Central

Caruzzo, para romper el molde

El defensor, que esta semana firmará su contrato, llega con la responsabilidad de rendir en un puesto en el que en los últimos años Central buscó demasiado y encontró escasos resultados.

Lunes 11 de Junio de 2018

Con la llegada de Matías Caruzzo se cumple por parte de la dirigencia uno de los pedidos cruciales que hizo Edgardo Bauza, quien a la hora de elegir fue directo al grano. Es que optó por una cara conocida y lejos estuvo de tirarse a la pileta con cualquier otro nombre en el que pudo haber puesto el ojo o bien que le acercaran. A Caruzzo lo dirigió en San Lorenzo y es desde ese proceso donde el Patón considera que el defensor le puede dar al equipo lo que él buscará desde los conceptos. Más allá del nombre en cuestión, el desafío en Central hoy, y que tendrá a Bauza como principal protagonista, es lograr que la defensa se ordene y que la zaga central no quede a remolque de los movimientos del rival. La aclaración se hace después de un transito intensivo por parte de los canallas a la hora de buscar marcadores centrales. Es la posición en la que más se reforzó el equipo en los últimos años (al menos con esta comisión directiva) y en la que mayores desaciertos y dolores de cabeza hubo. A las pruebas hay que remitirse. Salvo algún que otro nombre muy puntual, la enorme mayoría de los futbolistas que llegaron en ese sector del campo de juego hoy están afuera por no haber estado a la altura. Incluso hasta se echó mano a Mauricio Martínez, volante central por naturaleza.
   El primer análisis que hizo Bauza fue que el equipo padeció demasiado en defensa y que la consecuencia fue los 41 goles que recibió en la pasada Superliga. Está claro que un nombre no va a arreglar todos esos problemas, sino que lo que deberá aparecer es una estructura más sólida.
   No obstante, con la aparición de Caruzzo lo que se busca es solvencia, experiencia y, sobre todo, voz de mando. Después el Patón verá si todos esos atributos son más aplicables al lado de Mauricio Martínez, de Oscar Cabezas o de quien sea.
   ¿Por qué se hace mención y especial hincapié en lo que se espera de la llegada de Caruzzo? Porque lo ocurrido en los últimos años no fue bueno en ese sentido. En sólo dos años y medio (se toma como punto final el último mercado de pases) llegaron nada menos que diez refuerzos en esa posición. Y, lo que es peor, la mayoría quedó demasiado lejos de lo que Central necesitaba. Al menos los técnicos de turno no pudieron sacarles provecho.
   Sería demasiado lineal y básico el análisis de que esos refuerzos carecían de jerarquía, más allá de que con algo más de ese atributo la historia pudo haber sido otra en varios de ellos. Es que en el medio hubo apuestas tácticas y formas de juego de parte de los técnicos que bien pudieron exponerlos.
   No es un error pensar que la excepción por excelencia que rompe la regla es Javier Pinola. Fue el único zaguero central que rindió de acuerdo a lo esperado y no sólo eso, sino que fue venerado por los hinchas, hasta que decidió irse, claro, aunque eso poco tenga que ver con lo que se intenta analizar. Su llegada fue obra de Coudet, pero también lo fueron los arribos de otros tantos nombres que quedaron en deuda. De la mano del Chacho llegaron Jonathan Ferrari, Mauro Cetto, Esteban Burgos, Marco Torsiglieri, Dylan Gissi y Hernán Menosse. Salvo el uruguayo, que terminó jugando, al resto le costó demasiado. Es más, en algunos casos hasta hubo algún pedido de parte de la dirigencia para que el técnico no los utilizara. Quizá lo que sucedió con Torsiglieri pinte de cuerpo entero esta situación. Es que después de la fortuna que pagó Central por su pase, el club se empecinó en buscarle club para no hacerlo aparecer más en el Gigante de Arroyito.
   A Paolo Montero la cosa tampoco le fue del todo bien. Leguizamón hoy está afuera de Central con sólo un año en el club, por Tobio no se hizo demasiado esfuerzo y a Marcelo Ortiz le jugó una mala pasada la lesión en la rodilla, aunque su llegada fue para "completar el plantel", según se dijo en aquel momento. Quizá sin el ritmo frenético que intentaba plasmar Coudet (en muchísimos casos los centrales quedaban expuestos), Montero también tuvo lo suyo, con esa idea de "parar la defensa en la mitad de la cancha". No fueron pocos los partidos en los que la defensa, y en especial los centrales, puso la mejilla.
   Tal vez uno de los pocos que logró arrancarles algunos aplausos a los hinchas fue Oscar Cabezas, hoy en el plantel y llegado de la mano de Leonardo Fernández. El colombiano también fue una especie de apuesta, sobre todo por su edad, pero los contratiempos que sufrió el equipo en el tema lesiones hizo que el defensor fuera encontrando cada vez más espacios. Sus últimos partidos fueron más que aceptables.
   Ahora es el turno de Caruzzo, a quien sería injusto cargarle la responsabilidad de rendir en un puesto en el que prácticamente todos los que llegaron en los últimos años fracasaron, pero quien tendrá la difícil misión de aportarle al equipo en un puesto en el que ya se buscó demasiado y se encontraron escasos resultados.

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