El clásico fue de Central por una cuestión de categoría. Por el prestigio de Ángel Di María para quebrar un desarrollo que hasta entonces no le resultaba cómodo al Canalla. Por las cualidades individuales y de un conjunto que construyó, poco a poco, un triunfo enorme en el Coloso. Que para Newell’s significó un nuevo trago amargo, sin que sirva de consuelo que dio más de lo esperado.
Es que Newell’s en la primera etapa tuvo un nivel superior a todo lo que hizo en el torneo. Salió a jugarlo con determinación y carácter. No dejó que Central, dotado con mejores futbolista, lo metiera contra su arco.
El plan de Frank Kudelka
Newell’s fue fiel al plan ideado por Kudelka. Riguroso, aplicado y paciente, entorpecía la constante circulación canalla. Regiardo se imponía en el medio. Cada quite y cada recuperación de la Lepra, derivaba en un ataque vertical. Walter Núñez se mostraba peligroso por afuera. Un movedizo e insistente Luciano Herrera también inquietaba.
Cuando Central tocaba de un lado al otro, imponía condiciones. Demostraba mayor riqueza técnica. Di María se juntaba con Julián Fernández y elaboraba juego. Pero no todos estaban en la misma sintonía. Entonces el juego auriazul se diluía.
Al conjunto de Jorge Almirón le faltaba precisión en las entregas. Y ante cada pérdida, la consecuencia era la réplica leprosa. La destreza de Franco Ibarra para robarla sostenía la estructura de un conjunto que no terminaba de asentarse.
A Central se le atragantó el grito de gol en el comienzo, en esa pelota que Di María le picó a Barlasina y Regiardo despejó de cabeza. Pero le costaría volver a aproximarse. En esa primera etapa fue Newell’s el que se desenvolvió mejor y más cerca estuvo del festejo.
De las peligrosas locales al gol de Central
Nuñez se le fue Pizarro y el Colo Ramírez no logró definir ante el despeje de Coronel, con Ledesma fuera de la línea de remate. En la siguiente de peligro de la Lepra, Nuñez estrelló un tiro en el palo y el nueve rojinegro otra vez no pudo capitalizar el rebote, ante un nuevo cierre de Coronel.
La diferencia en el clásico, como sucedió en varios de los últimos clásicos ganados por Central, fue a partir un rapto de categoría. Y con un jugador como Di María adentro de la cancha, que otra cosa se podía esperar. Fideo, que en toda la tarde no lució entero físicamente, fue a buscar una pelota que quedó dentro del área y perforó el arco rojinegro.
El 1 a 0 soltó a Central. Tuvo mayor libertad. Encontró los espacios por dónde avanzar, ya sin Di María en la cancha, reemplazado por Campaz. Un par de disparos del colombiano y un golpe de cabeza de Veliz reflejaban que el canalla estaba más cerca del segundo que la Lepra del empate.
Si bien Newell’s no se derrumbó, como en anteriores encuentros ante un gol rival, le costó hilvanar juego. Ya no lucía seguro. Dejaba huecos en el fondo que el conjunto auriazul aprovechaba.
Central era amo y señor del desarrollo. Solo la diferencia mínima del marcador sembraba incertidumbre sobre el resultado final. Hasta que el ingresado Enzo Copetti remató a pocos metros de Barlasina y sentenció el clásico.
Todo definido. Central se quedó con el sexto clásico seguido. La categoría de su plantel fue determinante para celebrar a lo grande y seguir con expectativas altas. Newell’s tuvo una mejor respuesta con Kudelka. No suficiente para evitar otra caída dolorosa contra el canalla. La lucha que tiene por delante es contra el descenso.