La convocatoria fue colosal. La pasión que se vivió antes y después, descomunal. El clásico entre Newell's y Central tuvo una antesala especial, como siempre sucede en cada previa y con una expectativa tremenda. Por algo se lo llama el derby más pasional del fútbol argentino y que trasciende las fronteras del país. También la grieta existente permanece inalterable por algunos pocos, esos que ven este duelo como una batalla. Simplemente, más allá de todo lo que se juega, se trata solo de un partido de fútbol. La agresión a Fatura Broun cuando ingresó al campo de juego fue un episodio grave y que puso en riesgo la disputa del clásico, que se jugó por predisposición del propio arquero canalla.
El gran problema es la rivalidad violenta que unos pocos intentan mantenerla activa. Esos mismos que generan disturbios y agresiones inadmisibles que empañan una fiesta del fútbol. Como sucedió en la llegada al Coloso del micro de Central, que fue apedreado reaccionando a gestos que habrían realizado algunos futbolistas canallas -algo criticable y evitable-. También ciertos "vivos" elevaron drones que lanzaron humo amarillo y azul cerca del Coloso como para marcar la presencia auriazul.
Pero el punto más importante estuvo focalizado en la herida que sufrió Broun en su pómulo derecho producto de una bomba de estruendo, según contó el propio arquero. Con el peligro que eso conllevó no solo para la humanidad del arquero, sino también de sus compañeros que iban rumbo al césped del Coloso.
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El árbitro Pablo Echavarría habló detenidamente con Broun y pidió que fuera asistido por el cuerpo médico de Central. Al arquero se lo observó en todo momento dispuesto a no demorar el inicio y jugar el clásico cuando estaba en condiciones de hacer lo contrario. Si Fatura no se sentía en condiciones el encuentro podía no jugarse. Esa situación habría generado un enorme malestar de los miles de leprosos que colmaron el estadio y por eso Pablo Pérez se acercó y dio la sensación de que le agradeció el gesto a Broun.
Precisamente en noviembre de 2018 fue el propio Pablo Pérez quien vivió un momento de incertidumbre al sufrir una herida cuando el micro de Boca fue apedreado en el momento en que llegaba al Monumental. El volante leproso sufrió un profundo corte en su ojo izquierdo por el estallido del vidrio del micro y debió ser conducido a un sanatorio oftalmológico para ser revisado. ¿Qué paso? La superfinal no se jugó porque lógicamente el futbolista no estaba en condiciones de hacerlo. Luego, por el triste incidente de repercusión mundial, el encuentro increíblemente se disputó en Madrid.
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Broun este domingo fue golpeado en la cara y sufrió un profundo corte en el pómulo, aunque habilitó al árbitro para que diera comienzo al derby de la ciudad. Por el bien de los hinchas, en este caso leprosos, que pagaron su entrada, fueron a ver el clásico y no tuvieron nada que ver con la imbecilidad de una persona.