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Central venció en la agonía del partido y quedó a dos de Instituto

Poco importa que Central ganó el partido cuando parecía que el empate castigaba una noche en la que todo había salido mal. Tampoco interesa que durante grandes lapsos el equipo se ahogó en un vértigo inconducente.

Martes 07 de Febrero de 2012

Poco importa que Central ganó el partido cuando parecía que el empate castigaba una noche en la que todo había salido mal. Tampoco interesa que durante grandes lapsos el equipo se ahogó en un vértigo inconducente. Incluso, no hay que llevarle demasiado el apunte a que Central no tuvo la serenidad ni el aplomo para marcar las reales diferencias que existen con un rival inferior como Desamparados. Todo queda en letra muerta ante el gol con ritmo de taquicardia que anotó Gonzalo Castillejos a segundos del final para sellar la victoria por 2 a 1.

Es cierto que Central como expresión de equipo dejó varios casilleros vacíos. Nadie duda de que Juan Antonio Pizzi deberá revisar algunas cuestiones de fondo y buscar que el rendimiento de anoche sirva como lección y no como una ocasión para el deterioro colectivo. Pero también está claro que los lujos de Central no pasaron por su fútbol, sino por responder con un triunfo justo en el momento en que más lo necesitaba para mantenerse expectante a dos unidades del puntero Instituto.

Para contar el final feliz de esta historia primero hubo un prólogo y en ese tiempo Central no la pasó bien. No porque Desamparados lo haya exigido a fondo con su propuesta. Nada de eso. El responsable de todo lo bueno y lo malo fue el propio conjunto canalla. Es que cayó demasiado pronto en el estado de apuro que le imprimía su gente. Y esa precipitación no sólo no le daba tiempo para pensar por dónde entrarle a Desamparados, sino que lo condujo al desorden. De hecho, Gonzalo Parisi no supo resolver cuando enfrentó a Jorge Broun y el propio arquero de Central también se lució ante un remate de David Drocco.

Es difícil de comprobar si la parálisis de Central se debía a este tiempo de preparación, donde los músculos todavía no responden con soltura, o la causa era que el equipo no entendía lo que demandaba el partido. El que sí lo interpretó para encarar el complemento fue Pizzi, a quien no le tembló el pulso y con los ingresos de Leonardo Monje y Santiago Biglieri, sobre todo, impregnó de actitud al equipo.

Central empezó a desarticular a Desamparados por los costados. Ahí vino el desborde de Biglieri y el gol de Monje. Parecía solucionado todo. En especial porque era impensado creer en una reacción de Desamparados. Pero en el fútbol siempre hay un resquicio para las sorpresas y, en una llegada, el ingresado Emanuel Reinoso aprovechó un quedo de Broun y de la defensa canalla.

Los fantasmas de tiempos no muy lejanos insinuaron con instalarse en el Gigante de Arroyito. Pero la incredulidad de la gente encontró el justo desahogo en la montaña rusa de emociones que fue el final del partido.

Otra vez Biglieri progresó por el sector derecho y esta vez el que conectó el centro atrás fue Castillejos. Un gol agónico para un triunfo que seguramente abrirá un terreno fértil para los buenos augurios.

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