Claudio Alejandro Román escuchó los tiros contra la chapa y se dio cuenta de que pegaban en el portón de su casa del barrio Empalme Graneros, de la que había salido minutos antes y donde estaban su pareja y su hijo de un año. Desesperado, volvió sobre sus pasos e increpó a los tiradores, a quienes sus vecinos identificaron como unos cobradores de préstamos informales. Tres años después, un colombiano afincado en Rosario fue condenado a 14 años de cárcel por el crimen ocurrido la tarde del 27 de noviembre de 2020 en Empalme Graneros como corolario de una discusión.
El acusado de 29 años, Cristian Camilo Ghiraldo Ramírez, afrontaba una pedido de 20 años de prisión requerido en juicio por la fiscal Gisela Paolicelli por los delitos de homicidio agravado y las amenazas previas a la víctima, también calificadas por el uso de arma de fuego. El tribunal oral compuesto por los jueces de primera instancia Ismael Manfrin, Paola Aguirre y María Isabel Más Varela lo condenó por el crimen pero lo absolvió del otro delito, con lo que el resultado fue una pena más baja a 14 años de cárcel.
En el mismo juicio, culminado el pasado jueves en el Centro de Justicia Penal, fue condenada a dos años de prisión condicional Damaris Daiana Benítez, de 24 años, quien llegó al debate oral acusada de amenazas simples, delito que precedió al crimen. En los próximos días se conocerán los fundamentos del fallo.
Broma fatal
De origen chaqueño y padre de un niño de 1 año, Claudio Román se había afincado en una humilde vivienda en la zona de Olavarrría al 1500 bis, en el barrio Empalme Graneros. Vivía con su pareja y su hijo en un pasillo que se abre como prolongación de la calle María de Los Angeles, a unos 200 metros del asentamiento Los Pumitas. En esa zona, los pasillos son anchos y funcionan como calles que permiten el paso de un auto. Como la gran mayoría de los vecinos del barrio, Román trabajaba cartoneando y según quienes lo conocían era ajeno a disputas violentas.
Según la imputación oportunamente formulada por la fiscal Paolicelli, entre las 18.30 y las 19 del 27 de noviembre de 2020 Damaris llegó a bordo de una moto y acompañada por un hermano que hasta el momento se mantuvo prófugo de la Justicia a realizar una cobranza a un kiosco ubicado en Olavarría al 1300 bis, en uno de los empobrecidos bordes del barrio Empalme Graneros, en la zona noroeste de Rosario.
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En ese momento Claudio Alejandro Román se encontraba en la vereda y, a modo de broma, les pidió dinero a los recién llegados, sindicados como usureros barriales que habían salido a hacer cobranzas. “Eh, amigo. ¿Me prestás 10 mil pesos?”, preguntó el cartonero oriundo del Chaco a lo que, según la acusación, Benítez le contestó de mala gana: “No, no te conozco”. Román insistió y se generó un entredicho entre ambos que Daiana cerró diciendo: “Ahora viene mi marido y te va a cagar a tiros”.
Cabito se fue a su casa y al rato salió para comprar una cerveza en un quiosco a la vuelta. Aylén, su pareja, terminó de cambiar al pequeño hijo de ambos y salió detrás de él. Pero un olvido la detuvo en el portón de ingreso, un trozo de chapón atado con alambres, y regresó a la vivienda. Entretanto Román llegó hasta el quiosco y en ese lugar volvió a tener una discusión con el hermano de Benítez, quien le arrojó una piedra y lo lastimó en la cabeza.
El cartonero se quedó charlando con vecinos y conocidos en la boca del pasillo, sobre Olavarría a metros de María de los Angeles. Hasta que minutos después, sobre las 18.45, llegó a ese lugar el hermano de Daiana Benítez acompañado por Ghiraldo Ramírez, ambos a bordo de una Honda Tornada blanca. Se detuvieron contra el portón de la casa de Cabito y comenzaron a disparar.
Frente a frente
Cuando Román escuchó el primer disparo giró sobre su eje y comenzó a correr hacia su casa. Al acercarse, constató que los disparos estaban dirigidos a su portón. Al llegar les recriminó a los tiradores lo que estaban haciendo. Entonces fue recibido con un disparo a la cabeza y otro al pecho.
El resultado fue mortal. Según las declaraciones de testigos, Ghiraldo Ramírez le disparó a Cabito al menos dos veces y huyó con su cuñado en la moto por Olavarría. Alcanzado por dos balazos, Román fue llevado en el auto de un vecino hasta el hospital Alberdi donde minutos después murió. En tanto, Ghiraldo Ramírez se entregó cuatro días después acompañado por su abogado en la sede de la Agencia de Investigación Criminal (AIC).
“No sé qué les pasó a estos tipos.Nosotros no tenemos problemas ni deudas con nadie. Y vinieron y nos balearon el portón. Cuando Claudio vio eso corrió para recriminarles lo que habían hecho y le dispararon. Le pegaron en la cabeza y el pecho. Dicen que le pegaron con una calibre 11.25”, explicó entonces a este diario Aylén, la compañera de Román y madre del hijo pequeño de ambos.
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“Claudio salió y se fue a la esquina. Yo iba detrás de él, pero me olvidé algo y me volví para la casa. Si me quedaba un minuto más en el portón de entrada me matan a mí y al nene. Porque yo lo tenía en brazos. Cuando escuché los balazos salí corriendo y vi a Claudio, un vecino ya se lo llevaba en un auto”, explicó Aylén. Los testigos dijeron que el único motivo de la agresión fue el pedido de dinero por parte de la víctima.
Finalmente, al término del juicio oral realizado en el Centro de Justicia Penal el tribunal condenó a Ghiraldo Ramírez a 14 años de cárcel por los delitos de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y lo absolvió de otros delitos que le habían achacado: amenazas calificadas por uso de arma de fuego, por el principio de congruencia, y de portación ilegal de arma de fuego de uso civil, por atipicidad.
En cuanto a Damaris Benítez, la pena de dos años de ejecución condicional incluye reglas de conducta que deberá cumplir durante ese lapso, entre ellas deberá ser controlada por el Patronato de Liberados, abstenerse de consumir alcohol y drogas, la prohibición absoluta de contactarse con familiares de la víctima, terminar su escolaridad y adoptar un arte, oficio o profesión de acuerdo con sus capacidades.