Opinión

Merecido

Toman café y no los envuelve como en tiempos idos el humo áspero del cigarrillo negro que lija las gargantas.

Domingo 18 de Agosto de 2019

Unos veteranos de pieles curtidas hablan calmadamente. Toman café y no los envuelve como en tiempos idos el humo áspero del cigarrillo negro que lija las gargantas. Hasta dejaron el whisky y la ginebra que mantenían encendidas interminables madrugadas. Los años no vienen ni se van solos. Pero las privaciones no los hacen sentirse muertos vivos. Resisten. Están acostumbrados. Contertulios con ánimo propio de turistas de ocasión que no percibieron la colisión celeste más que esperada meten barullo con gestos y voces altisonantes. Tipos desesperados. Allá ellos. El ya lo dijo, sabe de memoria que el hombre necesita vivir en un mundo que tenga sentido. Alcanzar la lógica de la esperanza. Y no es fácil. Esta prisión neoconservadora disfraza la existencia edulcorándola con mentira sobre mentira en un interminable final. Hasta que hartos de acumular las cucarachas estallan como fusibles desparramando pegajosas tripas blancas y mierda. Mucha mierda, que es lo único que compartirán con gusto. Hablan de cine y el que parece experimentado en haber levantado faldas apenas se apagaba la luz en la sala sonríe. Sus amigos asienten. Memoran una película de Scorsese. Uno dice que si se quiere ser idealista también se debe aprender a ser tolerante. Y es cierto, porque si sólo tus pensamientos son inteligentes y únicos, cómo compararlos con los de los demás y unirse en acciones comunes que nos hagan más fuertes. La vida o la supervivencia exigen sumar, nunca restar. Regla política número uno. No hay otro modo de construir el muro que si bien no detendrá al menos frene a los adoradores del falso dios que persiguen regir el mundo, la vida de los otros y disfrutar verlos doblarse y arrastrarse por nada hacia el corazón de las tinieblas. El noticiero pantalla repite un discurso desgraciado y sucio. Los que pierden no lo pueden remediar. No les explicaron que la vida consiste en aprender a morir y renacer. Pero por las dudas nunca midas a otro hombre, aún caído, según tu propia debilidad. Sí, masculla otro haciéndose un buche con el café frío. Pero mientras tanto nos están dejando todavía más en pelotas. Su amigo la sigue con la película, una secuela que anoche repitió el canal de cable. Cree que era El Color del Dinero, la historia de un jugador de billar. Es su último boleto para volver al ruedo y el infeliz que enfrenta repite, después de cada cagada, que es una injusticia. Amoralmente idiota para reconocer la realidad, le parece injusto quedar fuera de juego. Y el veterano, que hasta ese momento se lo bancó dulce ya no aguanta más y cuando repite: no me lo merecía, lo mira fijamente y con dureza que no admite discusión le dice: sí, seguro que te lo tenés merecido. Y se va dejándolo boquiabierto. Y te dan ganas de aplaudirlos de pie a Martin y a Paul Newman.

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