"Me estoy muriendo, llamen a una ambulancia", exclamó ayer a la madrugada, y con
su último aliento, Juan Domingo Cano. Dos hombres que lo habían interceptado en un auto, en una
oscura esquina del barrio Alvear, le dispararon cinco balazos que le perforaron el cuerpo. Los
lamentos de Cano, de 49 años, resonaron durante unos diez minutos y unos vecinos que escucharon los
ruegos dieron aviso al Sies. Cuarenta minutos más tarde una ambulancia trasladó al baleado al
Hospital de Emergencias Clemente Alvarez, adonde el hombre llegó muerto.
Una fuente de la Brigada de Homicidios señaló que el Negro Cano había
incursionado tiempo atrás en el mundo del delito, pero que "todas las causas judiciales en las que
estuvo involucrado se habían cerrado hace unos diez años".
El hombre asesinado, dijo el vocero, también alentó a Newell’s Old Boys
desde la tribuna popular cuando la barra brava era liderada por el prófugo Roberto Pimpi Camino,
aunque se encargó de aclarar que no hay elementos para vincular el homicidio con pujas entre las
barras.
Los móviles.Todo indica que los motivos del crimen hay que buscarlos en una
disputa por la comercialización de estupefacientes en el barrio Alvear, donde Cano vivía. "Todo
indica que se quedó con un vuelto por la venta de drogas", señaló un allegado a la pesquisa.
Y para reforzar esa hipótesis, el portavoz comentó que a mediados de la semana
pasada Cano había sido amenazado de muerte en su propia casa. Los efectivos de la comisaría 18ª
—con jurisdicción en la zona— se enteraron de esa intimidación ayer, cuando llegaron a
la vivienda de Cano y hablaron con sus familiares.
La reconstrucción del crimen que realizaron los pesquisas determinó que, cerca
de la medianoche del sábado, Cano salió de su casa de Iriondo al 3800 para "ir a comer un asado a
la casa de un amigo", según contó su familia a los investigadores. El hincha leproso iba vestido
con un short y la camiseta de Newell’s. Tras caminar cinco cuadras, atravesó la plaza Galicia
(Biedma al 2900) y cuando llegó al cruce de Biedma y Riccheri se desató la balacera mortal.
Al parecer, el hombre apenas pudo cruzar la calle. Es que un auto de color rojo
que presuntamente seguía a Cano se detuvo intempestivamente frente a él. Se bajaron dos hombres y
sin mediar palabra le dispararon a quemarropa. Cinco balazos perforaron el cuerpo de la
víctima.
Tras el ataque, los agresores se esfumaron y Cano quedó tendido y malherido
sobre la vereda de una casa ubicada en la misma esquina del hecho. Curiosamente, en ese momento un
colectivo con hinchas rojinegros que regresaban de Buenos Aires después de ver el triunfo de
Newell’s ante Boca pasó por el lugar, pero no detuvo su marcha, según confiaron los
vecinos.
Los estampidos de las balas fueron escuchados por habitantes de la barriada,
pero nadie se atrevió a salir a la calle. Las frecuentes grescas que ocurren en la zona, según dijo
una mujer, los desalentaron.
Auxilio. Pero el ruego de Cano clamando por ayuda fue escuchado por una pareja
que vive frente al lugar del ataque. "Me dieron, llamen a una ambulancia", gritó el hombre con las
pocas fuerzas que le quedaban.
La pareja se contactó entonces con el Sies pero, según contaron, la ambulancia
demoró unos cuarenta minutos en arribar a la escena del suceso. "Después que llamé, ellos me
llamaron dos veces para preguntarme dónde estaba el herido. Les dije que no sabía porque no podía
ver bien el cuerpo desde mi casa", se quejó Cristina, la vecina que dio el alerta.
Lo cierto es que Cano fue trasladado en un móvil sanitario al Hospital de
Emergencias Clemente Alvarez, pero murió en el camino. Dos balazos le habían atravesado el tórax y
otros tres proyectiles le habían perforado el abdomen. Un rato después, una patrulla del Comando
Radioeléctrico arribó al cruce de Riccheri y Biedma. Allí, los uniformados se contactaron con una
persona que presenció el ataque. Es una mujer que brindó a los policías los rasgos físicos de uno
de los agresores. "Dijo que uno de los tipos era morocho y tenía el pelo largo", explicó un vocero
policial.
Sin embargo, hasta anoche, los autores del ataque no habían sido localizados por
los pesquisas. La investigación quedó a cargo de los efectivos de la Brigada de Homicidios y de la
comisaría 18ª.