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Matías Vidondo: "El box está en crisis por falta de inversión"

El campeón argentino y sudamericano de los pesos completos analiza la realidad de su deporte mientras espera a algún retador. Cuestionó a los promotores y creó en Rosario un club para la práctica del boxeo recreativo.

Miércoles 16 de Agosto de 2017

Matías Vidondo es el campeón argentino y sudamericano de peso completo. La ausencia de rivales lo pone en una situación imprevisible. Aunque no se altera. "Están esperando que me retire para ir por los títulos, pero no, van a tener que venir a buscarlo", le dice el Gordo a Ovación en la puerta de su nuevo objetivo, el Club del Boxeo, un gimnasio estilo neoyorquino donde dedicará su tiempo a enseñar boxeo recreativo a todos aquellos que quieran entrenar como si fuesen púgiles. Y no duda en diagnosticar que el problema de este deporte en el país no es la falta de boxeadores, sino la falta de inversión para el desarrollo de las empresas promotoras.

¿Cómo está el boxeo de Rosario y Santa Fe?

En la Argentina el boxeo está caído y Santa Fe no le escapa a ese contexto, pero vale aclarar que no porque falte materia prima, ya que hay grandes exponentes en Rosario y muchos pibes en el interior de la provincia que vienen muy bien. El problema radica en la falta de inversión para acompañar la formación boxística de cada uno de ellos, como así en la poca difusión de la actividad, que aunque no crean incide mucho también. Más por tratarse de jóvenes de 17 y 18 años para arriba que por pertenecer a un determinado sector social necesitan trabajar o hacer changas para vivir y casi seguro que son padres jóvenes, por lo que sólo pueden practicar de a ratos. Y si llegan a profesionales pueden hacer una o dos peleas por año, le pagan dos mangos y, por tener que trabajar, los entrenamientos no son los que corresponden. A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos o Europa, donde los profesionales están metidos en el gimnasio de seis a ocho horas por día, con el período de descanso correspondiente, y solventados por la empresa que regentea el gimnasio o por determinado promotor. Acá van a laburar de albañiles u otros trabajos pesados, porque ninguno es oficinista, y llegan al gimnasio con el cuerpo gastado para entrenar.

¿La falta de profesionalización en el boxeo es porque no se invierte y porque los promotores se abusan de los púgiles?

En ese orden. Porque no hay inversión, porque muchas veces los promotores distorsionan el negocio al postergar los ingresos de los boxeadores y como boxeador no tenés forma de discutir una bolsa. Yo en la última pelea acá cobré dos mangos, pero literalmente, dos mangos. Cobré lo que es un sueldo de empleado de comercio y podrán decir que no es poco, pero hacía un año y medio que no combatía, entonces cómo vivo un año y medio con el salario de un mes de un empleado de comercio. Incluso hasta mi rival cobró más que yo.

¿Por qué un promotor no banca a un boxeador que tiene condiciones como ocurre con los futbolistas y sus representantes?

Yo estaba entre los mejores quince ranqueados de la AMB, me tenía que ir a Estados Unidos a pelear en el Madison Square Garden con el cubano Ortiz. Me levantaba a las 8 y entrenaba en triple turno. Pero entre esos horarios en vez de descansar tenía que ir a trabajar, por suerte tengo la posibilidad de hacer lo que me gusta, que es entrenar a aquellos que hacen boxeo recreativo. Pero si mi laburo fuese otro no hubiese podido combatir. Y me fui con un sponsor que es Olimpia, que me banca desde que soy amateur y que me da la ropa y los elementos de trabajo, pero obviamente ellos tampoco tienen la posibilidad de darme un sueldo. Entonces, si a mí que ya estoy a esta altura de la carrera me cuesta un montón, imaginate para los chicos que recién arrancan.

Antes eran Don King y Bob Arum los grandes promotores, pero ahora ex campeones son empresarios de promoción, como De la Hoya por ejemplo. ¿Esto puede ocurrir en el país?

