En Rosario, las previas de los clásicos suelen ser mucho más que la última recta de cara a un cotejo trascendental. Tienen una carga expansiva que muchas veces genera climas propios, apura pasos y termina conspirando contra intenciones y desarrollos. Instalan nubarrones perturbadores imposibles de esquivar. Por ese espesor pasional tan particular, en esta ciudad tan futbolera, ese trayecto anterior lleva a mirar, sin querer queriendo, la siguiente instancia, descuidando en algunas ocasiones las condiciones de marcha y de arribo. Un pecado muy común, que la mayoría comete. En ese escenario, la derrota 1-0 frente a Estudiantes en el Coloso demostró que este Newell’s sigue sin comprender su realidad, su contexto y las necesidades de turno. Y este traspié no le permitió permanecer en el lote de los protagonistas del grupo B, lo aleja de la zona de clasificación a copas y lo deja con dudas e incertidumbre para transitar las jornadas que desembocan en el choque con Central.
El conjunto rojinegro necesitaba un rápido gesto que lo devuelva al sendero de expectativas que había comenzado a construir con dos triunfos iniciales en el Parque (frente a Central Córdoba de Santiago del Estero y Lanús). Precisaba enterrar las vacilaciones que trajo de la visita a Racing en Avellaneda para que no se agranden justo ahora, en este pasaje. Y no lo consiguió y se sigue alejando de ese mojón.
Claramente, ese halo de arranque en la Copa de la Liga se fue desvaneciendo. Y tampoco supo aprovechar las debilidades que emanaban de la actualidad de Estudiantes, que había llegado a este pleito sin triunfos y en la última posición de la zona B. Y sin Mauro Boselli, Guido Carrillo, Luciano Lollo y Zaid Romero, quienes fueron guardados para la próxima fecha.
En el comienzo, Newell’s trataba de imponer condiciones desde la pelota y desde la paciencia, pero en esos pasajes no encontraba profundidad. Por su parte, Estudiantes se mostraba picante para las contras, sobre todo de la mano de Rollheiser, que con su movilidad complicaba la zona de Vangioni y Ortiz. El 10 pincha entraba y salía y provocaba dudas y grietas en el fondo del conjunto local. Ese ida y vuelta, intenso, con muchas imprecisiones, exponía avances de los dos lados que no desembocaban en peligro concreto
A los 14’, Sordo tuvo una volea que se fue muy desviada. A los 23’, Ferreira remató de afuera y Andújar mandó al córner. A Newell’s le costaba generar juego y apostó a las oportunidades. Y cuando pudo llegar a posiciones de disparo, prendió mecha, muchas veces sin puntería.
A los 26’, un centro de Méndez derivó en un cabezazo de May, que se mostraba participativo y también exhibió su vocación de buscar el gol. Con más tiempo la pelota en su poder, Newell’s se quedaba en promesas e insinuaciones, y el pincha aparecía en cancha con los errores en las salidas y los pases del local, que siempre merodearon la cornisa de los riesgos.
La igualdad sin tantos con la que llegaron al entretiempo castigó a un Newell’s que nunca pudo salir de su propio encasillamiento, de su impericia, de su falta de ideas para conseguir el gol de la apertura, lo más difícil en este tipo de partidos.
En el complemento entró Iván Gómez para darle aire y más dinámica al medio leproso. Se ubicó por izquierda y Portillo, que seguía muy bajo y muy impreciso, se pasó a la derecha. Igual nunca entró en sintonía. El encuentro no hallaba un dueño y se repartían todo, lo bueno y lo malo. Todo muy lejos de los arcos. Pero era Newell’s el que tenía más responsabilidades y debía salir de ese aturdimiento colectivo, y no encontraba la receta para conseguirlo.
Y fue Estudiantes el que sacudió esa medianía con un gol de otro partido. De otro planeta. Un exquisito tiro libre de Sosa a los 12' decretó el primero de un pleito que empezaba a complicarse más de la cuenta para el conjunto rojinegro.
Ingresó Balzi por Portillo y Recalde estuvo cerca de la parda, a los 15’, pero se la tapó Andújar. Luego, la tarjeta roja a May por la imprudencia sobre Núñez, que lo dejó afuera del partido y del clásico, fue otro tremendo mazazo para el dueño de casa, que tuvo que buscar la heroica con uno menos.
La entrada de Martino le permitió rearmar la linea de cuatro atrás y liberar más arriba a Sordo, pero Newell’s se fue consumiendo en sus propios nervios, en una preocupante impotencia y los minutos empezaban a mostrarse como verdugos indolentes.
No conseguía un anzuelo para meterse en el partido. Ni siquiera pudo construir una chance seria, clara de gol. Solo la del final del tiempo adicionado, con un tiro libre que metió Ortiz de atropellada pero fue anulado por el VAR por mano del defensor. Ni esta le salió al local en una tarde noche fatídica, que no aclaró su panorama.
Con este resultado, Newell’s no pudo calmar los murmullos en el Parque. Expuso que no logró enfocarse, ni cambiar de paso y tampoco consiguió transformar su presente en envión emocional frente a una semana que no será una más. Necesitaba que el tramo de llegada al clásico, que en esta ciudad altera todo, antes, durante y después, sea lo menos traumático posible. Y con este terrible tropezón con Estudiante se volvió a meter en el pantano de su irregularidad, de sus propias dubitaciones, frente al último del grupo, en el momento menos oportuno.