Ovación

Los Tigres, una escuela de vida

Un proyecto en el que los valores del rugby son herramientas de cambio en los barrios Gráfico, Santa Lucía Viejo y Empalme Graneros.

Martes 21 de Noviembre de 2017

Había una vez dos realidades opuestas que estaban separadas por una pared de alambrado. Cada una vivía en su mundo hasta que sin ninguna construcción racional previa unos piedrazos terminaron derrumbando ese muro y comenzó una historia que merece ser contada. Un sábado por la mañana, en el fideicomiso del Jockey Club, la práctica de los infantiles y todo su despliegue se detuvo unos minutos. ¿El motivo? Desde afuera un puñado de chicos del barrio Gráfico cuyas edades rondaban los 10 y 12 años no tuvieron mejor idea que llamar la atención tirando piedrazos e insultando a quienes estaban entrenando.

Luego, así como pasa en el libro "Elige tu propia aventura", se fueron concatenando una serie de hechos que tuvieron un final inesperado. En un momento dado, tres padres (Nicolás del Campo, Joaquín Pascual y Lucho Jáuregui) que estaban entrenando a sus hijos, en lugar de llamar a la seguridad del club para solucionar el tema se acercaron al tejido y lejos de increpar a los chicos intentaron conversar y les preguntaron si les gustaría aprender a jugar y si querían que ellos mismos les enseñen. Los chicos podrían haber contestado cualquier cosa, incluso responder con insultos, pero no. La respuesta positiva fue inmediata y así se abrió la puerta a un momento mágico. Esos padres tomaron el compromiso de una situación que no habían pensado y les pidieron a los chicos que volvieran el sábado siguiente a entrenar, pensando que una semana después no iban a encontrar a ninguno. Grande fue la sorpresa cuando se hicieron presentes y ya un grupito de diez pibes los estaba esperando.

Como si estuviera escrito para un relato fantástico, en ese lugar había una puerta que se usaba para ir a buscar las pelotas que se iban afuera y muy cerca de allí la canchita del barrio. Ese sábado abrieron la puerta y con una ovalada le empezaron a enseñar a dar los primeros pases. Era septiembre de 2015. Sin saberlo, en ese hecho completamente espontáneo empezaban a nacer los Tigres del barrio Gráfico, un movimiento constante y progresivo que superó cualquier expectativa.

Meses después los tres padres se dieron cuenta de que en esta tarea necesitaban más voluntarios, ya que cada vez se les complicaba más ver a sus propios hijos, quienes obviamente los reclamaban. Así se fue acercando mucha gente. El actual presidente es Gonzalo Maderna, y el secretario Rómulo Bertoya, quien abrazó el proyecto como propio y se hizo cargo de todo lo que tiene que ver con la gestión para los Tigres.

"Desde ese compromiso, de esa palabra dada y empeñada, es desde donde nosotros queremos construir", destacó Bertoya, quien a la hora de hablar de su trabajo aseguró: "Mi rol es el de meter gestión, ver el modo de generar recursos y empezar a articular con otras instituciones de manera de hacer una red mucho más grande que la que habíamos tejido con los primeros once chicos. Eso posibilitó que podamos crecer de esos once chicos a los más de ciento cincuenta que tenemos todos los sábados. Es un club que los sábados se forma espontáneamente y después desaparece".

¿Cómo es un sábado con los Tigres?

Arranca a las 9 con un desayuno que damos junto con la gente de la Vicaría, con la que trabajamos en conjunto en pos de conseguir los recursos para que los chicos tomen ese desayuno. De 10 a 12.30 está la práctica deportiva, en la que les dan rugby y hockey, y hay un taller de manualidades para los más chiquitos. Cuando esto termina se realiza el tercer tiempo, en el que cada nene recibe un pancho y una gaseosa todos los sábados.

¿De qué manera funcionan los Tigres?

