En un solo movimiento los directivos canallas devaluaron al fútbol de Central a un nivel tan innecesario como incomprensible, al extremo de montar ante la opinión pública un escenario endeble desde lo conceptual, como así inconcebible desde lo político. Y lo que es peor, utilizando entre los argumentos para despedir al entrenador opiniones de algunos jugadores, tal vez porque entre los motivos reales que los impulsó a esmerilar a Leo Fernández esconden uno que no quieren que se conozca.
Aquella visita de la semana pasada al predio de Arroyo Seco, cuando los dirigentes más que para despejar dudas fueron para marcar la cancha, fue la previa a una determinación que ya tenían tomada pero que todavía no sabían cómo plasmarla, a sabiendas de que la amplia y extensa tolerancia que exhibieron con el magro ciclo de Paolo Montero no era el mejor antecedente para echar a Leo Fernández en virtud de que su cosecha fue muy superior.
No obstante ese cónclave sirvió para marcar públicamente el inicio del proceso desgaste, el que abrevaría en la derrota ante Racing para dar el toque final.
En paralelo, y como si se tratara del manual de instrucciones básico para despedir a un entrenador, los hombres que deciden en Central comenzaron a interactuar con los diferentes sectores del fútbol dejando entrever el seguro desenlace y se nutrieron de charlas incluso con algunos futbolistas.
A las pocas horas de la derrota con Racing, los directivos hicieron volver al Gigante a Leo Fernández con la determinación de persuadir al técnico de que diera un paso al costado y allí, en ese encuentro, cometieron el error capital de transmitirle, entre otras cosas, cierto malestar de los jugadores por la metodología de trabajo.




























