Central jugó con el corazón. Bragantino con la razón. En una puja en la que abundaron goles, porque sobraron errores. El coraje anteponía su impronta y la inteligencia confrontaba con su estrategia. Y en ese devenir a puro vértigo, los canallas, que siempre corrieron desde atrás en este primer partido por los cuartos de final de la Sudamericana, pudieron nivelar en una ocasión. Aunque en ningún momento consiguieron sobreponerse en un partido adverso desde el inicio. Más allá de la displicencia o exagerada suficiencia de un equipo brasileño, que así como hizo la diferencia inicial, terminó mostrando sus debilidades en el complemento. El 4 a 3 final para los brasileños deja abierta la resolución de la llave. Pero los centralistas deberán mejorar y mucho para regresar con el pasaje a las semifinales.
Central cometió muchos errores defensivos. Demasiados. Estuvo muy lejos del funcionamiento anhelado. Se descompensó y pagó. A tal punto que a los 20 minutos ya perdía 2 a 0. Y luego 3 a 1. Y si descontó y alcanzó temporalmente el empate, se debió a que Bragantino también fue generoso en defensa y porque Marco Ruben volvió a ser, porque Caraglio metió un cabezazo preciso, y porque Blanco tuvo esta vez una certeza quirúrgica en el centro.
Ambos equipos pudieron hacer muchos más goles. Por eso los arqueros sobresalieron con sus voladas. Pero lo determinante fue esa articulación que consiguieron los volantes y delanteros brasileños, teniendo en Artur a su máxima expresión.
Porque las diferencias se hicieron notorias desde el arranque. Bragantino jugó bien. Tiene una hoja de ruta aprendida de memoria y por eso mostró una admirable tranquilidad en su viaje. Capitalizó todos los espacios que le otorgó Central. Y por eso rápidamente los tradujo en diferencia. Porque cuando el medio no sostiene y la última línea no contiene, la ecuación otorga un resultado negativo. A los 20’ la ventaja de dos goles para los brasileños se justificaba de la precisión para armar juego y como contraposición las dificultades del equipo del Kily para ajustar las marcas.
Le llevó casi medio primer tiempo a Central comprender que si no se organizaba para contrarrestar el dominio rival la pasaría muy mal, por eso al presionar con mayor orden logró compensar un trámite que hasta ahí era muy adverso. Y justo en ese momento, encontró un alivio con ese gol de Ruben que redujo la distancia en el marcador.
Pero cuando parecía que desde Vecchio el conjunto del Kily comenzaría a desarrollar el desempeño colectivo necesario para alcanzar la igualdad, un pelotazo cruzado encontró a Artur libre de marcas para festejar el tercero. 3 a 1. Una diferencia tan marcada como fundamentada por un Bragantino que armoniza con pelota al pie.
Central reaccionó con la fuerza de los goles. Marco Ruben y Caraglio lograron una igualdad basada en la valentía. En el prohibido resignarse. Pero no alcanzó. Porque los canallas también dieron muchas ventajas. Tantas que sufrieron un cuarto tanto por error propio.
Pudo empatar. Es cierto que también pudo perder por mayor margen. Es verdad que se produjeron dos jugadas que pudieron considerarse penales a favor de Central. Pero en el funcionamiento radicó el mayor problema auriazul.
No obstante la derrota, nada está dicho. Porque en el fútbol, la razón no entiende cuestiones del corazón. Y los canallas saben de qué se trata.