En la montaña rusa de las sensaciones, en Central optaron por partir de cancha de Gimnasia con la bronca como bandera. Entendible ciento por ciento desde el lado de la pésima decisión que tomó Fernando Espinoza a los 25 segundos del segundo tiempo, cuando vio una falta que no existió de Caruzzo sobre Silva que desembocó en el penal con el que el Lobo igualó un partido en el que el canalla entregó las mismas dudas que lo acompañaron en los últimos partidos y que lo habían puesto en una situación de urgencia en esto de dar un salto de calidad desde el juego, para que su suerte no quedara echada sólo a algún intento aislado. No puede discutirse ese fastidio. Corresponde el enojo, por más que los méritos para un premio mayor hayan quedado reducidos a su mínima expresión. Es que Central fue eso, un pequeño atisbo de recuperación que no llegó a concretarse por Espinoza y por no haber podido apoyar esa ventaja parcial que había logrado en lo que fue el único remate al arco durante los 90 minutos.






























