Manuel Antonio Bornia y Daniel Lezcano eran vecinos. Más de siete años atrás los dos vivían en el barrio La Lata. El primero atendía un kiosco y almacén en Paraguay al 3200. El segundo vivía a escasos 50 metros. Por motivos que hasta hoy no están claros, aunque se habría tratado de una cuestión de dinero, los dos estaban peleados y tuvieron una confrontación final el 11 de junio de 2009, cuando el comerciante mató a su rival de dos disparos frente a su pareja y su pequeño hijo. Estuvo cinco años prófugo hasta que fue detenido y ahora la Cámara Penal acaba de confirmar su condena a 11 años y medio por aquel crimen.
El fallo de los camaristas Bibiana Alonso, Daniel Acosta y Carlos Carbone dejó firme la condena que en febrero del año pasado le había impuesto a Bornia la jueza de Sentencia Marisol Usandizaga. Así cerró, siete años más tarde, el trámite judicial por el conflicto que terminó con la vida de Lezcano, quien tenía 32 años y vivía en una humilde casa de pasaje Cuzco al 1500. En la intersección de ese pasaje y calle Paraguay atendía un pequeño almacén Bornia, nacido en Corrientes, de 45 años.
A las 14.25 de aquel día el comerciante llegó a su casa en un Volkswagen Gol rojo con su esposa, el hijo de ambos y un sobrino de la mujer. En ese momento se acercó Lezcano, discutieron, la pelea derivó en un cruce de manos y luego en el desenlace fatal. Es que el almacenero extrajo un revólver calibre 38, corrió a la víctima y disparó dos veces. Una bala le dio a Lezcano en una pierna y otra en el costado izquierdo del tórax. Tras el ataque Bornia subió a su auto y se fue del lugar, donde quedaron atónitos sus familiares. A Lezcano lo trasladó en un patrullero hasta el Hospital Español y murió mientras lo operaban.
Con los policías se entrevistó en el lugar la pareja de Bornia, quien contó que esa tarde volvían de un paseo por el parque Independencia. Su pareja estacionó el auto en la vereda de enfrente, ella bajó y llegó hasta la puerta de su casa mientras su concubino se topaba con Lezcano, un vecino con el que ya habían "tenido problemas" y que lo "empezó a increpar". Enseguida escuchó una primera detonación y regresó al auto donde habían quedado los chicos, para protegerlos. Entonces vio que "Manuel corría por la vereda tras Diego". Entre un tiro y otro resguardó a los chicos en la casa, luego Bornia subió al auto y desapareció.
La condena a 11 años y medio que Bornia recibió el año pasado lo declaró autor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego en concurso con la portación de un arma cuya aptitud para el disparo no pudo acreditarse, ya que no fue hallada. También fue declarado reincidente. La defensora oficial Marcela De Luca apeló para plantear que se trató de un caso de exceso en la legítima defensa. Explicó que el acusado estuvo prófugo porque tras el crimen le quemaron la casa y se fue a vivir a la provincia de Entre Ríos.
Un tiro de remate
El tribunal descartó ese encuadre al no encontrar ningún elemento que diera cuenta de un enfrentamiento armado entre Bornia y la víctima. No sólo llegó a esa conclusión en base al testimonio de la pareja del acusado, sino también por el resultado de la autopsia. De ese informe surge que Lezcano sufrió un disparo que le atravesó la pierna izquierda y luego otro que le perforó el corazón.
"Ello por sí sólo ratifica que Lezcano recibió de Bornia dos disparos. Es obvio que se bajó del auto, persiguió a Lezcano que no estaba armado, lo redujo con un disparo en la pierna y una vez caído lo remató a quemarropa en el pecho".
Los jueces confirmaron la pena. Las razones del enfrentamiento no quedaron claras, aunque un hermano de la víctima brindó algunas claves. Aseguró que "el problema entre ellos era porque Manuel le debía plata" a su hermano. Una suma de 2 mil pesos "que le había prestado hacía como dos meses. Se los había reclamado hacía un mes y Manuel no se los devolvía".