Opinión

Legal o clandestino: por un Estado que ya no nos obligue a parir

Por segunda vez en la historia el Congreso Nacional debate la interrupción voluntaria del embarazo

Jueves 10 de Diciembre de 2020

“El Estado no obliga a maternar, el Estado obliga a parir”. La frase en boca de una diputada santafesina en el Congreso de la Nación, el espacio de la democracia donde por segunda vez los legisladores debaten el proyecto de interrupción voluntaria de embarazo (IVE), es admisión de la brutal intención de muchos de seguir obligando a las mujeres y personas gestantes a parir. Y son las reiteradas situaciones de obstrucción del derecho a las interrupciones legales de embarazo y previstas en el Código Penal desde 1921 las que grafican el tesón de esas intenciones. Quienes antes o después abrazamos la lucha por la legalización del aborto no queremos obligar a nada, pero sí estamos empeñadas en terminar con un Estado -y un estado de cosas- que persiste en obligarnos a parir y si no queremos parir, obligarnos a la clandestinidad y al silencio.

El 2018, cuando por primera vez las mujeres vimos a los legisladores nacionales debatir el proyecto de ley insistentemente presentado por las organizaciones que integran desde hace 15 años la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, estalló en la calle el hartazgo frente a esos silencios y muertes.

Y nadie llegó hasta allí solo porque sí. Fue un camino que supieron abrir en batallas muchos menos masivas y desiguales esas mujeres que aún con bastón y cabezas plateadas celebraron esa media sanción de julio de 2018 con sus pañuelos puestos y sus puños en alto. Porque las mujeres en la Argentina abortan y abortaron desde siempre.

El momento de la convergencia en cada una de nosotras entre lo personal y lo político, eso que entendimos que es una misma cosa, es tan íntimo como potente. Son los silencios acumulados de madres, tías, hermanas y primas que guardaron por décadas el secreto de un embarazo no deseado y un aborto hecho sin decir palabra. Son las muertas que tenían derecho a un aborto y se lo negaron. Son las amigas que en la adolescencia temprana acompañamos sin siquiera entender de qué se trataba, pero sabiendo con el cuerpo que había que estar ahí para agarrarle la mano fuerte aunque el miedo le congele los huesos, a ella y a vos.

La intención de garantizar el derecho al aborto no es para nada la intención de obligar, forzar y negar a nadie su decisión de gestar, parir y maternar. Es la pelea por un Estado -y de nuevo un estado de cosas- más justo e igualitario: donde nadie sea obligado a nada, donde todos y todas sean acompañados en sus decisiones vitales y sus proyectos de vida, donde el Estado acompañe las maternidades deseadas de los hijos que se paren y también de los hijos que no nacieron del vientre de quienes los acunan y les hacen hogar a cada hora; un Estado que no castigue ni penalice, que sí garantice derechos, que no siga empujando a la clandestinidad y a la muerte. Porque el debate que se da hoy en el Congreso es ese: legal o clandestino.

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