Diego Osella dijo todo lo que quería decir en el vestuario tatengue, cuando en la noche del sábado presentó la renuncia como entrenador rojinegro. Esa decisión que tenía elaborada desde antes, cuando escuchó de boca del presidente Eduardo Bermúdez críticas que no le cayeron para nada bien, era lógica. Ayer el contestador de su celular acusó durante todo el día la casilla de mensajes llena, se notó que prefería no agregar nada a sus palabras tras la caída (aunque el resultado no fue el motivo) en Santa Fe a manos de Unión.
Justamente el equipo tatengue había sido al que enfrentó en su primer partido como director técnico de Newell's el 26 de febrero del año pasado. Un partido que finalizó 1 a 1 (gol de Scocco), en el que no pudo estar junto al campo de juego (lo hizo su hermano Javier) sino que vio por primera vez a sus dirigidos desde un palco, por una fecha de suspensión que debía de su anterior paso por Olimpo.
Había llegado con ilusiones, seguramente no tantas como las que supo proyectar con sus jugadores en el actual campeonato, el que arrancaron con el desafío de levantar el bajo promedio para llevarlo a 1,400 (lo dejó con 1,402 y una proyección de 1,424 para la próxima temporada) y se encontraron peleando en los primeros puestos desde el inicio. Al punto que ganaron el primer clásico (1-0 sobre la hora en el Gigante) quedando a tiro del hoy nuevamente gran candidato Boca Juniors. Sin embargo, el equipo perdió el segundo clásico (1-3 en el Coloso), también frente al xeneize, y a la par de eso siguieron apareciendo los inconvenientes económicos y los choques dialécticos con el presidente hasta precipitar la despedida antes del final.
"Me voy. Hay cosas de las que no se puede volver atrás", sentenció Osella en la conferencia de prensa de la renuncia. También dijo que si bien Bermúdez lo bancó, "nosotros le respondimos". Que se fue "superagradecido a los hinchas", sin entrar en detalles porque también muchos no comulgaban con su juego. Y que ahora "Newell's tiene que encarar los tres partidos que quedan con todo". Obviamente, lamentó con "un gran dolor no poder estar con los futbolistas en esta instancia, después del gran esfuerzo que hicimos todos".
Y se fue del club con números positivos (ver detalle en infografía), con más partidos ganados y más goles convertidos que recibidos en los 41 cotejos al frente del rojinegro, en 463 días.
A la hora del balance también quedan cuestionamientos, porque hay leprosos que critican que incluyó a pocos juveniles (sobre todo por no darles continuidad), otros que trajo a varios de los que dirigió en sus anteriores clubes, como Olimpo (se destacó Moiraghi y Amoroso le cumplió). Aunque están los que, gracias a los resultados, le perdonaron la táctica para encarar la mayoría de los partidos.
Claro, contó con el hándicap que aportaron los experimentados. Al punto que Maximiliano Rodríguez, Luciano Pocrnjic, Ignacio Scocco y el Gato Formica fueron los que más jugaron en sus ciclos y entre Nacho (15) y la Fiera (13) marcaron más (28 de los 52) del 50 por ciento de los goles de la muy buena campaña.
¿Dejó las puertas abiertas? Sin dudas. Claro que no con la actual dirigencia leprosa.