross y se subieron a un Chevrolet Corsa gris que había sido robado la semana pasada en Soldini. Ese auto apareció abandonado después en Juan Manuel de Rosas y 24 de Septiembre, a diez cuadras del banco. En su interior tenía una tarjeta verde de un viejo Fiat Regatta que también había sido robado. Al abandonar el primer auto, dicen los pesquisas, se subieron al otro coche. Ese Regatta apareció entrada la noche en Tupac Amaru y las vías, en el mismo barrio Ludueña donde había caído Ríos tras el crimen que cometió en 2001.

Pero Walter Ríos tomó otro camino. Se fue corriendo hacia el sur y sin un peso en el bolsillo. Una bala disparada por los empleados de Prosegur le perforó la espalda. Con esfuerzo siguió corriendo y al llegar frente a una casa de Juan Canals al 900 cayó sin vida. Junto a su cuerpo quedó un revólver calibre 38 con siete balas percutadas.

Ayer los policías de la comisaría 15ª y de la Inspección de Zona 3ª trabajaban sobre los autos secuestrados para buscar rastros que los lleven a los cómplices de Ríos. Creían tenerlos identificados y saber dónde viven. Sin embargo, los allanamientos que realizaron fueron infructuosos.

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