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La figura del Trinche estará para siempre en el Gabino

El Trinche Carlovich tendrá una estatua de bronce en la tribuna donde miraba los partidos en Tablada. Es un proyecto del diputado Giustiniani.

Domingo 17 de Mayo de 2020

Como el Negro Olmedo en Pichincha. Como el Che Guevara en Tablada. Como el Negro Fontanarrosa en la plaza Montenegro o en el bar El Cairo. Ahora la estatua será para Tomás Felipe Carlovich, el mítico jugador de Central Córdoba que falleció la semana pasada tras un violento robo para quitarle la bicicleta y que con su adiós elevó también el tamaño de la leyenda. La noticia rebotó en Rosario y la región, donde el Mago despuntó su juego para el asombro de propios y extraños, pero también en otros rincones del mundo a los que llegaron relatos en torno a su figura, tan excelsa como bohemia y desfachatada. Con su desaparición empezaron los homenajes, que irán creciendo con el tiempo también. Sin embargo, el que impulsa y llegará de la mano del diputado Rubén Giustiniani (Igualdad) tiene una particularidad: una estatua, la primera de un futbolista en Rosario, pese a que ya era parte indiscutida de la iconografía de la ciudad. La donarán a Central Córdoba, será de bronce y lo tendrá sentado en la tribuna del estadio Gabino Sosa donde habitualmente se ubicaba para ver al charrúa de su corazón. Al charrúa de su vida.

   Esta semana la Legislatura provincial aprobará el proyecto de Giustiniani que ya recibió la firma y el aval de todos los bloques. Por eso, a esta altura, la noticia es un hecho y la aprobación una mera formalidad. También se abrirá una colecta popular de llaves para que los hinchas puedan colaborar en la confección de la estatua del ídolo que logró en Rosario lo que nadie: unanimidad en el afecto. Al Trinche lo quisieron todos, por supuesto que especialmente los simpatizantes de Central Córdoba, pero fue de todos. Ni Lionel Messi, con su trascendencia mundial, podría unir a la Cuna de la Bandera de esta manera.

   La estatua tendrá tamaño real y será confeccionada por un artista local del cual se conocerá el nombre próximamente. La idea, como se señaló, es que esté sentado en el sector que da espaldas a Virasoro, pero se escucharán las sugerencias pertinentes por parte del realizador. El club ya fue informado sobre la propuesta y la familia también. Hay visto bueno de todos. Estará en el mismo sitio en el que el sábado pasado se le rindió culto y aplausos, entre el puñado de hinchas que fueron a darle el último adiós aún en plena cuarentena, saludando al féretro que paseó por la mitad de la cancha, el sector del campo de juego que era suyo. Esa tribuna, la que quedó de frente a la despedida, lo verá nuevamente, aunque de manera simbólica. Será el sitial del Trinche.

   “Para nosotros es un deber reconocer a esa leyenda, a ese ídolo popular, con esta estatua para que quede en la memoria de todos, pero no solamente porque fue un gran jugador de fútbol sino también una gran persona, para que los chicos y las chicas que hacen deporte conozcan el ejemplo que nos dejó el Trinche”, le dijo ayer Giustiniani a Ovación sobre el proyecto.

Un Mago lindo y feliz

Tomás Felipe Carlovich nació en Rosario el 19 de abril de 1946 en Barrio Belgrano, hizo inferiores en Rosario Central, donde jugó dos partidos en primera antes de irse en busca de nuevos rumbos. En 1972 recaló en Central Córdoba, donde descolló como mediocampista “de los que no hay” y cautivó a todos con un talento único. Vistió los colores de otras instituciones, militó en muchos clubes pequeños de la provincia, aunque fue en el charrúa donde creció el mito. Es que, aquel fútbol del Trinche no tiene prácticamente registros fílmicos, por lo que las historias se narran como jugaría. Especialmente esa que habla de la humillación que le provocó la selección rosarina a la argentina en la previa del Mundial 1974 en Newell’s, cuando Carlovich,el único convocado por fuera de canallas y leprosos, la descosió y manejó la orquesta.

   Adeptos a la moralina se atreven a decir que el Trinche nunca jugó en primera A (salvó esos dos partidos con Central) porque le faltó disciplina, profesionalismo, porque era lento o le gustaban otras cosas. Pero él mismo los desmintió cuando reconoció que su historia fue como él la quiso, porque así fue feliz. Con las pequeñas cosas edificó su simpleza. Es que al fin de cuentas el Trinche fue eso: campito, barrio, fantasía y después tablón. Ese mismo que pronto lo verá de bronce. Para hacerlo aún más eterno.

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