Patricio Loustau estuvo en el ojo de la tormenta en la previa del partido del último miércoles en el Kempes, en lo que fue la clasificación canalla a las semifinales de la Copa Argentina. El juez tenía en el lomo la enorme mochila del pésimo arbitraje de un año atrás en la final de la misma competencia disputada también por ambos equipos. Aquella vez, los xeneizes se quedaron con todo por los fallos garrafales de Diego Ceballos, que entre sus graves desaciertos, como sancionar un penal por una infracción de Ferrari a Peruzzi que fue un metro afuera del área, no volvió a impartir justicia en primera división. Con este lastre salió Loustau a dirigir a canallas y boquenses y con mucha muñeca sacó adelante un partido chivo. El mejor resumen de que no incidió en el resultado es que cuando decretó el final del duelo en Córdoba ningún protagonista se le fue al humo a recriminarle nada. Eso suele ocurrir con el equipo que pierde, pero ni Carlos Tevez ni sus compañeros lo encanaron al juez y se metieron de una en el vestuario con la cabeza gacha.

































