Toma el café muy caliente y deja de intercambiar opiniones sobre Newton y la resistencia al cambio de movimiento o Einstein y la teoría de la relatividad que vanamente intentó llevar al terreno de la política. El cree que todo, más que relativo, es racional. Y ella lo ridiculiza a veces. Es profesora de Física. Antes estaba convencido que lo único permanente es el cambio. Ahora duda a fuerza de años de malaria y tortura. Y su cerebro sólo visualiza brotes secos y pide socorro cuando escucha la palabra cambio. Pasa a otro tema y proclama que el mayor crimen del capitalismo es impedir cueste lo que cueste cualquier posibilidad de emancipación. Y añade que Lacán aseguraba que su discurso neoliberal, es decir el capitalismo en su actual etapa neoliberal, es tremendamente astuto. Su pretensión anula la palabra heterogéneo para suplantarla por homogéneo. Sus acérrimos defensores le temen y por eso odian al populismo. De ahí su preferencia por el término gente en vez de pueblo. Tiene expresiones totalitarias y aquel que no se afilie al club quedará excluido para siempre o hasta que vuelva arrepentido de rodillas recitando al pie de la letra los principios del disfrazado post fascismo y convencido de que las personas son descartables. Asombrada, ella quiere saber de dónde sacó esos conceptos. Y le explica que del comentario de un libro de Jorge Alemán titulado “Capitalismo, crimen perfecto o emancipación.” Interesante, dice ella. Y agrega que en cualquier momento, dado el tiempo que vivimos, podemos cruzarnos con émulos de Christopher Lee con los colmillos manchados de sangre colocando más bombas de destrucción masiva. Reanudan la charla y acuerdan en que a la ilusión que despierta el gobierno por asumir la quieren muerta y enterrada. Pretenden un gobierno atado de pies y manos, le serruchan el piso acá y desde allá, insisten en malquistar al presidente futuro con la vice y allegados, y con el campo y la industria. Mientras, los lobbies preparan planes en contra de posibles recomposiciones salariales, mejoras a jubilados y crecimiento del consumo. Hace falta calma y que la rueda vuelva a rodar, desdolarizar las tarifas de los servicios públicos. Y atender a la deuda con el Fondo y acreedores privados sin condicionamientos ni ansiedades fomentadas por los medios. Los que se van y nunca dejan de estar alquilados, ansían volver para continuar la tarea encomendada: chupar hasta la última gota de sangre. No será un mago el que arregle este desquicio. Sólo una política soberana de desarrollo y equidad que dé respuesta a una problemática social que lastima. Todos deberán poner el hombro y defender el nuevo tiempo obtenido. El campeón del cinismo habló en cadena de Macrilandia y el crecimiento invisible. Sólo resta que alguien pulse el botón del retrete. Con balance final del fracaso y todo.































