Política

El misil está en el aire

En noviembre de 2002, la candidatura presidencial de Carlos Menem tomaba impulso a la par de que Carlos Reutemann desistía postularse. El viaje de Eduardo Menem a Santa Fe

Domingo 14 de Febrero de 2021

“El misil está en el aire”. La frase sonó como un latigazo en la redacción de La Capital. Fue, a la vez, una confirmación de un rumor que estaba circulando desde un día antes. La pronunció Daniel Herrendorf, una suerte de operador todoterreno de Carlos Menem que en esa templada tarde de noviembre de 2002 había dado la puntada final para despejar un último obstáculo en su intención por regresar al poder en las elecciones del año siguiente representando al peronismo. Esa piedra en el camino era Carlos Reutemann, sobre quien el caudillo riojano se jactaba el copyright en el ingreso a la política.

  Por esos días, Reutemann vacilaba en ser candidato a presidente, aupado por Eduardo Duhalde. Por el PJ ya se habían anotado Adolfo Rodríguez Saá, el propio Menem, Juan Manuel de la Sota y un joven gobernador del sur (Néstor Kirchner) que asomaba con una muy tímida intención de voto y escaso conocimiento popular.

  Herrendorf había escrito en 1998 dos volúmenes sobre las memorias de Carlos Menem. Fuera del poder, se convirtió en su ghost writer, consejero y operador. A mediados del 2002 venía bastante seguido a Rosario buscando enlace con los periodistas para fomentar la candidatura de su jefe. A él se lo consultó aquel sábado de noviembre sobre si era verdad o no que Menem había mandado a su hermano Eduardo a hablar con Reutemann.

  El rumor indicaba que Eduardo Menem había aterrizado su avión en Sauce Viejo y la reunión había tenido lugar en un hangar del aeropuerto de Santa Fe.

  Una semana después de aquel encuentro (desmentido por las dos partes), Reutemann tiene su reunión en la Rosada con Duhalde. Y a la salida, en un vivo en el programa de Jorge Lanata, dijo que no iba a ser candidato a presidente porque había visto algo que no le gustó.

  Tras la debacle de la Alianza y el estallido social, el peronismo se acercaba nuevamente al poder con varios candidatos sobre la arena. Finalmente quedarían tres: Menem, Rodríguez Saá y Kirchner.

  El “no” de Reutemann fue un alivio para Menem. El riojano, cada vez que podía, le mandaba mensajes al Lole por la prensa, algunos cifrados; otros más explícitos.

  Uno de ellos fue en una entrevista exclusiva con La Capital en la ciudad de Colón, Entre Ríos, en octubre del 2002. Menem hizo un acto en el gimnasio de un club modesto (modesta también fue la concurrencia) y luego recibió al cronista en la suite del hotel donde se hospedaba. La pregunta obligada por entonces era si creía que Reutemann iba a ser candidato, y cómo se sentiría compitiendo contra él. “Al Lole lo inventé yo”, declamó, con una media sonrisa que clausuró el asunto.

  Un mes después de aquella declaración, todo había quedado definido. Reutemann se bajó y Menem dio un nuevo impulso a su candidatura. El misil dio en el blanco.

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