Ovación

"No hay nada más caro que un descenso"

Miguel Ángel Russo dijo sobre el problema del promedio que "el objetivo es sumar puntos porque cada partido es un capítulo de una historia en la que el club debe organizarse, invertir bien y respaldar al DT".

Martes 14 de Mayo de 2019

Sábado por la mañana. Como un vecino más de la zona norte de la ciudad, Miguel Angel Russo ingresa al bar Mediterráneo de Agrelo y Superí para charlar con Ovación sobre cómo se juega cuando el promedio apremia. Un técnico con experiencia en estos menesteres. Saluda a los parroquianos por tratarse de un lugar habitual para él, tanto que los clientes canallas del lugar ubicaron en una de las paredes una placa de agradecimiento. El entrenador decidió tomarse unos meses de descanso tras su paso por Perú, del cual se alejó pese la insistencia de Alianza Lima para que continúe. Y no duda en sentenciar que “los equipos que más rápido descienden son aquellos que cambian dos o tres veces de técnico durante una temporada”. Y remata: “En el fútbol no hay nada más caro que un descenso”.

¿Cómo se juega con la necesidad de engrosar el promedio?

Como en cualquier situación de emergencia, lo primero que hay que hacer es organizarse en función del objetivo primario que es sumar puntos, hacerse muy fuertes de local y tener en claro que cada partido es primordial y en el que cada punto vale oro. Y cuando hablo de organización no me refiero a lo táctico, sino en términos institucionales y futbolísticos. Porque en estas circunstancias la conducción es clave.

¿Cuando hablás de conducción, a qué te referís?

A todos aquellos que tengan la responsabilidad de conducir. Presidente, dirigentes, director deportivo, cuerpo técnico. Hay que transmitir un único mensaje, que ninguna actitud o declaración esté al margen de lo pautado, hay que hacer mucho y hablar poco y ayudar a tomar conciencia de que nadie desciende en la víspera y que tampoco nadie se salva de antemano. Porque cada partido es una experiencia nueva y una situación distinta. Cada encuentro es un capítulo diferente de una historia que debe escribirse con paciencia. Para mí es la única manera en cuanto al contexto.

¿Y dentro de la cancha?

La cosa no ha cambiado tanto, lo prioritario y esencial es darle la pelota al que tiene la misma camiseta. Y en lo táctico todos los sistemas son válidos para sumar. No hay una forma excluyente, porque lo táctico depende de cómo se quiere jugar y de los jugadores con los que se cuente. Y entender que en ese camino el que se enloquece desciende. Existen sobrados ejemplos de que los equipos que más rápidos descienden son aquellos que cambian dos o tres veces de técnico durante la temporada. Por eso hay que ser claros desde el arranque, desde la conformación misma del plantel, en la que los refuerzos si se eligen bien no son un gasto sino una inversión, porque lo que está en juego es la categoría, que representa muchísimo dinero. Todo lo que inviertas es barato en comparación a lo que perdés si te vas al descenso.

Y no jugar al ritmo que impone la gente.

Sí, pero también es cierto que la gente juega. En Central la gente juega y mucho. Pero para capitalizarlo primero debés entender a la gente, porque si la conocés es más fácil usar ese marco en beneficio propio. Por eso remarco que siempre es muy importante tener en el equipo la cuota de pertenencia necesaria, igual que el temple de aquellos futbolistas que lleguen. Porque la gente juega y es normal que así ocurra. Y le tenés que dar un mensaje claro y único, porque si le dicen cosas distintas se mezcla todo y se generan dudas. Y en estas circunstancias no se puede ni se debe tener dudas.

¿Qué se prioriza cuando se conforma un plantel para darle pelea al promedio?

