POLICIALES

Como se reconstruyeron las bandas delictivas y narcos en la zona noroeste de Rosario

Son personas muy jóvenes que se conocen desde siempre y muchos están emparentados. Reemplazan a viejos líderes presos o muertos.

Martes 08 de Diciembre de 2020

El noroeste de la ciudad parece estar muy lejos. No hay avenidas directas ni rápidas. Tampoco mucha líneas de colectivos que lleven a barrios como Casiano Casas, La Esperanza, El Churrasco, Nuevo Alberdi, Fontanarrosa (ex Zona Cero) o Cristalería. Es una geografía esquiva en la cual, como en otros sectores rosarinos, se dan guerras silenciosas que saltan a las tapas de los diarios por las balaceras diarias, las usurpaciones y los heridos o muertos en tiroteos. Una zona en la que los vecinos, con la desaparición de los jefes tradicionales de algunas bandas, empezaron a conocer nuevos apodos y nombres como los encargados de manejar búnkers y delivery de drogas. Algunos de esos nombres son Iván S., Agustina, “La Poro”, “El gordo Flan”, Jésica S., “Rafa”, Darío C., “Los tuerca”, entre otros. Nombres que como en los nacientes años de Los Monos en la zona sur aún no son parte de los titulares de la prensa ni engrosan expedientes.

Desde el inicio del año se registraron varias muertes violentas en el marco de esta nueva disputa. En enero Leonardo Ponce fue baleado y acuchillado en su casa de Forner y Ranzi (en la ex Zona Cero). El muchacho, conocido hombre dedicado al narcotráfico y en su momento mano derecha de Luis Medina, era familiar de Maité Ponce, la niña de 5 años asesinada en medio de una pelea narco en Ávalos y Larrechea en 2018. En tanto, en febrero y con diez horas de diferencia, murieron bajo las balas Agustina Thompson y Daiana Paiva, mujeres ligadas al narcomenudeo. En septiembre, en tanto, dos hombres fueron ejecutados frente al paredón del cementerio de Granadero Baigorria aunque estaban ligados a historias de los barrios en danza: eran Ezequiel Omar Arrúa y Osvaldo Ibarra, se especula con que esas muertes son productos de venganzas pergeñadas en Nuevo Alberdi.

A esas muertes se suman otras más famosas, como la de Emanuel “Ema Pimpi” Sandoval, que en octubre de 2019 fue ejecutado por un grupo comando junto a dos personas más en barrio La Florida. El muchacho era uno de los “dueños” de la zona y a más de un año de ese crimen todavía no se sabe quien lo ejecutó. También se contabiliza en esa guerra la muerte de otro jefe del noroeste: Marcelo “Coto” Medrano, acribillado el 11 de septiembre de este año y de quien se sospecha abastecía a los narcotraficantes de Nuevo Alberdi. Cada una de esas muertes dejó un vacío.

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En julio pasado fue arrestada Tania Rostro e imputada como líder de una organización criminal. Sus conexiones con actores renombrados del mundo narco local se expresaron el año pasado cuando quedó procesada en la misma causa con Ariel Máximo “Guille” Cantero, Leandro “Gordo” Vilche y la mujer de éste, Gisela Bocutti, por comercio de drogas.

Todas esas ausencias fueron cubiertas por segundas líneas o familiares de jefes de banda que están presos, como “Lichi” Romero, principal eslabón de un clan ya conocido. En mayo murió Joel Nicolás Mansilla en Luzuriaga y Vieytes; y en septiembre Braiton Cejas falleció en un atentado donde hubo otros cuatro heridos. Por último, en noviembre quedó tendido sin vida en un basural Pablo Fernández en un asentamiento frente al barrio Fontanarrosa. A estas muertes se le acopla una cantidad incalculable de balaceras contra viviendas, algunas denunciadas y otras no.

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El 4 de enero de este año un niño de 6 años fue baleado cuando dos motociclistas pasaron por la puerta de su casa de la zona norte y acribillaron el frente, en la esquina de Ávalos y Larrechea, en el barrio El Churrasco. En esa vivienda, a mediados de 2018, había muerto Maité Ponce, de apenas 5 años. En ese momento los investigadores enmarcaron la balacera en la pelea por el liderazgo del territorio entre la alianza de los clanes de “Lichi” Romero y “Ema Pimpi” Sandoval contra la banda de una conocida transera, Olga “Tata” Medina. Se disputaban los barrios La Cerámica, El Churrasco y Nuevo Alberdi. Ahora nombres de distintos lugartenientes que respondían a esas bandas ocupan lugares distintos.

“En El Churrasco, con Ema Pimpi muerto, ahora se mueven mucho Iván S. y otro muchacho al que le dicen «Frentudo», pero este se dedica más al robo que al narco, aunque a veces se vuelven aliados”, contó una vecina que conoce en profundidad los barrios y la temática. De esas alianzas aparece “una piba que se llama Agustina y otra a la que le dicen La Poro”, sostuvo. Todos los jóvenes que “la mueven” se conocen desde “muy chicos”, agrgeó la vecina.

Por estos días se lleva a cabo un juicio contra Nahuel “Pechocho” Leguizamón por las muertes de los primos Nicolás Ezequiel Cóceres, de 19 años, y Mauro Barrionuevo, de 15, asesinados con diferencia de 53 días en 2018. Para “Pechocho” el fiscal pidió 40 años de cárcel bajo la figura de homicidio agravado, tenencia y portación ilegal de armas. Ambos crímenes tuvieron como trasfondo la disputa territorial por la venta de drogas en los barrios Parque Casas, La Cerámica, La Esperanza y El Churrasco.

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La ausencia de Marcelo “Coto” Medrano, quien según investigadores supo ser un hombre de Los Monos aunque supo independizarse de esa banda y abastecer la zona norte de Rosario, generó otra disputa tanto en la venta de estupefacientes como en la logística. Un dato interesante es que el 26 de noviembre, y de manera casual, al allanar un domicilio en Capitán Bermúdez se secuestraron 4 kilos de cocaína. “En el barrio se dice que la logística de Coto está intacta, pero por otro lado vendría droga desde La Granada de zona sur”.

En Nuevo Alberdi los nombres que resuenan son los mismos, los integrantes del clan Romero. Ahora, a los apodos de los integrantes de esa familia se le oponen otros: “Los llaman «Los tuerca» y se quieren quedar con una parte del negocio. Con ellos trabajan grupos que a veces son aliados y otras no. Un tal «Bica», otro que le dicen «Chino» y Jésica. Ellos participaron en un tiroteo de la zona del pozo. Además hay un 24 horas (como nombran al delivery de drogas) que funciona hace mucho por calle Irala”.

Otra zona que está en disputa es la llamada “Ciudad Olímpica”, una serie de monoblocks construidos a un costado de la autopista a Santa Fe. “Ahí mataron a un chico de apellido González. No se supo por qué, pero ahí usurpan casas y mueven drogas «Bicho» y «El gordo flan». Las casas a veces las venden y otras las usan como depósito de drogas”, contó un vecino que vive en la zona desde hace “más de veinte años”.

Los nombres y apodos que toman fuerza en el noroeste de Rosario ya se han vuelto populares en algunas esquinas y los vecinos de esos barrios saben perfectamente qué parcela del barrio corresponde a cada banda. “Queremos terminar con las balaceras y los muertos. Tal vez la droga no termine nunca, pero se pueden evitar mas tiroteos y la inseguridad. Así es difícil vivir”, aseguró un vecino que conoce la trama y las calles del noroeste.

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