Opinión

Horroroso presente

Seré pájaro ciego y sin alas, mas no acallarán la realidad ni mi canto (Poema revolucionario irlandés)

Domingo 09 de Junio de 2019

Seré pájaro ciego y sin alas, mas no acallarán la realidad ni mi canto (Poema revolucionario irlandés)

Con crudeza el escritor búlgaro Georgi Gospodinov narra en el cuento “Vaysha, la niña ciega” una triste historia que se convierte en valiosa metáfora. El personaje nace con una curiosa particularidad: un ojo verde y el otro café. Con el derecho puede ver el futuro y con el izquierdo el pasado. Su ceguera motiva la intervención de brujas y curanderos con la intención de curarla de su terrible maldición y devolverla a una supuesta normalidad. Pero todos los esfuerzos resultan vanos. El presente, como sucede a muchas personas, no existe a sus ojos. Y es imposible que pueda reunificar su mirada. Su mal persiste aún en sueños para transformarse en pesadilla. Perderá una y otra vez la batalla onírica y la guerra en las calles ajenas que no puede pisar. Insiste tapándose un ojo, pero le es imposible encontrar solución porque ver sólo el futuro le provoca miedo, casi pavor. El pasado en cambio le resulta algo más tranquilizador, pero igual es imposible reunir ambas miradas. Esta incapacidad para ver el presente hace que, entre otras limitaciones, no pueda encontrar el amor en una persona de su edad o disfrutar de la lectura. En cierta ocasión, estando ante un libro vio una hoja en blanco y luego cenizas blancas y grisáceas del escrito que alguna vez fue tras arder en las llamas de un tiempo nefasto. Otra vez, un joven y elegante pretendiente se le declaró pero con un ojo sólo vio a un niño travieso con la camisa afuera y salpicado de barro y con el otro a un anciano de rostro arrugado y encorvado, apoyándose temblequeando a un bastón. Esa imposibilidad de ver el presente la condenó de por vida a quedar atrapada entre dos temporalidades irreconciliables. Conocer el pasado para no repetir errores acaso pudiera resultar útil pero no podría elegir vivir sus propias experiencias. La posibilidad de avizorar el futuro le hubiera permitido quizá precaver dificultades. Mas desconocer el presente la mantuvo desconectada de la realidad circundante, de los círculos vivientes. Las dificultades propias del ser humano para vivir, gozar y también sufrir el presente no existían para ella. No faltaron quienes la consideraron una adivina superdotada. Para otros era apenas un triste fenómeno con la visión partida. Vivir el momento fue para ella un sueño incumplido que le privó saber de los enfermos de pobreza. Y así transcurrieron sus días: cegada por lo que fue y atormentada por lo que será. Tan atemporal como la sabiduría y la belleza. Y ajena a lo cotidiano como si viviera en otro planeta. O en una burbuja de insensibilidad. Como un político cualquiera que ignora que el grito agita la llama.

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