En Estados Unidos no hay monopolio, está prohibido. Pero acá no. Parece contradictorio pero es así. Acá cuestionamos a los yanquis pero allá las cosas funcionan y acá no. Yo la única vez que me sentí campeón fue cuando fui a pelear allá, porque me fueron a buscar en una camioneta increíble, me llevaron a un centro médico para hacerme todos los estudios necesarios, luego me trasladaron a un hotel de 20 estrellas más o menos, donde estaban todos los boxeadores sin distinción, nada que ver con los hoteles cerca de las terminales como nos mandan acá. Pero la diferencia estuvo en la composición del equipo. Yo fui con mi entrenador de ese entonces Iván Priotti, con el preparador físico Gastón Amione, mi actual entrenador Luis Vila Ginés, con quien me inicié en el boxeo, y el kinesiólogo Rodrigo Martínez, que se pagó el viaje para poder estar. En cambio el cubano Ortiz tenía tres sponsors internacionales, un especialista en cortes, un especialista en vendajes, un equipo de veinte personas.

Entonces es como reza el chiste pero cambiando el sentido, boxeadores hay lo que faltan son capitalistas.

Tal cual. Por eso pasó lo que pasó con Maravilla o Maidana, o con muchos de los que se van. ¿Nunca se preguntaron por qué acá mantienen un nivel y cuando se radican afuera explotan? Simplemente porque hay otra mirada del negocio.

Ahora estás en un gran emprendimiento en Mitre 785, haciendo un gran club de boxeo, entonces quiere decir que hay público al que le gusta entrenar, más allá de que sea un boxeo recreativo y social.

Sí, vos estás viendo la inversión que yo estoy haciendo acá, pero qué es lo que hace el promotor por acá: abre un galpón, le pone tres bolsitas, un par de fotos de boxeadores consagrados y dicen acá está el gimnasio donde salen los campeones. Y no es así. A la gente le tenés que dar un producto. Yo quiero que la gente tenga todas las herramientas para entrenar esa hora donde tira el cable a tierra, que disponga de agua caliente para bañarse y todo eso cuesta pero vale.

¿Te imaginás como promotor en el futuro?

No. Porque soy boxeador. Pienso y siento como un boxeador. Por eso yo abro este espacio para poder transmitir todo lo que sé de esta pasión a un segmento social y en forma recreativa. Donde aquel que esté todo el día a full con su actividad encuentre acá esa hora de recreación, pegándole a la bolsa, saltando, entrenando boxeo. Y por esa pasión es que tampoco puedo ser entrenador de boxeadores, porque vienen y me dicen que hay que pelear con cuatro, seguro que digo listo, vamos al ring, pero eso porque uno es como un guerrero, por eso es necesario un equipo que te dé equilibrio, que te diga no, pará Matías, no podemos pelear con cuatro. Entonces yo en un rincón no sería objetivo y por eso debo mantenerme aislado del rol de entrenador.

Es decir que al promotor no le interesa mucho el boxeador sino el negocio, sin intención de ofender a aquellos que laburan bien.

No debería ofenderse un promotor por eso. Es la realidad. Priorizan el dinero. Y no digo que esté mal porque es el juego que nosotros jugamos. Lo que digo es que si es un negocio, tenés que invertir en ese negocio. Si el boxeador es tu apuesta a futuro, bueno, solventalo. Hay una historia de Bonavena que es increíble. Sale caminando hacia el ring del Luna Park y lo para un periodista para preguntarle: "¿Y quién gana Ringo, quién gana?". Y Bonavena le contesta: "Como siempre, Tito Lectoure gana". Pero más allá de esto yo no reniego del promotor por eso, reniego del promotor por otras cosas. El boxeador es un tipo muy indefenso, más allá de que veas un tipo sin coraza que sale a cagarse a trompadas, pero desde otro punto de vista es muy vulnerable, muy fácil de manejar, de engañar. Vos vas a pelear y te dicen esta es la plata y no hay más. Y ahí te dicen que te pagan más la próxima pelea y así te pedalean. A mí no me ha pasado esto, pero te puedo contar mil historias.

