Policiales

Convocan al taxista que llevó a los asesinos del sindicalista Abel Beroiz

Manejaba el taxi que tomaron los sicarios tras el crimen del líder camionero en el subsuelo del ACA. En 2007 le envió una carta anónima al juez con el relato del viaje. Quieren que declare en el juicio.

Jueves 10 de Febrero de 2011

Había pasado un mes del crimen del sindicalista Abel Beroiz cuando una carta anónima llegó al juzgado que investigaba el caso. La causa era un enigma: nada se sabía aún de los autores del homicidio ni de la interna gremial que, se presume, lo impulsó. Intrigado en su oficina, el juez Osvaldo Barbero abrió el sobre y encontró un manuscrito en temblorosa letra imprenta. El autor decía ser el taxista que trasladó a los asesinos tras el ataque a tiros y puñaladas, ocurrido en noviembre de 2007 en una cochera céntrica.

"Más o menos a las 7 de la mañana levanté en mi taxi a dos muchachos jóvenes que estaban muy nerviosos, se subieron de prepo y me pidieron que los llevara para el sur", comenzó a contar el chofer. Ese testimonio que quedó inerte en la foja 828, en el quinto cuerpo de expediente, ahora se volvió una pieza a reflotar. Más de tres años después, en pleno juicio a los diez acusados de planear y ejecutar el crimen por encargo, el juez Carlos Carbone convocó a aquel taxista a presentarse para aportar su relato.

Es que, mientras sea anónimo, ese testimonio no tiene rigor legal. Por eso, a través de un comunicado de prensa, el juez pidió "a la comunidad de Rosario el aporte de información sobre el taxista que habría transportado el 27 de noviembre de 2007 a personas vinculadas con el crimen".

La intención del magistrado es que el chofer del anónimo pueda declarar para que su aporte sea válido. La carta está incluida en un tramo del expediente al que tuvo acceso LaCapital, pero se da a conocer recién ahora por el valor que adquirió en el juicio.

En aquel escrito el taxista expresaba su temor a sufrir represalias. Por eso, ahora, Carbone lo invitó a presentarse en su tribunal "con todas las garantías del caso". El llamado al chofer es una de las pruebas que solicitó el defensor de uno de los acusados. En diciembre de 2007 el juez Barbero, encargado de la instrucción, también lo había citado a través de la prensa, sin hacer mención entonces a la existencia del anónimo.

Antes y ahora. La situación actual ya no es la del nudo de preguntas de hace tres años. La prueba esencial fue recolectada. El asesino confesó y está preso. Y quienes aparecen como instigadores -apuntados por el sicario o por otras evidencias- están siendo juzgados. El proceso penal se acerca al final del camino. Está por culminar la etapa de presentación de pruebas y en marzo empiezan a vencer los plazos para los acusados permanezcan detenidos sin sentencia.

El estado de la investigación hoy dista mucho del abismo que reinaba en la causa cuando el taxista desconocido se vio impulsado a contar la historia que le tocó vivir. "Antes no hice esto por miedo y por eso no quiero colaborar abiertamente", dice en el encabezado dirigido al juez que investigó el caso.

"Resulta que más o menos a las 7 de la mañana levanté en mi taxi a dos muchachos jóvenes que estaban muy nerviosos. Prácticamente manotearon la manija y se me subieron de prepo. Me acuerdo que uno tenía una remera celeste y blanca y al otro no le presté atención porque al mirar para atrás nos seguía un auto", dijo.

No precisó en qué esquina levantó a los pasajeros, pero por los dichos de un testigo se sabe que los sicarios pararon un taxi en Sarmiento y San Juan tras salir corriendo del estacionamiento subterráneo del ACA de la plaza Montenegro. Allí le habían disparado tres tiros y aplicado varias puñaladas al líder del Sindicato de Camioneros de la provincia cuando fue a buscar su VW Passat.

El taxista contó que, al iniciar el viaje, los muchachos le pidieron ir a zona sur: "En el viaje hablaron poco entre ellos. Lo único que se decían era: «Atrás viene Marcelo, fijate que nos siga que nos tiene que pagar la otra mitad». Recuerdo que en un momento el auto se nos puso a la par y vi manejando a un hombre bien grandote, canoso, como de 50 años. Al lado un pelado y una mujer rubia atrás. Les hicieron señas para que paren, bajaron de mi auto y subieron al Megane camino al sur. Yo del susto me quedé parado en el auto porque temblaba mucho y no quería manejar así".

Contribución.El chofer relató que al culminar el viaje le pagaron con 20 pesos. Por lo que se advierte en la carta, la actitud de los pasajeros al subir, el diálogo entre ellos y la persecución amedrentaron al chofer, que admitió haber estado a punto de tirarse del auto. "Después de lo del estacionamiento y del hombre que mataron, pensé que me salvé de casualidad y por eso le escribo, por si le sirve para algo. Compréndame que necesito mantener a mi familia con mi trabajo y no puedo arriesgar. Yo no tuve nada que ver con estas cosas y solamente quiero colaborar", se despidió, antes de desearle a Barbero "lo mejor en las fiestas" y pedirle: "Sepa disculpar mi mala letra".

Lo que dijo el sicario.En su confesión, el asumido homicida Raúl Oscar Flores brindó un relato similar, que difiere en detalles. Dijo que el taxi los dejó a él y al adolescente que lo acompañaba en Corrientes y Pellegrini, donde los esperaba un Renault 19 azul. En ese auto, dijo, iban los instigadores del crimen, que recuperaron el arma de fuego y rompieron el chip de su celular. Al mediodía, declaró, dos hombres pasaron por su casa y le pagaron sólo 20 mil pesos de los 80 mil prometidos.

Flores fue detenido en marzo de 2008 en Tostado por robar una guitarra, cuando la policía santafesina estaba tras él como el autor material del crimen. Es que, en la escena del hecho, se le había caído una agenda con la foto del hombre al que debía matar y datos de allegados.

En sucesivas declaraciones, él mismo fue abriendo el espectro sobre otros acusados. Son el gremialista Juan Dell'Arciprete, el gestor de causas laborales Julio Gerez, el sindicalista Alejandro Lázaro, dos familiares de Flores, su concubina, la madre del menor que lo acompañó, el ex secretario adjunto Raúl Luna y su chofer Mario López.

La citación al taxista fue requerida por el defensor de Gerez, Jorge Bedouret, quien intenta probar que en el grupo de instigadores que retiró a Flores del taxi no estaba su cliente ni se movilizaban con su auto. "La descripción que da el chofer no coincide con el aspecto físico de Gerez", planteó el abogado.

En la investigación se estableció que el crimen de Beroiz fue planeado por un grupo sindical opositor, con el fin de ocupar su cargo y dar curso a un negocio con juicios laborales al que Beroiz había puesto freno.

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