Experiencia y arraigo por el club. Si vos tenés en tu columna vertebral jugadores del club sabés que tenés un plus muy importante, porque el que juega con su camiseta de origen siente distinto al que viene de afuera. Y el que traigas de afuera debe tener esa cualidad actitudinal para que se adapte rápidamente al club. El cuerpo necesita proceder con la firmeza y la convicción que le ordena la cabeza. El entrenador debe ser el líder de la confianza y tener en el equipo a los intérpretes de esa confianza. Así se juega por el promedio. Porque pueden aparecer momentos muy difíciles, en los que algún resultado adverso deje al equipo en la zona más baja del promedio y es ahí cuando los que conducen deben mostrar su mayor fortaleza. Porque en ese instante todos se sublevan, se asustan, se rebelan, por eso se debe actuar con determinación. Siempre acudo a la misma frase como ansiolítico: “Un gol vale lo mismo en el primer minuto como en el minuto 90”. Y así lo ratificaron las semifinales de la Champions. Nunca hay que perder de vista el objetivo. Porque también te puede pasar de máxima, ya que a medida que vas sumando y sumando por la lógica necesidad, se puede estar en el lote de vanguardia del torneo, pero allí también hay que mantener el equilibrio y recordar que el objetivo es partido tras partido y que todo lo bueno será consecuencia del recorrido planificado. A mí me pasó en el 2003, con aquel Central del Chelito Delgado y Figueroa, en el que ahí sí se logró una unidad sólida de criterio con los directivos de esa época, porque ante Banfield necesitábamos un punto para asegurar la permanencia, pugnamos por eso y empatamos cero a cero. Es natural que uno preserve el punto necesario, porque es instinto de supervivencia. Ese equipo estaba para campeón y no lo fue porque arrancamos con un promedio muy bajo que nos impuso privilegiar la necesidad por sobre la posibilidad. Después todo lo bueno se da por añadidura, porque para resolver lo del promedio es factible que se llegue a necesitar sumar el 60 por ciento de los puntos.

¿Cómo se administra el miedo cuando los resultados no se dan?

El miedo es del que está afuera. Un técnico no tiene miedo y tampoco lo tienen los jugadores, porque fueron elegidos para una determinada circunstancia. Un entrenador que asume la responsabilidad en estas instancias es porque está seguro de sí mismo y de sus formas. Pero un cuerpo técnico no puede solo, por eso dije que quienes conducen el club son claves.

Sé que no querés aludir en particular a la actualidad de Central por respeto y para que no haya confusión ni especulación alguna. Pero no puedo dejar de preguntarte ¿cuál es tu mirada sobre el complicado presente deportivo de los dos clubes de Rosario?

Sería imprudente opinar sobre cuáles fueron las causas para este presente porque desconozco el día a día, más estando lejos todo este tiempo de Rosario. En términos generales cuando esto sucede responde a circunstancias y consecuencias derivadas de las formas o de las decisiones adoptadas. Con respecto a Central debo admitir que me equivoqué en mi diagnóstico, porque creía que una vez que lograra un título iban a desaparecer un montón de cosas, porque esa era la gran necesidad que tenía su gente y su historia. Pensé que a partir de allí ya no había más meseta sino llanura, que el camino a la tranquilidad estaba allanado, que ya no debería haber más turbulencias. Por eso me llama la atención que otra vez esté en esta situación. Porque cuando salís campeón alcanzás un estado óptimo y el nivel de conflictividad desaparece, porque no hay nada más lindo para un club el día después a salir campeón. Más en Central. Todo el terreno se hace fértil porque es una liberación, de ahí en más todo debe ser progreso, porque disponés de la calma para planificar con claridad y acertar. Esta es la única conclusión que tengo con respecto a lo que veo hoy, que Central no supo aprovechar ese estado óptimo que te da un título. Porque se sacó una mochila grande de encima, más después de que veníamos de perder finales, bien o mal, con polémica. Pero una vez que se logra el objetivo, el camino debería haber sido otro, creo. Insisto, es mi análisis visto de afuera, porque no estoy informado de la realidad y tampoco estoy cerca del club.

¿Los promedios deben continuar?

Es un sistema que te da más posibilidades que las que te brinda una temporada. Tenés que cometer muchos errores para descender. Te lleva tres años descender. Si en tres años no corregiste el problema, no es el sistema de promedios y me parece que tampoco está dentro de la cancha. Porque siempre tenés una temporada para resarcir. A mí me tocó en Central en el 2003, como decía, cuando todos unidos hicimos una gran campaña y estabilizamos el barco. Y salimos terceros.

¿Cuál es tu futuro laboral inmediato?

Necesito descansar. Esa es hoy mi prioridad, por decisión propia y por pedido de mi familia y amigos. Tuve varias propuestas laborales del exterior, a las que agradecí, pero a las que les respondí que por dos o tres meses debo dedicarme a la familia.

Venís de una situación extraña de Alianza Lima, porque pese a que los resultados no fueron los que esperabas te quisieron retener.

