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Quién era el joven que cortó el cerco de Piñero para que se fuguen ocho presos

Walter Ezequiel Soraire tenía 29 años y murió de un balazo en medio del escape. Tenía tres antecedentes por delitos menores y muchos problemas de adicciones

Sábado 03 de Julio de 2021

El domingo 27 de junio ocho internos se fugaron de la cárcel de Piñero y cuatro ya fueron recapturados. Para lograr la evasión, otros cuatro hombres llegaron hasta el penal ubicado en el Gran Rosario a bordo de un Peugeot 3008 y se apostó sobre un camino rural de las cercanías. Entonces bajaron tres de ellos con sus rostros cubiertos con capuchas y portando armas de fuego. Incluso, uno llevaba una amoladora portátil con la que cortó dos de los alambrados perimetrales de la prisión para abrir el camino a la fuga. Ese muchacho, cual infante que encabeza el ataque de un batallón se llamaba Walter Ezequiel Soraire y tenía 29 años. Quedó en la primera línea de fuego y asumiendo todos los riesgos. Fue el “perejil” del operativo. Cuando los agentes penitenciarios descubrieron la maniobra se desató un enfrentamiento y Soraire fue alcanzado por un disparo calibre 9 milímetros que aún no se sabe de que arma partió y que le quitó la vida. Soraire no era ningún peso pesado del hampa. Era un hombre muy conocido en la zona de Flamarión al 5000, donde reside su familia y donde los vecinos y allegados accedieron a hablar con La Capital. Trabajaba como cartonero y a veces vendía verduras puerta a puerta. Solo tenía un par de antecedentes penales y su único gran problema era la adicción a la cocaína. En el barrio lo conocían como “Walterio” y aseguran que no pertenecía a banda alguna. ¿Cómo llegó a ese lugar con una amoladora un hombre así?

En la zona de villa Flamarión varios vecinos conocen a la familia de Walter. Pero ni su madre ni sus parientes quieren hablar. Tienen mucho miedo de que los maten, de que alguien quiera venganza. Y no logran comprender que hacía Walter en un hecho que pasará a la historia de la fugas carcelarias santafesinas.

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Un hombre que lo conoció desde chico contó sobre la vida del único muerto en la fuga. “Era un chico con graves problemas de adicciones. Tomaba cocaína y fumaba marihuana desde los 16 años. Sé que la familia lo llevó a un instituto de rehabilitación y que estuvo una semana internado ahí, habrá sido hace dos años. Pero después lo mandaron a la casa y ahí se quedó”.

Sus antecedentes penales datan de junio de 2008, cuando siendo menor fue acusado por un robo calificado. En junio de 2011 sumó una causa por tentativa de robo y en marzo de 2020 una última imputación fue por encubrimiento de robo. Todo en jurisdicción de la comisaría 15ª. Según los vecinos “todo lo hacía cuando no tenía plata para pagar las drogas, algo que empezó de chico. La familia trataba de contenerlo pero él se perdía, se iba por dos o tres días y no se sabía dónde estaba”, aseguran.

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En un primer momento se especuló con que Walter podía formar parte de la banda de “Los gorditos”, un grupo que a fuerza de tiros y extorsiones logró hacerse del territorio del asentamiento de Flammarión y Gutiérrez, paralelo a las vías que delimitan Tiro Suizo y Las Delicias. “Aprietan a pibes para que les vendan droga por la zona y si se niegan se pudre todo”, cuentan los vecinos sobre esa banda. Pero Walter no era parte de ese grupo, sostienen. “Ni siquiera andaba haciendo bardo. Era un pibe tranquilo, que salía a vender frutas y verduras o a cartonear. Pero después con esa plata se drogaba y se perdía. No llevaba nunca armas, ni sabía tirar, si te robaba algo era para comprar merca, pero no robaba más. Trabajaba y vivía con la madre y el hermanito, que es discapacitado. El nene está destrozado igual que la familia, que no entiende qué pasó, cómo llegó a estar en ese lugar, contó un allegado a los Soraire.

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Walter Ezequiel Soraire, asesinado de un balazo cuando cortaba el cerco perimetral de la cárcel.

Walter Ezequiel Soraire, asesinado de un balazo cuando cortaba el cerco perimetral de la cárcel.

Una vida sencilla

Para los vecinos, la vida de Walter era sencilla. “Se levantaba, tomaba unos mates y se iba a cartonear o salía con el carro a vender verduras. Parecía un chico aunque ya tenía como treinta años. Después andaba por el barrio, pero no se juntaba con nadie ni tiraba tiros en la esquina. ¿Soldadito? ¡No!, que va a ser soldadito, tenía el problema del consumo no más”, aseguró un joven que lo conocía desde chico y con el que compartió muchas horas en el barrio humilde junto a las vías.

“Fue a la escuela hasta los 16 o 17 años. Terminó el segundo año de la secundaria y después empezó a consumir. Eso lo dejó mal. Creo que se crió sin padre, la madre tuvo que afrontar todo sola y hacerse cargo del hermanito que no está bien y a él lo adoraba”, dijo el mismo amigo.

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Recorriendo las cuadras de la villa Flammarión aparecen más datos de la vida cotidiana de Walter. “Era un chico medio chiquito de cabeza. Parecía un chico, pero eso por la merca. Uno le decía andá a cortar un árbol que te doy mil pesos y si no tenía plata lo hacía, cuando es un trabajo mucho más caro. Tenía altibajos en el consumo, si agarraba algo de plata se la tomaba toda y había largos días en que estaba bien. Era un chico cariñoso con su familia y siempre volvía a ellos, lo querían mucho, hicieron de todo para sacarlo de la droga pero no pudieron”, aseguró una mujer que vive a metros de la casa de la familia Soraire.

En esas ausencias puede estar la respuesta de por qué Walter terminó con un tiro en la cabeza el domingo mientras cortaba el alambrado perimetral de la cárcel de Piñero, un tiro que aún no se sabe quien disparó. Varios de los fugados tenían dirección en el barrio Santa lucía, en la zona oeste de la ciudad, pero los amigos de Walter aseguran que “él no conocía a nadie de Santa Lucía. Por ahí se los cruzó o se topó con alguno cuando vendía con el carro. Capaz que le ofrecieron plata para comprar merca y el pobre se mandó sin saber las consecuencias que podía correr”.

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“Era un chico manipulable, capaz que le ofrecieron un poco de cocaína y aceptó cortar el alambrado. Por ahí estaba muy drogado. Nadie que esté bien se mete ahí o hace lo que él hizo. Si lo hubieran amenazado la familia lo sabría, pero ellos no dicen nada, tienen mucho miedo. No se explican cómo fue que llegó ahí el pibe, no lo pueden creer”, cuentan los amigos de Walter.

Esos mismos amigos descartan que fuera un hombre violento, pero sí que el consumo de cocaína lo transformaba. Ahora se espera que la autopsia compruebe de dónde partió la bala que terminó con su vida y que los análisis anatomopatológicos determinen si estaba drogado cuando se puso a cortar alambrados con una amoladora para permitir la fuga de ocho presos que, dicen, “él no conocía”.

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