OPINIÓN

Legalizar las drogas: un debate necesario

La lucha contra el narcotráfico está perdida. ¿Por qué no abordar el problema con otro enfoque?

Sábado 04 de Septiembre de 2021

La prohibición de comercializar cualquier producto demandado siempre origina mercados ilegales y criminalidad. Hace un siglo, la ley seca en Estados Unidos que impedía el consumo de alcohol derivó en la creación de grupos mafiosos. Una vez que fue abolida la norma, trece años después, las bandas se dedicaron al negocio de las drogas.

Desde hace varias décadas el aumento del uso de narcóticos en la sociedad ha sido mayúsculo, lo mismo que el crecimiento de los grupos narcotraficantes que abastecen a necesitados consumidores. ¿Es el producto de una “modernidad líquida”, como advirtió el filósofo polaco Zygmunt Bauman?

La lucha para controlar la producción y distribución de drogas es un fracaso en todo el mundo porque el dinero multimillonario que genera se filtra entre los poderes del Estado que, precisamente, deberían combatir su tráfico ilegal. También aparece el fenómeno de la adicción a las drogas de los enfermos que las precisan para seguir viviendo. O las que se introducen en las cárceles, seguramente con la pasividad de las autoridades, para mantener en calma a los presos.

Si hay demanda habrá quienes se presten a ser proveedores de un negocio que no termina sólo en la producción y la distribución: la consecuencia inmediata son la violencia y el crimen organizado que se generan por la lucha territorial entre las bandas, además de la delincuencia que promueven los adictos necesitados de dinero para adquirir droga.

¿No habrá llegado el momento de iniciar un debate serio sobre la conveniencia de legalizar las drogas y darles a los Estados nacionales su control y distribución?

La Organización No Gubernamental, con sede en Londres, “Transform Drug Policy” postula un cambio de paradigma en el manejo mundial de los estupefacientes ante el fracaso actual. “Nuestra visión dice la institución es un mundo en el que las políticas de drogas promuevan la salud, protejan a los vulnerables y pongan la seguridad en primer lugar. Para lograr esto, educamos al público y a los legisladores sobre políticas de drogas efectivas y promovemos alternativas viables a la prohibición. Nuestro actual sistema de prohibición de drogas –agrega– les falla a todos y por eso creemos que las drogas ilegales deben ser reguladas a través de licencias”. Y explica sus metas a largo plazo: “Trabajamos activamente para apoyar cambios pragmáticos en las políticas de drogas que pueden salvar vidas hoy. Los daños a las políticas de drogas afectan a personas de toda la sociedad”.

Uno de los asesores de “Transform Drug Policy”, Steve Rolles, fue consultado sobre el tema por la periodista Victoria Dannemann para una interesante nota que escribió para la Deutsche Welle, el Servicio de Radiodifusión de Alemania. Rolles cree que la regulación sería “un progreso comparado con el actual control del mercado por carteles violentos y dealers callejeros”. Y fue más allá: “Si cambiamos eso por un mercado en que el gobierno controle la producción, haya un proceso de control de calidad y el producto sea vendido por distribuidores licenciados, existe la posibilidad de tener menos crímenes, eliminar un impulsor de corrupción y mejorar la salud pública. Hoy todos tienen acceso a las drogas porque están fácilmente disponibles en las calles. Es un mito pensar que hacer una droga legal la va a hacer más disponible”, aseguró.

En esa misma nota de la prensa alemana, el economista colombiano Luis Reyes opinó que “desde distintas ciencias sociales, economistas, criminólogos y politólogos han llegado a la conclusión casi unánime de que las políticas que tenemos para reducir la oferta de cocaína en el mercado mundial son completamente ineficaces” y sostuvo que “la propuesta de regular legalmente la cocaína no viene de personas interesadas en el consumo de drogas, sino de quienes abogan por tratarlo como un problema de salud pública”.

Este cuadro de situación es perfectamente visible en lo que ocurre en las calles de Rosario, donde la violencia entre los narcotraficantes y el delito de desesperados adictos lanzados a robar se conjugan en un cuadro ya naturalizado de crimen y muerte.

No fueron una casualidad las declaraciones a La Capital de la fiscal regional de Rosario María Eugenia Irribaren: “Las balaceras que se repiten en la ciudad se producen porque hay una gran circulación de armas de fuego y mucha facilidad apara acceder a las municiones”, al tiempo que reclamó la intervención del Estado para determinar “a quiénes permiten vender, distribuir y acceder a esas municiones”.

No hay dudas de que gran cantidad de balaceras están vinculadas al narcotráfico o a grupos vinculados con el negocio minorista que han ampliado el rubro y también se dedican a la extorsión, como parecen ser algunos casos de comerciantes que han sido víctimas de balazos anónimos.

Si la lucha contra la producción y el tráfico de drogas está perdida, por qué no intentar otros caminos. Ningún candidato, ni tampoco funcionario de los tres niveles de gobierno, ha propuesto un debate serio sobre el tema que incluya dejar en manos del Estado la distribución de la droga a los adictos a quienes en forma paralela se los asistiría e intentaría desintoxicar. De inmediato se acabaría el negocio de los narcotraficantes y el precio de las drogas caería drásticamente porque no sería un bien prohibido ni escaso. También los niveles de violencia urbana descenderían abruptamente porque ya no habría dealers, búnkers o soldaditos. Todos perderían su trabajo criminal y la sociedad ganaría tranquilidad. Además, quienes son permeables a los corruptos billetes de los narcos para que la droga fluya por la calles dejarían de recibir la renta de una parte del negocio.

La legalización de las drogas no es un tema de fácil abordaje y se requiere de una concurrencia multidisciplinaria para analizar sus ventajas y desventajas. Pero es necesario admitir que la guerra contra el narcotráfico es cada día menos efectiva, la violencia que genera va en aumento y no aparecen nuevas ideas para remediar un gran problema de la sociedad moderna.

Un debate sobre las acciones que debería encarar el Estado, que incluya el estudio de una posible legalización de las drogas, seguramente no tardará en aparecer.

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