Fue rarísimo porque nunca me pasó. Al club lo compró un grupo que me ofertaba el doble del dinero para que me quedara, pero ya había tomado la decisión y quienes me conocen saben que cuando decido no modifico porque fue la conclusión de un análisis exhaustivo. Es que resulta difícil cambiar estructuras cuando uno tiene una manera de concebir al fútbol. El fútbol peruano necesita transitar por una etapa de mayor profesionalización, que sé que lo van a conseguir en el tiempo, pero para ello necesitan de todas las partes.

El fútbol está en un proceso en el que se requiere de cambios estructurales, algo que en la Argentina no se está dando con la velocidad esperada. ¿Coincidís?

Sí, por supuesto, porque hay una superprofesionalización para la que se requiere una organización moderna, dinámica, con especialistas en las diversas áreas interactuando en el marco de una organización piramidal integrada y articulada. Y con protocolos o manuales de procedimiento para evitar distorsiones. Entendiendo que no todos sirven para todo. Y en divisiones inferiores mucho más, porque allí reside el desarrollo del club, más en un país donde Boca, River, Racing y en menor medida Independiente comenzaron a ampliar la brecha con el resto. El otro día en el contexto del Sudamericano juvenil me vino a saludar Branco, el protagonista del episodio en torno al famoso bidón, y me contaba que en Brasil antes rotaban los clubes como base de sustentación de los seleccionados para competir en los torneos continentales, pero que ahora generaron una estructura de cien personas para desarrollar trabajos de selección, porque deben recorrer el país para conformar una base de datos de todos los jugadores y así poder elegir a los mejores de cada categoría. Saben que esa es la forma de darle el máximo nivel a futuro a la selección mayor. Y lo mismo deben hacer los clubes. Por eso digo que hoy cuando en la Argentina venden a un juvenil al exterior, no deben vender el ciento por ciento, deben quedarse siempre con un porcentaje de los derechos económicos. Lo hablábamos el otro día con Nicolás Russo y me parece bien que Lanús venda el 80 por ciento del pibe De la Vega, porque con ese 20 que preservan seguramente resolverán a futuro sus necesidades estructurales.

Cuando fuiste a Millonarios dijiste que veías difícil dirigir en el fútbol argentino. Pero ahora se te vinculó con Huracán.

Antes me enojaba cuando me nombraban sin siquiera haber hablado conmigo. Hoy ya lo tomo como parte de un sistema en el que no me detengo. Cuando pasás por situaciones difíciles de verdad, hay otra mirada sobre estas cuestiones, las que te resultan triviales.

Sabés que cuando estás sin club asoman las lógicas especulaciones en torno a Central, más por tratarse de la situación en la que se encuentra deportivamente...

Soy responsable de lo que pienso y digo y no de lo que los otros crean o interpreten. Por eso ratifico lo que dije anteriormente, lo mejor que se puede hacer en estos casos, cuando la promoción ocupa a un club, es respaldar con organización y planificación al entrenador. Central tiene un entrenador que no necesita presentación y que ya tiene a su favor haber dispuesto de un período de conocimiento y adaptación antes de la próxima Superliga. Tiene el diagnóstico y tiene las soluciones. Hay que dejarlo trabajar tranquilo.

¿Te gustaría que algún día Central te vaya a buscar en tiempos de bonanza para desarrollar un trabajo a largo plazo, con objetivos superadores y con un presupuesto acorde para eso?

(Se ríe) La verdad es que uno desea que a Central le vaya bárbaro. Por eso me puse muy contento cuando ganó la Copa Argentina con el Patón Bauza. Por supuesto que lamenté mucho después la forma en la que se generó su salida. Pero más allá de eso yo sólo quiero que al club le vaya bien por su gente y por todo lo que representa Central .

La última pregunta es la que se hacen muchos hinchas después de acompañarte en los momentos difíciles. ¿Cómo estás de salud?

Estoy muy bien. Tomándome un tiempo para mí, escuchando mucho a mi familia y a los amigos, cosas que antes no hacía. Por eso este parate que me impuse es también para ver cómo sigue el fútbol y cómo sigo yo. Por eso me preparo para lo que viene, en función de esa nueva estructura que la profesión exige. Tuve una enfermedad, que por lógica requiere de chequeos periódicos a manera de prevención y eso gracias a Dios viene todo bien, por eso llevo una vida normal y natural. En junio se cumplen 30 años de entrenador, el otro día me mandaron de Lanús la copia de mi primer contrato como DT y también la copia de la primera resolución que adopté, que fue la de clausurar el alojamiento de las divisiones inferiores por no reunir las condiciones indispensables. Si algo no cambié es eso, la necesidad de trabajar con orden y organización.

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