Ola de violencia

Asesinaron a una nena de 5 años en un barrio atravesado por una disputa narco

Sucedió en Avalos y Larrechea. Maite Ponce tenía 5 años y dormía en un sillón del living de su casa cuando fue alcanzada por una bala que atravesó la puerta de la calle. Una saga feroz con heridos y fallecidos.

Jueves 05 de Julio de 2018

Las consecuencias letales que acarrea la disputa entre bandas por el narcomenudeo no cesa, y en ese camino Rosario parece naturalizar las muertes violentas de un modo alarmante. Esta vez, un ataque a balazos contra una casa ubicada en la esquina de Larrechea y Avalos, en la zona del barrio Parque Casas conocida como El Churrasco, terminó con la vida de Maite Ponce, una nena de apenas 5 años que dormía en un sillón cuando fue alcanzada por un proyectil que se le incrustó en el cráneo tras perforar la puerta de la vivienda. Por el homicidio no hay detenidos, pero la policía pondera datos aportados por testigos que dijeron ver a dos personas que gatillaron mientras se desplazaban a bordo de una moto roja.

Las balaceras, homicidios y enfrentamientos armados en los suburbios de Parques Casas y La Cerámica parecen no tener freno. Y si las consecuencias fatales de esos hechos alarman, la muerte de una niña como Maite, estremece.

Sueño interrumpido

En la esquina de Larrechea y Avalos se levanta una casa de dos plantas que ocupa la ochava sudoeste, un enclave donde hace pocas semanas se denunciaron balaceras contra jóvenes de la cuadra. Allí vive Alejandra con sus seis hijos, una de las cuales es Nadia, la madre de Maite. La niña asistía al jardín de infantes, bailaba danzas árabes y el domingo iba a recibir la visita de su padre, que trabaja en otra provincia.

Por el cartel que cuelga en la fachada pareciera que hasta hace poco funcionó la carnicería "El Palenque", aunque en el salón sólo quedan vestigios como una sierra sin fin, estantes y un mostrador. Unos sillones rosa fuerte, un televisor de plasma, una mesa y algunas sillas lo reconvirtieron en living de la casa.

En esos sillones, arrimados uno a otro para improvisar un lecho mullido, descansaba Maite junto a sus dos hermanitas, de siete y un año, la madrugada del miércoles. "La traje de la casa de la madrina y como se estaba durmiendo la acosté con sus hermanitas. Estábamos tomando mates cuando escuchamos los tiros, como quince, todos seguidos", narró ayer Nadia, de 24 años, mientras tiritaba de dolor y frío.

La joven dijo que en ese instante no advirtió que uno de los proyectiles había atravesado la puerta de chapa de la vivienda. "Miré para donde estaba las nenas y pensé que seguían durmiendo, pero a Maite le comenzó a brotar sangre de acá (se señala el pómulo izquierdo) la cargamos en un auto y la llevamos al Hospital Alberdi", describió.

Nadia no paraba de temblar mientras atendía el teléfono y terminaba de contar lo ocurrido rodeada de familiares y amigos. Cada tanto giraba la vista hacia el espacio vacío donde dormía Maite. Es que no hubo tiempo para lavar ni ordenar nada y las dramáticas evidencias estaba a la vista: el sillón ensangrentado y agujereado por el proyectil, botitas y una campera que tenía puesta su hija, también manchada con la misma sangre.

"En el camino sufrió un paro cardiorrespiratorio. Después la derivaron al Hospital de Niños Víctor J. Vilela. Le dieron otros dos paros, pero ya tenía muerte cerebral", apenas pudo contar. Sobre las 6.30 de ayer, desde el hospital recibió la peor noticia: la muerte de la niña. Al ser consultadas por los motivos por los cuales la casa fue blanco del ataque, la joven dijo desconocerlos.