Para trabajar en este contexto hay dos formas: una es sentarse y resolver las cosas con planes preestablecidos. La otra, que es la que nosotros usamos, es al revés: se empieza a trabajar y en el propio trabajo se van construyendo muchas cosas. Me encanta pensar que muchos objetivos que damos nosotros no los sabemos y sí lo saben los propios chicos y sus padres. Es en el conjunto donde vamos construyendo eso y es el empuje del barrio el que muchas veces nos va marcando el camino. Nosotros no nos ponemos en un rol superior y creo que eso es clave. Lo que tratamos es de darles herramientas a esos chicos y a sus familias para que ellos puedan salir adelante solos. Y el deporte es una gran escuela de un montón de herramientas que te permiten afrontar un montón de problemáticas que nosotros no tenemos.

¿Por qué el rugby y el hockey?

Porque son dos deportes de equipo que tienen cuestiones particulares. Cuando entramos al barrio eran dos deportes de los que estaban enterados, pero desconocidos en la práctica. Eso fue un punto a favor, ya que entramos "en blanco" y más comparado con el fútbol, que tiene una carga emotiva importante puesta en algo distinto al deporte en sí. Por eso se nos hizo más fácil, porque tenían que aprenderlos.

¿Cómo está dividido el trabajo?

Como el trabajo es maratónico está dividido en varias fases. En la fase uno se busca consolidar la práctica de las sábados, con cantidad de chicos, entrenadores y equipamiento y conseguir alimentos para el desayuno y el tercer tiempo. En este tiempo, Tigres logró que varios chicos se integren a una estructura más formal de práctica deportiva en un club (Los Caranchos y Centro Cosmopolita de Roldán), que les hacen un seguimiento a los chicos y a sus familias (80 % de avance). En la fase 2, se empezaron a abordar problemáticas más integrales en los chicos, como educación, salud y otras. Para eso, y entendiendo que la tarea es titánica, se definió una política para optimizar esfuerzos, transformarse en facilitadores y contactarse con organizaciones que se especialicen en cada una de las áreas a abordar y trabajar colaborativamente. La idea es generar políticas que brinden herramientas de apertura y cambio, no ser dadores de cosas materiales únicamente (60% de avance). Finalmente la fase 3 es trabajar en empoderar a personas del barrio y los propios chicos para que tomen roles de gestión y organización dentro del proyecto. Son ellos los que le van a dar sustentabilidad al proyecto. (40% de avance)

¿Es importante también trabajar con los padres?

Obviamente. Si uno se focaliza solamente en el chico y no en los padres es como que si se quedara corto. Así es como empezamos a trabajar con las madres y armamos el equipo de "las madres de los Tigres". Empezamos a hacer talleres de tejido, por ejemplo, pero el trasfondo es empezar a conformar esta noción de trabajo en equipo y colaborativo con las madres, para luego poder abordar muchas otras problemáticas. Estamos llevando al nivel de la mamá el mismo trabajo que hacemos con sus hijos, utilizamos el mismo modus operandi.

A medida que el trabajo avanza, ¿con qué se encontraron?

Empezamos a trabajar en la forma de hacer eficientes los procesos y sobre todo los recursos. Los recursos son escasos: no tengo ni todas las personas que necesito ni tampoco toda la plata. Tengo poco y, cuando empezamos a trabajar en el barrio, nos encontramos con un montón de problemáticas que nosotros no podíamos abordar. Soy arquitecto, hay contadores, abogados, pero no tenemos psicólogos o trabajadores sociales. Ninguno se dedicaba a esto. Justamente ese inicio tan espontáneo hizo que no tuviéramos una estructura armada para esto. La decisión que se tomó fue la de trabajar en red. Si empezamos a encontrar problemáticas en salud o educación, no hacer de los Tigres un especialista en eso, sino derivarlo al colegio del barrio, al centro de salud del barrio. Así armamos una red de trabajo con los mismos que están instalados en el barrio, aprovechando las potencialidades de cada uno. Hoy en día la directora y vicedirectora del Colegio 1080 Gabriela Mistral del barrio vienen a nuestras prácticas y nosotros vamos a las actividades del colegio. Los Tigres están en el colegio, en el centro de salud, están en todos lados. Empezamos a hacer una sinergia de trabajo y ya somos parte del barrio. Entre todos buscamos las soluciones. Cada uno en el lugar que está puede agregar valor a esta situación.