Pero no te ocurrió por tu formación, que no es la más común en el mundo de los boxeadores.

Pero ojo, te pasan otras cosas. Por ejemplo a mí me tocó pelear por el título latino con determinado promotor, al que no vale la pena nombrar, y fui a la Federación de Box y me mostraron el cinturón. El día de la pelea gano pero no me dan al cinturón. Entonces pienso, bueno, ya me lo mandarán. Nunca llegó. Hasta que le pido a mi gente que lo llamen al promotor antes de que lo agarre del cogote. Y el tipo ahí reconoce que no estaba en juego el cinturón porque no le habían aprobado al otro boxeador y no me lo quiso decir para que pelee. Y bueno, así funcionan. Lamentablemente.

¿Te gusta ver boxear a las mujeres?

Entreno a un montón de mujeres en el boxeo recreativo. Pero en el ámbito profesional no me gusta ver las peleas de las chicas. Pero no por una cuestión de género, porque de hecho las mujeres son más bravas que nosotros, mucho más guerreras. Te puedo asegurar que entrenan mucho más duro que el varón. Pero no me gusta ver una pelea de chicas porque yo soy un noqueador, a mí me gusta meter la mano y que el otro se caiga. Por eso cuando las veo pelear parece que no se hacen nada. Pasa en el mundo del tenis también. No soy de mirar tenis, pero a quienes les gusta te dicen que la potencia es muy distinta entre el hombre y la mujer y que por ahí a muchos se les hace aburrido mirar un partido de mujeres porque es más lento. Pero aclaro, no digo que no me gusta por una cuestión de género, sino porque la potencia es otra. La Pantera Farías por ejemplo es una excepción. Es que a mí me gusta lanzar el golpe y que se escuche.

¿Por qué muchos dicen que el boxeo no es un deporte?

Porque lo relacionan con la violencia. Y porque este es un deporte de negros y es más fácil cuestionar los golpes que lanza o recibe el negrito para poder vivir que cuestionar al médico, abogado o pibe de clase alta o media que quedó parapléjico por jugar al rugby. Y no es un cuestionamiento al rugby, porque convivo con rugbiers amigos. El boxeo es un deporte duro, sin dudas que lo es, pero se debe practicar con responsabilidad y ajustado a las normas.

Alguna vez a Galíndez le preguntaron si tenía miedo arriba del ring y respondió que más miedo le tenía al hambre. ¿Cómo es en tu caso?

El boxeador sube a dar todo, todo de verdad, pero todos los que subimos tenemos un miedo lógico, porque el que no tiene miedo está loco, y el que está loco pierde. Si subís sin miedo inhibís todas las alarmas, porque el miedo es el que te despierta, el que te lleva a defenderte y también a buscar vencer.

Te avisaron de la pelea con Ortiz un mes antes y fuiste igual con todo lo que eso implica. ¿Por qué? ¿Sólo por el dinero?

Yo fui a ganar. Sé de las diferencias, fundamentalmente más cuando no tenés tiempo para prepararte bien, pero yo estaba convencido de que le podía meter una mano. Tal vez hoy lo boxearía con otra estrategia, porque me enfrenté a un tipo con más de quinientas peleas amateur y con una considerable diferencia en el alcance de brazos. Y con un boxeador que guantea con pesados, yo acá no tengo boxeadores de mi peso como sparrings. Pero fui porque pensé que tenía chances. Y lo volvería a hacer.

¿En qué favorece el boxeo recreativo?

En primer lugar es desestresante. Trato de hacer una clase amena, en la que en una hora estás haciendo algo para vos. Salís de una empresa, de un comercio, ustedes del diario, vienen una hora, apagan los celulares y se dedican a ustedes. Tenés bronca por algo, pegale a la bolsa. Descargá. Salta la cuerda. Dale a la perita con las dos manos y a los pocos minutos estás como nuevo. En fin, todo lo que hace un boxeador. Menos guantear, por supuesto, porque este ring es para aquellos que quieran ya practicar boxeo. Con guantes de 16 onzas, para que no se lastimen.

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