POLICIALES

El celular que transmitió en directo al 911 el crimen de un albañil en Vía Honda

Una mujer contactó a la central al temer un asalto. La llamada registró golpes, gritos y el disparo policial que mató a su marido

Domingo 17 de Enero de 2021

Rafael Acosta Venialgo era hincha de River. El martes a la noche vio el partido contra Palmeiras en Brasil y se fue a dormir con el sabor amargo de la derrota. Media hora después de la medianoche, un fuerte golpe despertó a su esposa. “¡Abrí! ¡Abrí!”, gritaban afuera. María Seferina pensó que iban a asaltarlos y le avisó a su marido. Mientras él se atrincheraba detrás de la puerta de chapa verde, con un machete oxidado como única defensa, ella llamaba al 911. Escuchó que irrumpían en su casa de Vía Honda y, sin cortar la llamada, arrojó el teléfono bajo un ropero para que no se lo robaran. Así, desde el piso, el aparato transmitió en vivo a la central telefónica cómo el albañil paraguayo de 55 años era asesinado con un disparo de escopeta policial.

El registro de ese llamado al 911 es una de las pruebas que el fiscal de Homicidios Adrián Spelta invocó el viernes en una audiencia contra dos policías que duró hasta entrada la noche. Los golpes en un portón que da a la calle, el ruido de los vidrios rotos al estallar el ventiluz de la puerta interior, una voz que ordena “tirate al piso” y la detonación de un arma. Todo eso quedó grabado en la llamada que María Seferina, con el nerviosismo del momento, no llegó a cortar.

Su testimonio describe cómo transcurrió puertas adentro un caso que el fiscal encuadró como un homicidio calificado por abuso de la función policial. Bajo ese reproche, el efectivo Miguel Angel Y. fue imputado como autor del disparo mortal, cometido en medio de un allanamiento ilegal. En tanto que al policía Roque M. le asignaron los delitos de encubrimiento y falsificación ideológica por insertar un relato falso de los hechos en el acta de procedimientos, además de ser coautor de la requisa ilegítima.

Según planteó el fiscal en la audiencia, todo comenzó cuando los dos policías fueron comisionados por el 911 por un hecho de amenazas en la zona de Patagones al 4100. En ese lugar, una mujer denunció que su ex pareja —un hijastro del albañil asesinado— había violentado una restricción de acercamiento y la había amenazado con una escopeta. En la búsqueda del muchacho, los efectivos recorrieron 600 metros hasta la casa de Acosta Venialgo, en el pasaje 1821 al 4900 (Avellaneda al 4400).

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Alrededor de las 0.30 violentaron entre ruidos atronadores el portón del frente, que da a un pequeño patio delantero. Luego forzaron la puerta de entrada de la casa —cerrada con llave— e ingresaron a la casa sin orden de allanamiento y sin identificarse. Detrás de la puerta estaba el albañil. Que “ante el temor de sufrir un robo en su morada”, según la imputación, decidió “tomar un machete para defenderse” mientras su esposa llamaba dos veces al 911.

De acuerdo con la mecánica que reconstruyó el fiscal, en medio de un forcejeo el policía Y. “montó una bala en la recámara” de la escopeta marca Escort Hatsan con munición antitumulto y “como Acosta no se desprendía del machete, efectuó una detonación a muy corta distancia” que impactó en el rostro del albañil, a la altura del cuello. Con la demora de la ambulancia, murió unos cuarenta minutos más tarde camino al hospital. Su hijastro, a quien buscaban, no estaba en la casa. Ya había sido retenido en las inmediaciones.

El acta que el fiscal considera falseada refiere que la víctima hirió a Y. con el machete —el policía tiene algunos cortes superficiales— y que a éste se le escapó el disparo al perder el equilibrio. La familia, en cambio, salió desde el principio a denunciar un caso de “gatillo fácil”: “Acá mataron a un tipo que era un laburante. Mataron a un trabajador inocente a sangre fría y los milicos quisieron ensuciarlo plantándole un arma”, gritaron con indignación los allegados a Acosta el miércoles al mediodía, cuando el fiscal recorría la escena. De donde se llevó un dispenser de agua perforado por los perdigones, la cerradura violentada y partes de la dentadura postiza que la víctima perdió con el escopetazo, además de dos tacos plásticos y quince postas de goma de color celeste.

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“Yo estaba durmiendo con mi marido, calculo que a las 0.30 sentí que gritaban y golpes en la puerta”, contó en la sede fiscal María Seferina, esposa de la víctima. “Le avisé a Rafael que venía alguien y él se levantó y se fue hasta la puerta de la casa, que es de color verde —siguió—. La cerró más. La puerta ya tenía llave, le agregó la traba de abajo y de arriba. Mientras él hacía esto, yo en otra habitación llamé a la policía por primera vez, le dije que estaban tratando de robar en mi casa, que vengan”.

Entonces se asomó a la cocina y vio a Rafael con el machete en la mano. “Me preguntó si había llamado a la policía y me dijo que llame de nuevo”. En el segundo llamado, la mujer avisó al 911 que estaban tratando de romper la puerta. “La rompen y luego empezó el tiroteo fuerte. Escuché dos tiros fuertes, pero eran balas de goma, así que hay como veinte (perdigones). Yo estaba escondida en la otra habitación, pero cuando escuché el tiro fui a ver y vi a mi marido desangrándose en el piso y un policía que me apunta con arma larga”, dijo, y describió al efectivo como alto, flaco, herido en un brazo.

“En todo momento yo dejé el celular abajo del ropero por susto de que me lo roben, no recuerdo si corté o no la comunicación con el 911”, indicó. Este es el llamado que registró los sonidos que rodearon al crimen. El registro de esa comunicación de las 0.52 a la central telefónica refiere: “Fuertes ruidos de fondo, se escuchan golpes, gritos de masculinos diciendo «tirate al suelo» y luego deja de responder”.

La viuda de Rafael contó que, con el albañil herido en el piso, el policía le preguntó de qué trabajaban y si tenían plata. Ella respondió que su marido era albañil y que ella atiende un pequeño quiosco en el frente. En cuanto al dinero, le dijo que el mismo día lo habían gastado para reponer mercadería.

“Yo quise prender la luz y el policía no me dejó. Me dijo que me quede en el quiosco y revisó toda la casa, la mochila de mi marido, el aparador donde estaban los cubiertos, todo eso. Una hora más tarde llegó la ambulancia”, añadió la mujer, que al otro policía no lo vio hacer ni decir “nada”. “¿El machete era de su marido?”, le preguntaron en el Ministerio Público de la Acusación. “Sí, con eso cortaba el pasto. Es un machete, oxidado, no tenía filo”, respondió.

El compendio de evidencia también recoge el testimonio de un hermano del hijastro de Acosta al que buscaban esa noche. El joven contó que iba con su hermano en su auto cuando se encontraron con policías en Patagones y Garibaldi. “Le dije que se entregue tranquilamente, que después lo solucionábamos”. Su hermano subió al patrullero y él regresó al auto. Cuando se iba, miró el celular y encontró un mensaje de su madre. Era un audio enviado a las 0.51, minutos antes del disparo que mató a Rafael: “Vení por favor. Si tenés armas traé y llamá a la policía”, rogaba, en lengua guaraní.

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