Marcelo Larrondo es un reverendo desagradecido. De otra manera no se la puede calificar a una persona que le muerde el brazo al club que alguna vez le dio de comer. Pero lo que es todavía peor es que el hoy delantero de River no tuvo los cojones suficientes en su momento para plantarse ante la dirigencia canalla y entonces compañeros de equipo para decirles en la cara lo que declaró en la muy buena entrevista que le concedió al diario deportivo Olé. Todo lo contrario. Eligió el camino de los cobardes. Huyó para no enfrentarlos y en un santiamén apareció haciéndose la revisión médica para cerrar su incorporación a River. Como interiormente sabía que no estaba haciendo lo correcto, por eso se subió a un auto de madrugada sin que nadie lo viera que se escapaba del hincha de Central. Según él, esa misma gente que cuando llegó lo cobijó con el afecto que se le da a un hijo, pero que ahora la ningunea cuando declara públicamente que en Italia "me quedaba despierto hasta las 3 de la madrugada viendo los partidos de River porque mi sueño siempre fue jugar ahí".
























