El fútbol de la ciudad fue perdiendo eventos, competencias importantes y posibilidades de acompañamiento de los hinchas por su propia responsabilidad. Fue condenado por sus antecedentes y por la falta de valor y sinceridad de su dirigencia, a ver como otros lugares, estadios o simpatizantes se fueron adueñando de las chances de ser sede de acontecimientos de relevancia. Y tuvo que mudar clásicos y sufrir señalamientos condenatorios, por su gran culpa. En ese marco, por fin apareció una luz de esperanza y de pacificación, que en el contexto que vive la ciudad es tan o más importante como el mismo acto de despedida de Maxi. Después de tantos traspiés y de oportunidades desperdiciadas, el fútbol rosarino volvió a ser ejemplo de convivencia.
La presencia de Fideo Di María y Pocho Lavezzi en la despedida de Maxi, en la cancha del rival, fue un mojón de valor incalculable, que tiene que ser reconocido y destacado en su justa medida.
Esta posibilidad nació de la invitación y de la valentía de la Fiera, y fue seguida por la conducta más que elogiable de figuras relacionadas a las raíces canallas. Ellos demostraron que el fútbol de la ciudad, ante determinadas acciones de intereses superiores debe ser símbolo de integración. Y que el cierre de la carrera de Maxi como jugador merecía este tipo de actitudes y respuestas.
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El ingreso de Fideo Di María al campo de juego fue en compañía de Lionel Scaloni y Leandro Paredes
Celina Mutti Lovera / La Capital
Más de una vez, cuando lo anunciaron, cuando lo mostraron en el vestuario con Bernardi y Heinze, y en el calentamiento previo, Di María recibió aplausos que premiaron su coraje y su conducta. Incluso, antes del inicio del partido, el estadio coreó: “Fideo, Fideo...”. Una muestra de respeto que debe ser destacada.
Evidentemente, el campeonato del mundo obtenido en Qatar está permitiendo la realización de estas actividades que hacen crecer el fútbol de la ciudad hacia un futuro mejor.
En el partido, Di María mostró sus electrizantes corridas por izquierda, y hasta envió el centro en uno de los goles de Maxi en el primer tiempo. Y el Pocho pasó algo más desapercibido en el juego.
Así, el fútbol de la ciudad, ese que viene perdiendo un lugar de consideración en la agenda nacional e internacional de los futboleros, volvió a exhibir un gesto instructivo que debe ser puesto en valor.
Así, la ciudad de Messi y Maxi, la de Di María y Lavezzi, la de tantos que hicieron enorme al fútbol rosarino, construyó un testimonio aleccionador. Ese que se debía hace tanto tiempo.
Di María: "No esperaba que me ovacionen"
Di María se mostró en parte sorprendido por la reacción de la gente de Newell's. "Es algo muy lindo, se puede. Es sólo poner un poco de buena voluntad", reflexionó Fideo sentado en uno de los bancos de suplentes, en medio del partido en medio del partido.
Y agregó: "No importa si es una camiseta u otra, el fútbol es para divertirse Estoy muy agradecido porque Maxi estaba con muchos nervios antes del partido. Me preguntó qué pasó cuando entré porque no sabía cómo había sido".
Y a modo de broma, pero con mucha sinceridad, Di María advirtió: "No me imaginaba que me puteen, pero tampoco esto que pasó, que me ovacionen. Estoy agradecido porque es algo inolvidable para Maxi. La Fiera estaba muy nervioso, durante la mañana me llamó para preguntarme si iba a venir y le dije que sí, porque creía que era importante estar con él".