El retorno del fútbol tras el parate por la pandemia de coronavirus les trajo más dolores de cabeza que alegrías a los equipos rosarinos. A pesar de las diferencias lógicas que hay entre un proceso que ya estaba en marcha como el de Frank Kudelka en Newell’s y otro que arrancó de cero como el Kily González en Central, hoy la realidad marca que tanto en el Parque como en Arroyito imperan la irregularidad, las falencias en cuanto a poder instalarse como equipos protagonistas y los escasos jugadores que en ambos clubes logran sostener un nivel gravitante. Los dos perdieron más partidos de los que ganaron y tienen campañas prácticamente gemelas con una efectividad compartida que ronda el 44 por ciento en cuanto a la cosecha de puntos. Así, Rosario está muy lejos de que sus equipos hoy marquen la agenda del fútbol argentino, como supieron hacerlo habitualmente. Es tiempo de reorientar la brújula, levantar la puntería y en especial de que los equipos encuentran una identidad dentro de la cancha para salir de la medianía actual.






























