Pasó de todo ese 21 de noviembre de 2023. La selección argentina acababa de terminar una jornada épica, casi en el filo de la medianoche. Por primera vez en eliminatorias sudamericanas en Brasil, le acababa de propinar al clásico de toda la vida su derrota más humillante. Un 1 a 0 largamente festejado por los jugadores y los hinchas que antes del inicio del partido debieron soportar la agresión de hinchas y, sobre todo, policías locales, por lo cual el partido estuvo a punto de suspenderse. Pero no todo terminaría ahí. No. ya en los primeros minutos del 22, Lionel Scaloni se sentó en conferencia de prensa y lanzó una frase bomba: “Está complicado seguir”. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué pasó? De golpe, todo el clima festivo se tornó de suma preocupación. Pero después de muchos dimes y diretes, el técnico levantó otra copa y confesó hoy, a modo de broma, que podría seguir ahora 30 años más si la AFA quisiera.
Argentina había sufrido, antes de ese segundo Maracanazo, la primera derrota tras la conquista del Mundial, en casa ante la selección uruguaya en la Bombonera. Después viajó a Brasil y se levantó con el golazo de cabeza de Nicolás Otamendi pero también con un fútbol de alto vuelo. Pero después de las interminables celebraciones con el público, Scaloni lanzó la frase que paralizaría los corazones argentinos y que sorprendió a todos sus futbolistas. Que dudaba en seguir, algo que volvería a explicar ahora consumada la gloria en la nueva Copa América, cuando habló de bajones y de que la pasó realmente mal.
Hubo varios meses de incertidumbre, muchas versiones y rumores de explicaciones hacia esas dudas de Scaloni, pero lo cierto y concreto es que pensó en no continuar después de haber alcanzado la gloria. Por fortuna para todos los hinchas argentinos enamorados de esta selección como pocas veces en la historia, los nubarrones se disiparon, volvió a salir el sol, cargó pilas y el resultado fue esta nueva página gloriosa.
Donde Scaloni refrendó los atributos que lo llevaron al cénit del mundo futbolístico. Donde no se movió un ápice de pensar los partidos de acuerdo a la conveniencia del momento ante los rivales de turno. Donde reconfiguró la zaga central y donde siempre priorizó el equipo.
Tanto fue así que, pese a que puso a Ángel Di María en la final y lo dejó hasta el minuto 116 en suplementario, bien pudo pasar que la mentada despedida de Angelito fuera con él en el banco de suplentes sin entrar un minuto.
Que Di María le haya dicho adiós a lo grande a la selección se lo deberá eternamente al Dibu Martínez, que nuevamente se hizo enorme en los penales en los cuartos de final ante Ecuador, en una de las más flojas actuaciones de la selección, que bien podrían haberla dejado sin final.
Siempre con la palabra justa, sin gestos grandilocuentes, dejando que el equipo hable por él, Scaloni más que nadie se habrá dado cuenta que llegó una cierta etapa de recambio. Que no lo asusta. Es el que llevó adelante cuando asumió increíblemente desde su inexperiencia y tras haber atravesado un interinato impensado sembrando confianza a su alrededor.
Fue Scaloni el que trajo a la selección a nombres que pocos tenían en el radar y los consolidó, formó una estructura sólida a la que sabe debe seguir alimentando. Difícilmente el técnico se conforme aunque disfrute al máximo sus logros. Ya seguro tiene en mente la Copa del Mundo en el mismo país (con Canadá y México) e irá en las eliminatorias encontrando las variantes para la era pos Di María que se sabe y la pos Messi que se intuye. Al fin y al cabo bromea con 30 años más, pero en dos volverá a reciclarse.