La base titular de la selección campeona del mundo fue la que ratificó Lionel Scaloni en la última Copa América, previo a un inevitable recambio. Variantes necesarias debido a la despedida de Ángel Di María, la menor tolerancia al rigor físico de Lionel Messi y la reducción de variantes creativas y de contención en la zona media.
Pero en la Copa América, el entrenador ya mismo probó algo distinto. Fue en la zaga. Dejó en el banco de suplentes a uno de los históricos y referentes de la selección, Nicolás Otamendi, para darle lugar a Lisandro Martínez.
Y el marcador central entrerriano conformó junto a Cristian Romero una pareja de zagueros firme, difícil de superar y determinante para una nueva consagración del seleccionado argentino.
Ante semejante actuación de Martínez, se acrecienta la chance de que a partir de ahora finalmente relege al banco a Otamendi, que a los 36 años es incierto que vaya a llegar al próximo Mundial.
Desde el debut en la Copa América, contra Canadá, apareció entre los once Licha, hasta entonces más tiempo de suplente que de titular desde ssque fue citado por primera vez a la selección argentina en 2019.
Formado en las divisiones inferiores de Newell’s, jugó de zaguero izquierdo y se complementó a la perfección con Cuti Romero.
Martínez expuso, partido tras partido, capacidad de manejo de los tiempos y velocidad para interceptar los avances de los rivales.
Demostró, si es que hacía falta, que sabe dónde y en qué momento cerrar. El mejor ejemplo fue el cruce salvador, en el tiempo adicional de final, arrojándose al piso para obstruir con la pierna derecha, su menos hábil, el remate del colombiano Miguel Borja.
Si es petiso y no puede cabecear es un planteo que quedó en el pasado y que solo cada tanto resurge entre los hinchas de Newell’s, molestos por no haberlo disfrutado en la primera rojinegra.
En el juego aéreo, el defensor entrerriano responde, si es necesario despejar o buscar el gol. En la Copa América anotó su primer gol con la selección argentina, justamente de cabeza, en el 1-1 con Ecuador por los cuartos de final.
Su pase filtrado desde la salida le dio a la selección otra herramienta de construcción de juego, a partir de su precisión en la pegada y su decisión para la ejecución.
Cuenta con un respaldo de lujo en la zaga: Cuti Romero. El defensor de Tottenham es una garantía. Aplomado y seguro, fue impasable. Y sostén fundamental de la defensa, respaldando a los compañeros.
El Cuti prevaleció en el uno contra uno. Fue intenso en la marca y sólido en el anticipo, incluso saliendo a cortar lejos de su zona de confort.
Volvió a dejar en claro que entiende el juego y sabe dónde ubicarse para los cierres. Que es un cabeceador de enorme valía, en el área propia y en la contraria. Y que para el traslado es paciente, con actitud para avanzar con pelota al pie y también para pasar al ataque.
Romero y Martínez dieron sobradas muestras de que son capaces de constituir una dupla central agresiva, tanto al momento de defender como de atacar. Es la pareja de zagueros que asoma para el Mundial 2026, aunque aún hay un largo camino por recorrer.
Durante ese trayecto Scaloni tendrá opciones para reemplazarlos, si así lo exigen las circunstancias. Otamendi, Germán Pezzella y Lucas Martínez Quarta fueron los otros zagueros con los que contó en la Copa América. Marcos Senesi, Facundo Medina y Nehuén Pérez también son seguidos por el DT.
Las alternativas son varias. Pero los que hoy aparecen como una fija son Cuti y Licha.