Newell’s está en franca caída, más allá de los números que así lo grafican. Porque por primera vez en la era de Javier Sanguinetti el equipo sumó su tercera derrota consecutiva y en vez de mostrar señales de reacción la pendiente en los rendimientos es cada vez más empinada. Ante Atlético Tucumán jugó como quien dice apenas un rato, pero luego paulatinamente se fue apagando, confundiendo y perdiendo la brújula. La imagen del final, con el arquero Herrera de nueve y el tanto de Tesuri de contra, libre como si estuviera en el patio de su casa, graficó el desaguisado que fue el rojinegro en el epílogo. Fue un 2-0 duro, lacerante y que amerita respuestas futbolísticas urgentes. La crisis está en sus primeros síntomas, pero hay que cortarla de cuajo y no negarla. Newell’s ahora tiene una final el miércoles por Copa Argentina en la que está obligado a reivindicarse. Lo contrario sería más leña al fuego.
Todos los números en las últimas fechas están en rojo para Newell’s. Que en las últimas jornadas sumó tres empates y tres derrotas en fila, todo tras un inicio arrollador que lo depositó en la punta del torneo. Pero esta pendiente tiene motivos claros. El rojinegro ya no defiende como un animal a su cachorro, en el medio perdió presión y arriba casi no hace cosquillas. Por eso los resultados negativos no son casualidad. Por ello la mala racha se va transformando en crisis.
En la noche tucumana el rojinegro, como en una copia de partidos anteriores, comenzó criterioso con el balón, parado en campo ajeno y tratando de presionar al rival. Y lo consiguió, aunque sin generar peligro.
Pero de manera paulatina, como el sol cuando cae al atardecer, esos rayos de fútbol empezaron a perder intensidad, irrumpieron las sombras, las dudas y en el final llegó la oscuridad total.
Newell’s ya no impone las condiciones de juego en los partidos. Porque bajaron los rendimientos individuales de manera notoria, pero además el equipo se desorganizó. Y ya es evidente que sólo con Pablo Pérez para generar juego no alcanza. Incluso otra vez, tanto Panchito González como Ramiro Sordo, estuvieron sin brújula en la excursión al norte del país.
Tampoco logró gravitar ante el decano Juan Manuel García, de notable sequía goleadora, con apenas aquel grito en la primera fecha ante Banfield, que ya quedó color sepia.
Y el pibe Franco Herrera sigue sin consolidarse bajo los tres palos. Sacó mal de abajo con los pies y casi regala un gol en la etapa inicial. Y después fue a buscar el empate al final y sufrió un segundo tanto no forzado, en una exposición lamentable para un juvenil de la casa.
Newell’s en Tucumán no hizo más que agrandar sus males y sus penas. Porque cayó ante un líder utilitario, que encima le ganó con muy poquito: el orden y la disciplina, dos atributos que el rojinegro tenía en las primeras fechas, pero se le fueron escurriendo de las manos.
Ahora Sanguinetti tendrá que repensar la idea de juego y levantarle la confianza a los jugadores que lucen muy golpeados, en especial los más jóvenes.
Lo que hay por delante es nada menos que una final. Un partido a todo o nada contra Aldosivi por la Copa Argentina. Un cotejo eliminatorio, a cara o cruz, el miércoles por la noche en San Nicolás, por un pasaje a los cuartos de final del certamen federal.
Para Newell’s será la gran chance de ponerse de pie. De sacarse la mufa de las últimas presentaciones y de regalarles una alegría a los hinchas, que pasaron de ver a un equipo en alza y protagonista, a otro lleno de dudas y que ahora se acostumbró a perder.