Central

Central devaluó su fútbol

Los dirigentes canallas protagonizaron una saga inconcebible en torno al entrenador Leo Fernández, usando incluso como uno de los argumentos sobre la necesidad de su reemplazo a la opinión de algunos de los jugadores.

Miércoles 25 de Abril de 2018

En un solo movimiento los directivos canallas devaluaron al fútbol de Central a un nivel tan innecesario como incomprensible, al extremo de montar ante la opinión pública un escenario endeble desde lo conceptual, como así inconcebible desde lo político. Y lo que es peor, utilizando entre los argumentos para despedir al entrenador opiniones de algunos jugadores, tal vez porque entre los motivos reales que los impulsó a esmerilar a Leo Fernández esconden uno que no quieren que se conozca.
Aquella visita de la semana pasada al predio de Arroyo Seco, cuando los dirigentes más que para despejar dudas fueron para marcar la cancha, fue la previa a una determinación que ya tenían tomada pero que todavía no sabían cómo plasmarla, a sabiendas de que la amplia y extensa tolerancia que exhibieron con el magro ciclo de Paolo Montero no era el mejor antecedente para echar a Leo Fernández en virtud de que su cosecha fue muy superior.
No obstante ese cónclave sirvió para marcar públicamente el inicio del proceso desgaste, el que abrevaría en la derrota ante Racing para dar el toque final.
En paralelo, y como si se tratara del manual de instrucciones básico para despedir a un entrenador, los hombres que deciden en Central comenzaron a interactuar con los diferentes sectores del fútbol dejando entrever el seguro desenlace y se nutrieron de charlas incluso con algunos futbolistas.
A las pocas horas de la derrota con Racing, los directivos hicieron volver al Gigante a Leo Fernández con la determinación de persuadir al técnico de que diera un paso al costado y allí, en ese encuentro, cometieron el error capital de transmitirle, entre otras cosas, cierto malestar de los jugadores por la metodología de trabajo.


El peor argumento

Es decir que para cambiar de entrenador eligieron el peor camino, el de usar a los jugadores como escudo, exhibiendo así una impericia inconcebible, ya que a esta altura deberían saber que el fútbol es el reino de la hipocresía y en ese contexto la desmentida es la moneda de cambio.
En dicha reunión el futuro de Fernández quedó picado como el viejo boleto de colectivo y por ende el viaje ya era sin retorno. No obstante, y aferrado quizás al sentido común, el técnico solicitó seguir hasta la culminación de la Superliga para después sí concluir en el análisis.
Postura que de manera bochornosa quedó ratificada ayer cuando se viralizó un audio en el cual Fernández, con un tono crítico hacia los directivos, le comunicaba a uno de sus colaboradores el contenido de lo conversado en el estadio. Confirmando que lo querían echar.
Los referentes del gobierno canalla condicionaron la respuesta a una reunión ampliada a desarrollarse al día siguiente en la sede, a la que llegaron dejando trascender que la suerte del DT estaba echada y que sólo era cuestión de minutos. Pero no. Duró horas. Y cambiaron de opinión. Hasta el sábado. Inconcebible.
Leo Fernández ganó tiempo y en la práctica matutina del lunes conversó en general con algunos de los futbolistas experimentados, quienes como era lógico suponer negaron enfáticamente haberlo cuestionado con las autoridades.


De manual

No obstante esto, y en una rápida reacción, uno de los máximos referentes del plantel, Marco Ruben, por propia iniciativa conversó con el entrenador a solas para tratar de despejar todas las dudas sembradas.
Como lo establece la endeble jurisprudencia del fútbol para estos casos, el plantel hizo explícito su respaldo al entrenador, tal como lo publicó Ovación en su edición de ayer.
Aquí bien vale recordar que la mejor manera que tienen los jugadores de bancar a un cuerpo técnico es dentro del campo de juego y aunque el rendimiento individual pretendido no se plasme, al menos deben mostrar una rebeldía desde lo actitudinal, algo que tampoco se observó en el último compromiso.
En contrapartida, fiel a sus convicciones y respaldado por los números, Fernández resistió el embate con argumentos que, comparativamente con la campaña de Montero, le dan temporalmente la razón. Ya que de no haber sido por los puntos acumulados hoy Central tendría un promedio preocupante de cara al futuro.
Esto no quita que su trabajo sea cuestionable desde lo físico y táctico, porque no hay dudas de que su equipo aún no logró una identidad pese a los recursos con los que cuenta.
Pero resulta paradójico que en nombre de la dignidad al DT se lo cuestione por no renunciar debido a este desgaste al que fue sometido en su propio club, ya que defender su puesto es justamente lo que a todo trabajador lo hace digno. 
Que los directivos hayan trasladado en parte la responsabilidad de su decisión a los jugadores no hizo más que dinamitar todos los vínculos y, más allá de que en ese ámbito todas las relaciones se restauran por conveniencia, los hechos no hicieron más que agregarle brasa a una situación que debe corregirse para evitar pesares mayores.
Tal vez la impericia con la que actuaron esté en la necesidad de apresurar las decisiones en función de que en un año electoral la no obtención de los objetivos, por más modestos que sean, generan una corriente de opinión adversa al deseo de continuar en el poder. Algo que por ahora no parece estar en riesgo, salvo que sigan precarizando el presente deportivo de la entidad. Razón por la cual más que preocuparse por la política deben ocuparse de la gestión.

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