Opinión

Obedientes imperdonables

"Puede uno errar en la vida durante mucho tiempo pero siempre acaba por convertirse en aquello para lo cual hemos sido hechos", dijo André Malraux

Domingo 07 de Julio de 2019

“Puede uno errar en la vida durante mucho tiempo pero siempre acaba por convertirse en aquello para lo cual hemos sido hechos”, dijo André Malraux, escritor francés autor entre muchas obras de la recordada novela “La condición humana”. Y es que todos incurrimos en errores de ahí que andemos penando y pidiendo misericordia por los errores cometidos. Pero persistir en el error de modo sistemático pretendiendo ser eximido de las consecuencias derivadas de nefastas decisiones tomadas en un supuesto cumplimiento del deber es otra cosa. O debería serlo. Como cuando se resolvió la inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida conocidas también como Leyes del Perdón. Las leyes oportunamente declaradas inconstitucionales hacían referencia a la barbarie que significó la dictadura militar por los delitos cometidos durante la más cruenta represión sufrida por nuestra Nación. Para la Justicia la anulación “pretendió la búsqueda de la verdad, la persecución del valor justicia y de brindar una respuesta institucional seria a quienes sufrieron el avasallamiento de sus derechos a través de una práctica estatal perversa y reclaman una decisión imparcial que reconozca que su dignidad ha sido violada.” Qué respuesta coherente puede brindar un funcionario del área de salud, del rango que sea, cuando una persona no puede acceder a un medicamento. Quién se hace cargo de escuelas cerradas por falta de agua y de gas o electricidad. Quién hace algo por el reclamado descuento del impuesto a las ganancias a salarios de trabajadores y pensiones y jubilaciones. Y qué decir de los responsables del Ansés , que agotados los recursos de postergar durante años miles de reclamos incurren en la desobediencia directa de lo ordenado por la Justicia de disponer la actualización de haberes jubilatorios y sus cobros retroactivos . Son estos escasos ejemplos que los tratados de protección de derechos humanos consideran delito inadmisible de inacción por parte de agentes estatales y grupos de dominio comparables a un pelotón de fusilamiento. Casi todo un país es rehén de un Estado ausente que vendió sus responsabilidades al FMI por algo más de treinta monedas. La obediencia indebida los ampara. Y gritos de desesperación exigen castigo sin perdón a los verdugos. Pero igual los cautivos siguen muriendo de bronca, hambre y frío.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario