Hace una semana la policía de Portugal detectó en el puerto de Leixes (cercano a
la ciudad de Oporto) el arribo de 625 kilos de cocaína de máxima pureza. La droga, valuada en unos
18 millones de euros, viajó disimulada en un cargamento de 22 toneladas de ajos mendocinos que
fueron embarcados el 4 de junio último en un barco que partió desde el puerto de Rosario. Tras la
difusión de la noticia por medio de este diario en su edición del jueves pasado, y cuando aún no se
estableció en qué parte del extenso recorrido que hizo la carga legal se introdujo el millonario
contrabando de estupefacientes, todas las miradas se centraron en la labor que hace la Aduana
Nacional para fiscalizar las mercaderías que salen por los puertos del país, en especial el
rosarino.
Ante semejante realidad y tras consultar a varios agentes vinculados a la
operatoria exportadora, se puede afirmar que los controles que se realizan no son todo lo riguroso
que se supone. Y que están basados en criterios de selectividad ya que materialmente sería
imposible fiscalizar todos los cargamentos que salen de los puertos del país. Para eso haría falta
un ejército de funcionarios estatales para supervisarlos.
Entonces, ¿cuáles son los parámetros con los que se manejan los agentes
aduaneros para determinar qué cargamento es examinado en forma minuciosa y cuáles no pasan por el
filtro del monitoreo? Al respecto, las fuentes consultadas por LaCapital aseguraron que los
antecedentes comerciales y la confiabilidad en las empresas exportadoras son los únicos elementos
que se tienen en cuenta para establecer la mayor o menor exigencia de fiscalización.
Un despachante de aduana con varios años en la actividad explicó la modalidad
con la que trabajan los funcionarios del organismo nacional.
El semáforo. Según explicó, existen tres "canales" para controlar la carga antes
de que se despache al exterior. El canal verde es el más light. "Se verifica el permiso de
exportación, pero no se controla la carga", comentó la fuente, que ostenta el título de licenciado
en comercialización. Los beneficiados en esta "vía libre" son los empresarios que exportan en forma
permanente y no tengan deudas con el Estado. Al respecto, habrá que recordar que las empresas Gispe
SA y Puente Blanco SA, productora y exportadora respectivamente, no era la primera vez que
despachaban cargamento de ajos y que las mismas están en el mercado hace 40 años.
El segundo canal es un tanto más riguroso. Se llama canal naranja y, en este
caso, se analiza en forma más exhaustiva la documentación y, frecuentemente, se controla parte de
la carga.
Finalmente, el último tipo de monitoreo es en el cual no se debería dejar nada
librado al azar. Es el canal rojo y se fiscaliza tanto la documentación como el cargamento. "En
este caso se pasa un alerta aduanero por mail a todas las aduanas del país", explicó el informante,
que prefirió mantener su identidad en reserva. Las que pasan por este filtro son las mercaderías
despachadas por empresarios primerizos.
Sin embargo, el despachante —nexo entre la empresa exportadora y la Aduana
para concretar la operación comercial— aclaró que, en teoría, los controles deberían ser
rigurosos para todos los contenedores enviados al exterior. "Como yo no conozco el contenido de la
carga, sólo tengo que confiar en mis clientes", explicó.
Aval a la aduana. En este sentido, el profesional avaló la teoría de las
autoridades de la Aduana local acerca de la posibilidad de que la cocaína camuflada en el
cargamento de ajos que llegó a Portugal haya sido colocada en una escala posterior a la salida del
puerto de Rosario.
—¿Cómo se puede introducir la droga en el contenedor?
—En el caso de que se haga una escala para trasbordar la mercadería a otro
buque de mayores dimensiones, es decir una nave transoceánica, se baja la carga en puerto a la
espera de la otra nave. Entonces, los empleados de las empresas navieras rompen los precintos
originales y colocan otros. Y lo explican diciendo que tuvieron que cambiarlos porque se
deterioraron por el óxido provocado por la sal del agua del océano.
Este habría sido el caso, según informó oficialmente la Aduana argentina, de lo
ocurrido con el embarque de ajos que llegó a Portugal con los 625 kilos de cocaína. Es que los
precintos con los cuales el contenedor arribó al puerto europeo no son los que usa oficialmente el
organismo nacional sino los utilizados por Brasil, país donde el MSC Chelsea, el barco que zarpó de
Rosario con la carga en cuestión, se detuvo para trasbordar los contenedores.
Precintos y escáner. En otro orden, el despachante que habló con LaCapital
sostuvo que, al parecer, sólo las autoridades argentinas verifican que el número declarado en el
permiso de exportación sea el mismo que se graba en los precintos.
La fuente también contó que los controles se hicieron más rigurosos luego de que
se descubrieran cargamentos de droga en cargas de carbón vegetal y de muebles. "En estos casos se
escanea (la mercadería) y se utilizan perros adiestrados", comentó. Sin embargo, el puerto rosarino
no tiene escáner, sistema solamente implementado en Capital Federal ya que el escáner destinado a
Rosario fue trasladado a otra provincia argentina tiempo atrás sin motivos aparentes.