A una semana de la fuga de ocho presos de la cárcel de Piñero, de los cuales en los días siguientes recapturaron a cuatro, la polémica a nivel institucional continúa. Mientras avanza la investigación sobre la evasión ocurrida el último domingo de junio, los responsables de Asuntos Penitenciarios de la provincia se aprontan para dar explicaciones en la legislatura provincial. En ese clima La Capital tuvo acceso a un recorrido por el interior del penal que hace tres días tiene a la cabeza a un nuevo director, ya que el anterior fue corrido después de ser imputado por otra fuga sucedida en mayo pasado.
Desde adentro de la cárcel de Piñero la reconstrucción de la fuga vuelve todo más increíble. La distancia desde el tejido perimetral del fondo del complejo hasta el pabellón 14, del cual se fugaron los ocho presos, toma su verdadera dimensión cuando se la recorre a pie. Ahí fue donde cerca de las 17 tres personas que llegaron en auto forzaron un primer tejido al cual arrancaron del piso. Después, con una amoladora portátil, cortaron otro alambrado y así pudieron entrar al predio. Para llegar al pabellón 14 tuvieron que correr unos 100 metros.
Según reconstruyen los empleados de Piñero, las tres personas que llegaron para facilitar la fuga hicieron ese tramo disparando a mansalva mientras corrían en paralelo al tejido perimetral del lateral izquierdo del complejo. Las marcas de los balazos quedaron plasmadas en las garitas de vigilancia y contra las paredes de los pabellones. Los centinelas que declararon en el marco de la investigación que se abrió a partir de la fuga dejaron en claro que se sorprendieron por los tiros, ya que su trabajo consiste en estar apostados con vista hacia el interior de la cárcel.
Son unos pocos metros de altura hasta la pequeña garita cerrada en la que los centinelas hacen guardia con turnos de 2 o 3 horas. El personal que acompañó a La Capital durante el recorrido apoya la versión de que los centinelas hicieron todo lo que pudieron, aún exponiéndose a los balazos. Es que las garitas son cerradas y tienen barandas abiertas, por lo cual quedaban expuesto al intentar repeler los balazos.
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Ese relato es el que por el momento explica cómo fue que tres personas corrieron tantos metros libremente y luego, ya a la altura del pabellón 14, se tomaron el tiempo de cortar dos tejidos más. Entre el patio del pabellón y el camino de patrulla que corrieron las personas que llegaron desde afuera hay tres alambrados. Dos de ellos tienen una distancia de unos cinco metros. Ahí fue que estos hombres, mientras se tiroteaban con los centinelas que estaban en dos garitas a unos pocos metros de distancia, se abrieron paso con amoladoras portátiles.
Sobre uno de esos tejidos cortados cayó muerto a balazos Walter Ezequiel Soraire, un joven de 29 años que al parecer fue quien encabezó la avanzada abriendo los alambrados. El personal de Piñero que conversó con La Capital no pudo confirmar la mecánica de esa muerte. Soraire pudo haber sido baleado por uno de los centinelas o bien pudo ser alcanzado por un balazo de sus compañeros. Todos coincidieron en que para esa altura el tiroteo era demencial y que al joven "lo mandaron al muere".
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Hay un aspecto de la fuga que todavía no está claro y es cómo fue que los reclusos lograron romper el tejido del patio del pabellón 14. En distintos puntos del predio se hallaron cuatro amoladoras, por lo cual se presume que utilizaron una por cada tejido. Sin embargo el personal de Piñero descartó la posibilidad de que los internos tuvieran una amoladora propia en el interior de la cárcel.
Con todos los tejidos abiertos y con Soraire muerto a los pies de una de las garitas, los reclusos agarraron las armas que las otras personas habían llevado para reforzar así el ataque y cubrir la huida final a los tiros. Corrieron los 100 metros hasta donde habían hecho el primer boquete. Para esa altura los centinelas al parecer ya no contaban con municiones y no habían logrado pedir refuerzos para evitar la evasión. Los reclusos se subieron al auto que los esperaba en el camino rural que da al fondo del complejo y ahí lograron la fuga definitiva.
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Foto Celina Mutti Lovera
Una mañana silenciosa
Mauricio Miriani es desde hace cuatro días el nuevo director de la cárcel de Piñero. Su antecesor, Hernán Ocampo, fue imputado por la fuga ocurrida en la misma unidad a mediados de mayo pasado. Fue cuando dos reclusos se evadieron del penal dentro de dos cajas que eran llevadas en carros por familiares que los habían ido a visitar. Ocampo fue imputado por avisar tarde lo que había ocurrido, luego fue desplazado de su cargo y hasta que asumió Miriani la cárcel no tuvo director.
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La mañana de este sábado Miriani y un grupo del personal de Piñero acompañó a La Capital a un recorrido por el complejo. A pesar de que la visita se hizo en uno de los dos turnos diarios en que los reclusos tienen permiso para salir al patio, el complejo parecía deshabitado.
La cárcel está compuesta por 6 módulos que a su vez están integrados por cuatro pabellones cada uno. Es decir que en total hay 24 patios, pero solo en uno de los más lejanos pudo verse a dos internos caminando alrededor. Al pasar cerca de los distintos pabellones podían escucharse conversaciones en grupo, música, diálogos, discusiones.
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Piñero hoy. El camino rural y el sendero de patrulla interno por donde se movió el grupo que liberó a los presos.
Foto Celina Mutti Lovera
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"Los días se hacen re largos. Tenés que estar tranquilo. Yo te entiendo", le decía un interno a otro. Hablaban casi a los gritos porque estaban en uno de los sectores de resguardo que tiene cada módulo, en el cual hay ocho celdas individuales para reclusos designados para estar ahí por problemas con otros internos o porque están de paso por la unidad antes de ser trasladados a otra.
A una semana de la fuga en los alrededores de la cárcel la tensión se refleja en las custodias policiales que hay desde entonces. Sobre el ingreso al camino rural por el cual se concretó la evasión un móvil de la policía provincial se cruzó con el equipo de La Capital que tomaba registro gráfico del complejo. Entonces el oficial que conducía dio la advertencia: "Cuidado si van para aquel lado porque tienen la orden de disparar. Capaz ven un auto blanco y lo cagan a tiros. Están muy susceptibles".