Policiales

Cómo se controló el contenedor que llegó cargado de cocaína a Portugal

La ausencia de elementos técnicos en el puerto local hace de la fiscalización una cuestión de confianza. Se profundiza la hipótesis de que la droga fue cargada en una escala posterior a la salida de Rosario

Domingo 13 de Julio de 2008

Hace una semana la policía de Portugal detectó en el puerto de Leixes (cercano a la ciudad de Oporto) el arribo de 625 kilos de cocaína de máxima pureza. La droga, valuada en unos 18 millones de euros, viajó disimulada en un cargamento de 22 toneladas de ajos mendocinos que fueron embarcados el 4 de junio último en un barco que partió desde el puerto de Rosario. Tras la difusión de la noticia por medio de este diario en su edición del jueves pasado, y cuando aún no se estableció en qué parte del extenso recorrido que hizo la carga legal se introdujo el millonario contrabando de estupefacientes, todas las miradas se centraron en la labor que hace la Aduana Nacional para fiscalizar las mercaderías que salen por los puertos del país, en especial el rosarino.

Ante semejante realidad y tras consultar a varios agentes vinculados a la operatoria exportadora, se puede afirmar que los controles que se realizan no son todo lo riguroso que se supone. Y que están basados en criterios de selectividad ya que materialmente sería imposible fiscalizar todos los cargamentos que salen de los puertos del país. Para eso haría falta un ejército de funcionarios estatales para supervisarlos.

Entonces, ¿cuáles son los parámetros con los que se manejan los agentes aduaneros para determinar qué cargamento es examinado en forma minuciosa y cuáles no pasan por el filtro del monitoreo? Al respecto, las fuentes consultadas por LaCapital aseguraron que los antecedentes comerciales y la confiabilidad en las empresas exportadoras son los únicos elementos que se tienen en cuenta para establecer la mayor o menor exigencia de fiscalización.

Un despachante de aduana con varios años en la actividad explicó la modalidad con la que trabajan los funcionarios del organismo nacional.

El semáforo. Según explicó, existen tres "canales" para controlar la carga antes de que se despache al exterior. El canal verde es el más light. "Se verifica el permiso de exportación, pero no se controla la carga", comentó la fuente, que ostenta el título de licenciado en comercialización. Los beneficiados en esta "vía libre" son los empresarios que exportan en forma permanente y no tengan deudas con el Estado. Al respecto, habrá que recordar que las empresas Gispe SA y Puente Blanco SA, productora y exportadora respectivamente, no era la primera vez que despachaban cargamento de ajos y que las mismas están en el mercado hace 40 años.

El segundo canal es un tanto más riguroso. Se llama canal naranja y, en este caso, se analiza en forma más exhaustiva la documentación y, frecuentemente, se controla parte de la carga.

Finalmente, el último tipo de monitoreo es en el cual no se debería dejar nada librado al azar. Es el canal rojo y se fiscaliza tanto la documentación como el cargamento. "En este caso se pasa un alerta aduanero por mail a todas las aduanas del país", explicó el informante, que prefirió mantener su identidad en reserva. Las que pasan por este filtro son las mercaderías despachadas por empresarios primerizos.

Sin embargo, el despachante —nexo entre la empresa exportadora y la Aduana para concretar la operación comercial— aclaró que, en teoría, los controles deberían ser rigurosos para todos los contenedores enviados al exterior. "Como yo no conozco el contenido de la carga, sólo tengo que confiar en mis clientes", explicó.

Aval a la aduana. En este sentido, el profesional avaló la teoría de las autoridades de la Aduana local acerca de la posibilidad de que la cocaína camuflada en el cargamento de ajos que llegó a Portugal haya sido colocada en una escala posterior a la salida del puerto de Rosario.

—¿Cómo se puede introducir la droga en el contenedor?

—En el caso de que se haga una escala para trasbordar la mercadería a otro buque de mayores dimensiones, es decir una nave transoceánica, se baja la carga en puerto a la espera de la otra nave. Entonces, los empleados de las empresas navieras rompen los precintos originales y colocan otros. Y lo explican diciendo que tuvieron que cambiarlos porque se deterioraron por el óxido provocado por la sal del agua del océano.

Este habría sido el caso, según informó oficialmente la Aduana argentina, de lo ocurrido con el embarque de ajos que llegó a Portugal con los 625 kilos de cocaína. Es que los precintos con los cuales el contenedor arribó al puerto europeo no son los que usa oficialmente el organismo nacional sino los utilizados por Brasil, país donde el MSC Chelsea, el barco que zarpó de Rosario con la carga en cuestión, se detuvo para trasbordar los contenedores.

Precintos y escáner. En otro orden, el despachante que habló con LaCapital sostuvo que, al parecer, sólo las autoridades argentinas verifican que el número declarado en el permiso de exportación sea el mismo que se graba en los precintos.

La fuente también contó que los controles se hicieron más rigurosos luego de que se descubrieran cargamentos de droga en cargas de carbón vegetal y de muebles. "En estos casos se escanea (la mercadería) y se utilizan perros adiestrados", comentó. Sin embargo, el puerto rosarino no tiene escáner, sistema solamente implementado en Capital Federal ya que el escáner destinado a Rosario fue trasladado a otra provincia argentina tiempo atrás sin motivos aparentes.

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