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Máxima presión para Central en el Morumbí

Central, con DT interino, busca frente a San Pablo la clasificación a 2ª fase de la Sudamericana y descomprimir el clima de tensión generado por su pronunciada crisis futbolística, que arrastra también a lo institucional.

Miércoles 09 de Mayo de 2018

Los buenos resultados del inicio de ciclo de Leo Fernández. El desmejoramiento paulatino de la imagen. Las derrotas que se dieron más seguido. La pérdida de confianza. Las reuniones. Los pedidos de explicaciones. Las dudas. La renuncia de un técnico. La llegada de otro, también del club, pero sin experiencia como total. La descompresión por un lado. Las mayores presiones por otro. Las fuertes declaraciones de Marco Ruben. La estrepitosa derrota frente al descendido Arsenal. Quizá algunos otros ingredientes más puedan incluirse en la lista. Lo cierto es que de la mezcla de todos ellos saldrá el sostén futbolístico, anímico y hasta mental con el que Central sale a bancar una parada importante nada menos que en el mismísimo Morumbí, frente a un San Pablo que no es el de otrora, pero que siempre impone respeto. Es San Pablo, pero también son los innumerables obstáculos con los que se fue topando el canalla para desembocar en un partido que puede disparar para cualquier lado desde el aspecto lúdico, pero que en el que emocionalmente hay muchas cosas en juego. Esta noche jugarán los futbolistas, muchos de los cuales podrían no seguir; el flamante cuerpo técnico, que sabe que volverá a las inferiores, y hasta los dirigentes, que saben que en los 90 minutos de hoy se pueden empezar a escribir las primeras páginas de un semestre en el que la política también se calzará los cortos para salir a la cancha.

No hay margen para la duda sobre que la revancha contra San Pablo no le cae a Central en el mejor momento. Habla por sí sola la tremenda caída en Sarandí de hace apenas unos días, donde ni siquiera la vergüenza pudo capear el temporal. Este Central llega convulsionado, con enormes problemas futbolísticos, pero turbulencias que van, incluso, más allá de las línea de cal. El hecho de que el entrenador esta noche será otro que el que estuvo en el Gigante hace menos de un mes ya es un tremendo indicador. Los técnicos no se remueven, renuncian o se los invita a irse cuando las cosas andan bien. Todo lo contrario. Y a Central le pasó de todo en estas últimas semanas.

Después de aquella derrota en Paraná, contra Patronato, el equipo entró en una pendiente en la que sólo atinó a tocar los frenos en la victoria contra Belgrano. Después, todas fueron pálidas. Incluso la primera parte de esta historia de Copa Sudamericana, la que se escribió allá en el Gigante y cuando el equipo, pese a jugar más de una hora con un hombre más, no pudo sacar una ventaja, por mínima que sea. Es cierto que no le convirtieron y que hoy cada gol que marque obligará a San Pablo a redoblar esfuerzos, pero nadie se desentiende del momento.

Esta Copa Sudamericana, a la que el canalla entró pidieron permiso (fue enorme el mérito de Paolo Montero de lograr que el equipo remontara tanto, pero la clasificación llegó por el título de Independiente en la Sudamericana pasada), claramente se transformó en uno de los grandes objetivos del semestre, si no el más importante. Porque estaba la ilusión de remontar y meterse entre los 11 primeros para jugar también la de 2019, pero este desafío internacional estaba por encima de todo. Y en el momento en el que mejor tuvo que hacer las cosas, Central actuó en reversa. Hizo todo al revés. Fue cuando peor jugó el equipo, cuando los buenos resultados pegaron un portazo para nunca más volver y cuando se le dio más cabida a las emociones que a la calma, a las acciones en caliente que al análisis, a las palabras subterráneas que a la franqueza.

Sin ser parte de la novela y parado a un costado del escenario, cualquier ensayo de análisis obtendrá la misma conclusión: que Central llega claramente como punto al choque de esta noche. Y acá casi que lo futbolístico se puede dejar de lado. Porque aún estando demasiado lejos del ideal en cuanto al juego se sabe que en el fútbol muchas veces se borra con el codo lo que se acaba de escribir con la mano. Lo que hay es un componente mucho más abarcativo, más global. Lo que hay es un contexto que lejos está de tenderle una mano al canalla.

Haber jugado contra Arsenal como lo hizo es el mejor ejemplo. Y no caben las excusas de que Chamot guardó algunos futbolistas. Porque si hay algo de lo que en Arroyito siempre se hizo gala es de la calidad del plantel con la que se cuenta. A la luz de los resultados no sólo se podría poner en tela de juicio esa afirmación, sino que da para pensar todo lo contrario.

Alguna vez Russo patentó la frase "esto es Central". En otros momentos de la historia, el Chulo Rivoira se atrevió a afirmar que "el principal rival de Central es Central mismo". Eran otros tiempos, con contextos diferentes, pero que tranquilamente encuadran en este presente.

Golpeado, desdibujado futbolísticamente y con, aparentemente, escasa capacidad de reacción, Central va esta noche por un batacazo en el Morumbí. Y para sortearlo deberá torcerle el brazo a ese gran oponente que se le aparece cada vez que se mira al espejo.

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