Opinión

Escuelas, negacionismo y la pedagogía de la memoria

La pedagogía de la memoria es una construcción colectiva que avanza no sin resistencias. Pero avanza y planta semillas.

Sábado 27 de Marzo de 2021

“Las personas que dicen que (hablar de la dictadura) es una cosa del pasado deberían saber que nos faltan muchos nietos por recuperar, que no conocen su identidad, que muchas Abuelas se murieron sin conocer a sus nietos (…) y faltan juzgar a muchos genocidas que están en sus casas durmiendo tranquilos mientras hay personas que todavía no pudieron encontrar la justicia”. La reflexión es de Renata Labrador, nieta de Palmiro, militante víctima del Terrorismo de Estado, y sus palabras formaron parte de un conjunto de testimonios de nietas y nietos de personas asesinadas y desaparecidas por la dictadura que La Capital publicó en el marco de un nuevo aniversario del 24 de marzo de 1976. Fecha que desde 2002, a través de la ley N° 25.633, fue instaurada como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

Es una jornada de reflexión y una interpelación colectiva sobre la larga noche de la dictadura. Sobre sus causas y consecuencias. Sobre sus heridas aún abiertas. Sobre la democracia y el estado de derecho.

Los juicios orales a los genocidas y una serie de políticas públicas gestadas a partir de los primeros años del nuevo siglo permitieron instalar el debate sobre la memoria y la identidad en distintos ámbitos. La vigente ley de educación nacional, sancionada en 2006, es precisa al respecto. En su artículo 92, inciso c, dice que formarán parte de los contenidos curriculares comunes a todas las jurisdicciones “el ejercicio y construcción de la memoria colectiva sobre los procesos históricos y políticos que quebraron el orden constitucional y terminaron instaurando el terrorismo de Estado, con el objeto de generar en los/as alumnos/as reflexiones y sentimientos democráticos y de defensa del Estado de Derecho y la plena vigencia de los Derechos Humanos”. La ley es clara. La escuela, en tanto territorio de formación, diálogo y construcción de identidades, debe abordar estos temas.

Ese apartado de la ley se construyó sobre la base de experiencias que, motorizadas por docentes, sindicatos y organismos de derechos humanos, ya eran alojadas en las aulas, mediante actos, jornadas de reflexión o instalaciones artísticas.

Pero los debates no están saldados. Como decía el escritor, nada se edifica sobre piedra, todo es arena. Por eso el ejercicio de la memoria es una exigencia colectiva permanente.

Las redes sociales se inundaron en estos días de fotos y videos de escuelas que se sumaron a la campaña “Plantamos memoria“, lanzada por organismos de derechos humanos. La consigna: plantar 30 mil árboles por los 30 mil detenidos y desaparecidos. Fue también un mensaje de esperanza. Porque la memoria, al igual que las semillas, viene cargada de futuro. Miles de escuelas lucen desde esta semana un árbol en homenaje a los desaparecidos. Plantaron memoria para decir “nunca más“ y para recordar a los que ya no están, muchos de ellos exalumnos y exalumnas que pasaron por sus aulas. Como sucedió en el acto que se realizó ayer en el patio de la Escuela Secundaria N° 432 Bernardino Rivadavia, que homenajeó con una placa y un árbol a María Cristina Márquez, quien cursó el secundario en esa escuela cuando era Liceo de Señoritas y que fue asesinada en 1976 en la Masacre de Los Surgentes. Tenía 21 años y estaba embarazada. La escuela, como dice Carina Kaplan, es territorio simbólico de sueños y esperanzas.

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Pero las redes sociales también fueron territorio de odio, de negacionismo y de un reflote de la teoría de los dos demonios. El virulento ataque contra Haydeé Spatz, maestra de un jardín de Arroyo Seco que decidió trabajar con títeres el Día de la Memoria es prueba de ello. Se habló de adoctrinamiento y sectores políticos siempre dispuestos a considerar como “curro“ a la defensa de los derechos humanos se sumaron a las agresiones. Hasta se esbozó una crítica que, por solapada, no deja de ser remanida: si era pertinente una clase sobre memoria y derechos humanos con los más chiquitos. La maestra realizó una pequeña escena junto a un títere que personificaba a Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. El arte es una gran puerta para llegar a todos públicos, incluso los más chicos. Sirva mencionar la obra Cenizas quedan siempre, que el grupo Payasos por la Identidad interpreta en cada edición de Teatro por la Identidad Rosario.

Un títere contando la historia de Estela desató la ira de muchos. Es cierto. Pero también la solidaridad de colegas y sindicatos docentes. El Ministerio de Educación respaldó a la maestra. Este sábado, en una nota para Redacción Rosario, el delegado de la Regional VI, Osvaldo Biaggiotti fue contudente: “Las escuelas que eluden el tema son las que están en falta”.

Estela de Carlotto es protagonista indirecta de esta historia. Fue maestra y directora de una escuela de Brandsen hasta que su supo que su hija Laura, asesinada por la dictadura, había dado a luz a un bebé al que querían llamar Guido. Estela decidió entonces colgar el guardapolvo blanco y colocarse en la cabeza el pañuelo blanco para ir su búsqueda. Pasaron 36 años hasta que pudo abrazar a su nieto, Ignacio Montoya.

Durante todos esos años una de las cosas que Estela más disfrutaba era ir a las escuelas y hablar con los chicos y chicas. Quizás entre los padres y madres de esos estudiantes podía estar alguno de los nietos que buscaban las Abuelas. Según contó en una nota de 2014 con La Capital, en esas charlas escolares a Estela le gustaba dar un decálogo: “Primero estudiar, porque el que no estudia es prisionero del que sabe más y lo engaña. Después respetar al otro, sean maestros, profesores, papá y mamá, adultos mayores. Al diferente, no discriminar. Ser generosos y practicar la solidaridad con el que te necesita. Hay que compartir. Y por último participar, no estar sentaditos mirando lo que hace el otro sino ver qué hago yo. Meterse en el lugar que más te guste. Podés juntarte con tus compañeritos para jugar al fútbol u otro deporte, juntarte para pintar cuadros o hacer teatro".

En uno de esos encuentros, al terminar una visita en una salita de 5, una nena se le acercó, le dio un tirón a la pollera y le dijo: "Estela, no aflojes, seguí buscando a tu nieto".

Estela no aflojó. Pudo encontrar al hijo de Laura y sigue en la búsqueda de los más de 300 nietos y nietas que aún faltan encontrar. La pedagogía de la memoria es una construcción colectiva que avanza no sin resistencias. Pero avanza y planta semillas.

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