No obstante, la joven madre y un familiar expusieron quejas por la inacción policial en el barrio y recordaron que una hora antes se había desatado otra balacera donde se escucharon "como 30 disparos por calle Ghiraldo, y el domingo en Larrechea y Cavia", a una cuadra de la casa atacada.

nena baleada

Indicios y conflictos

En ese derrotero, las versiones que circulan en el barrio hablan de una hipótesis bien definida y de enclaves marcados de distribución de droga mayorista y minorista. "Esto fue un vuelto para Ojito", como se conoce al abuelo de la nena asesinada, que estaría vinculado a un delivery de drogas a pequeña escala. Al parecer el hombre trabajaba para Emanuel "Ema Pimpi" Sandoval. Pero cuando este cayó detenido hace unos meses acusado de una doble tentativa de homicidio (ver aparte), se adentró en algunos negocios que no debía.

Además de los dos huecos que dejaron los proyectiles en la puerta de la casa de la familia de Maite y otra decenas en los ladrillos exteriores, sobre la vereda de calle Avalos quedó marcado sobre el cemento un extenso hilo de sangre de la pequeña víctima. Por esa arteria, según testigos, circularon los agresores a bordo de una moto roja. "El que manejaba era flaquito y tenía campera negra, y el que iba atrás, que disparaba, era gordito, con jeans azul y una campera azul y negra", describieron.

Enfrente, y observando el movimiento a distancia, dos mujeres parecían acompañar el dolor de las víctimas, pero sin involucrarse. "¿Son amigas, vecinas?", les pregunto este diario. "Si, de la madre, pero no nos queremos acercar, tenemos miedo de estar ahí adentro (por la casa baleada)", contestaron. Esa percepción de un riesgo latente parecía toda una definición acera de la intrincada motivación en la que pudo anidar la balacera que terminó con la vida de Maite.

"Mataron a mi hijo"

En la ochava opuesta a la casa de Maite una vecina de años mostró una postura más arriesgada y expuso el elevado nivel de conflictividad que se derrama en el barrio el El Churrasco. "El 31 de mayo mataron a mi hijo porque estaba cerca de un búnker que maneja «La Tata» Medina (una mujer que purga condena por narcotráfico). Las balaceras son todos los días, acá está lleno de búnkers, se pelean por el territorio. Hay que hablar y no callarse porque sino esto no para más. Mirá ahora lo que pasó con esta nena, tienen que hablar", insistió la vecina.

Está claro que las bandas, con referentes dispersos o tercerizados pero con gran poder de fuego, pugnan por la comercialización de estupefacientes a lo largo y ancho de esa zona rosarina. Aunque sin ser terminantes, algunos viejos investigadores creen que de un lado emerge una alianza de la familia Sandoval con Hernán Ramón "Lichi" Romero (con asiento en Nuevo Alberdi), quienes empujan contra los negocios de "La Tata" Medina.

La investigación por el crimen de Maite quedó en manos de la fiscal de la Unidad de Homicidios Dolosos Georgina Pairola, quien dio intervención a Gabinete Criminalístico de la Policía de Investigaciones (PDI). Además, se levantaron once vainas servidas calibre 9 milímetros y una bala de plomo encamisada, material que será sometido a pericias. Además se ordenó la toma de testimonios ampliatorios para elaborar una hipótesis del caso. Al cierre de esta edición no había detenidos.

Periodistas amenazados

"Ahora con esto ya tengo 500 amenazas", dijo Alejandra, la abuela de Maite frente a las cámaras de televisión que llegaron hasta su casa. Incluso, la mujer dio a entender que la exposición mediática la pondría en riesgo. En sus palabras también quedó reflejado el conflicto. "¿Quién me devuelve a mi nietita? Cinco añitos tenía. ¿Por qué se tenían que meter con una criatura si tenían problemas conmigo o con ella (por la hija)?". Todas esas palabras eran parte del reporte en vivo del noticiero del mediodía de Canal 5 que estuvo marcado por momentos de alta tensión cuando el móvil del canal fue apedreado y por el lugar circularon motociclistas que amenazaron al periodista Maximiliano Raimondi y a los camarógrafos Alejandro Doino y Horacio Mansilla con ademanes de sacar armas de fuego si no se retiraban. A pesar de la compleja situación que atravesaron los periodistas, no se observó la presencia policial en el lugar.


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