¿Cómo definirías este trabajo?

Nosotros somos vecinos aprendiendo a convivir y entendimos que si el barrio mejora, mejoramos nosotros. El regalo más lindo que podíamos hacerle al barrio es poder generar una organización, un sistema que sea autogestionable. Mi idea es que de acá a cinco años la propia gente del barrio se pueda hacer cargo del proyecto. Ahí estaríamos satisfechos porque las herramientas las van a encontrar ellos, no las tenemos nosotros. Lo que nosotros podemos hacer es facilitar las cosas, ese es nuestro rol, no darles las cosas servidas y atrofiar las capacidades de ellos de generar cosas. Siempre digo que es la gente del barrio la que nos enseña a ser inclusivos, son ellos los que sábado a sábado nos abren la puerta de su barrio y nos prestan a sus hijos por un ratito.


Un sistema que no ayuda

Hay un sistema armado en el que las personas no tienen las mismas oportunidades. "Recientemente leí un artículo de Sol Minoldo sobre la meritocracia. Estoy convencido de que la meritocracia funciona, siempre y cuando todos tengamos las mismas oportunidades para llegar al mismo lugar", destacó Bertoya. Luego completó la idea: "No es lo mismo un pibe que va a un colegio pago, está bien alimentado y duerme bien, que un chico que vive en el barrio. No es verdad eso de que ellos no tienen ganas de laburar o estudiar. Eso es lo fácil. Nos encanta poner en el living de Susana el caso de Carlitos, que vendiendo praliné llegó a ser doctor en Harvard. Eso es el 0,01% de todos los otros que no lo están logrando. Y decimos «viste, si vos querés podés». No es así. Ese chico tiene algo distinto, pero hay que fijarse en el resto. No tengo respuestas. Trabajo con ellos. Por eso lo más lindo que nos dan los Tigres es saber que ponemos nuestro pequeño granito de arena para una sociedad más justa. Nada más que eso. Somos un grupo de personas aprendiendo a convivir. Y no le exijo nada al Estado porque el Estado somos todos. Los políticos son administradores, pero nosotros tenemos que tomar partido y hacernos cargo de las cosas de las que somos parte. El primer paso lo tenemos que dar nosotros", concluyó.


La problemática educativa

Si se observan un poco los sistemas educativos tradicionales o contemporáneos, hay algunos que no pueden dar en la tecla para captar al chico y poder mantenerlo. Ese es uno de los problemas más visibles en los Tigres. Al referirse a este tema, Bertoya destacó que "el sistema de educación formal de hoy es difícil que pueda llegar a estos chicos, porque ellos tienen necesidades básicas que están muy insatisfechas. A un chico que a los siete años tiene que ir a trabajar, ¿cómo se hace para sentarlo para que aprenda matemáticas tomándole asistencia? En la cabeza tiene otra cosa. Generalmente se piensa que la innovación en la educación está en Finlandia, pero no es siempre así. Hubo gente que se fue a estudiar a Africa o Brasil y lo que hacen allí es trabajar con programas en los cuales captan a los chicos desde una situación lúdica. De esa manera los chicos vienen con ganas y, una vez captados, empiezan a trabajar en el otro proceso. No es un «te obligo a que vayas al colegio y te pongo asistencia y si no te castigo», sino que es al revés: le entrás desde el «vení, jugá» y después lo abordás con el estudio. Ese es el eje de nuestro trabajo. Acá los chicos están en la calle, por eso cualquier actividad que podamos hacer para que estén contenidos la mayor cantidad de tiempo posible es lo mejor que podemos hacer por y para ellos".

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